Matrimonio: ¿quién quiere destruirlo? Parte primera PDF Imprimir E-mail
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Hace tiempo que la pareja monógama viene siendo denunciada por autores reduccionistas e insuficiente preparación científica y experiencia clínica, como lo constatamos en el artículo: “The challenge of monogamy: bringing it out of the closet and into the treatment room”, de la psicóloga Marianne Brandon. Con argumentos con muy poco sustento las ideas de Brandon son llevadas al extremo por otra psicóloga, Meg Barker, aunque felizmente los datos y conceptos de aquellas son desbaratados por el conocido sociólogo David S. Ribner.

¿CÚAL ES LA SITUACIÓN?

Brandon señala que los profesionales de la salud asumen un equivocado paradigma mente-cuerpo cuando tratan problemas de disfunción sexual. Cree que se está dejando de lado un asunto muy importante, una variable que no se puede ignorar. Y ¿cuál esa variable? Pues nada menos que la monogamia por no constituir, según ella, necesariamente una condición natural para los primates.
 
  De entrada pensamos que este sería el primer error de Brandon al plantear que los seres humanos podemos fácilmente compararnos con el resto de primates. Pero rápidamente intenta ponerse a salvo cuando advierte que su trabajo no toma en cuenta los aspectos éticos ni morales o los beneficios de la monogamia. Nos preguntamos¿será esto posible? ¿Pueden realmente dejarse de lado estos aspectos del ser humano para explicar su conducta?.  
 
Ella dice que solo le interesa el posible impacto de la idea de la naturaleza monógama del ser humano cuando debe hacerse un diagnóstico y tratar una disfunción sexual. Aunque se diga con diferentes palabras, sigue siendo inaceptable dejar de lado la ética y los beneficios para la salud al plantear una hipótesis sobre la psicología humana y sus problemas.
 
Los profesionales de la salud sexual no solo respetarían si no harían suyo los conocimientos provenientes de sus colegas. Por eso es que se cree en una visión parcial, la de la monogamia, sustentada en la integración de la mente con el cuerpo, aunque los resultados de nuestros tratamientos de pareja no sean los mejores.
 
  Nos empeñamos, sigue diciendo la autora, en tratar los problemas de la libido, el orgasmo y la excitación, pero los medios terapéuticos que aplicamos, hay que reconocerlo, no dan buenos resultados y tampoco la psicoterapia lo hace mejor. De modo que seguimos empeñados en lo mismo: profundizar los mecanismos y problemas del deseo y la excitación fisiológica, sin considerar la naturaleza biológica del ser humano.  
 
Debemos reconocer como afirma que las cosas no han ido tan bien y tanto es así que la mitad de los matrimonios en Occidente terminarían en divorcio. Del resto de parejas se estima que un 20% tienen poco sexo : menos de seis veces al año. La frecuencia de la infidelidad no se conoce bien pero se ofrecen cifras según las cuales, 65% de varones y 55% de mujeres han tenido una aventura extramatrimonial a 40 aaños. Y, con respecto al funcionamiento sexual las cosas no irían mejor : más de 40% de las mujeres y el 33% de varones, habrían tenido algún problema sexual.
 
Entonces la pregunta que deberíamos hacernos es ¿una pareja monógama estable que muchas veces no tiene una vida sexual activa y satisfactoria, no se estaría perdiendo algo importante? Sería entonces un deber buscar una variable que no se puede dejar de lado sino queremos seguir fracasando en nuestros tratamientos.
 
 
UNA SOLUCIÓN MÁGICA
Brandon continúa: parecería que conocemos cual es ese factor, esa variable, a considerar pero al mismo tiempo no la tomamos en cuenta. Lo venimos considerando algo menor. ¿De qué se trata? Ya lo dijo la autora, el problema a resolver sería la monogamia. Fácilmente podemos aceptar que la monogamia no es un hecho biológicamente natural y los mismos antropólogos han señalado que el matrimonio monógamo es un artificio de la historia moderna.
 
Desde luego que esto tiene una gran importancia sobre la vida de nuestros pacientes y si no lo reconocemos sería nada más que por temor. Se pregunta ¿Qué puede significar para la intimidad de largo plazo si reconociéramos que la monogamia puede ser buena pero solo para la satisfacción sexual de algunas personas? ¿Cuál sería el impacto sobre los niños? ¿Cuál sobre nuestras vidas? ¿Podemos admitir que hay algunos problemas sexuales que la medicina no puede o, mejor aún, no debería tratar?
 
  Resulta que sabemos que los primates son por lo general no monógamos pero cuando atendemos parejas con problemas en el consultorio, raramente este asunto es mencionado. ¿Entonces como ayudaríamos a nuestros pacientes a considerar esta situación? Y si encima criticamos a los pacientes que tienen actitudes no monogámicas ¿los podremos ayudar en sus problemas íntimos?.  
 
En la vida moderna recibimos muchos estímulos sexuales y campañas con mensajes informativos en la TV, películas, juegos de video, aplicaciones de los celulares y está comprobado que esto nos afecta directamente. Pero también la tecnología en los celulares y dispositivos online nos ponen en contacto con nuevas posibilidades de vínculos íntimos y oportunidades sexuales. Desde hace tiempo la oferta para comunicarnos con seguridad y confidencialidad sobre temas íntimos está a nuestro alcance. Solo estamos esperando que estos cambios tengan efectos ya inocultables sobre el matrimonio y la monogamia actuales.
 
URGENTES CAMBIOS
Décadas atrás, sigue diciendo Brandon, fue muy simple en nuestra cultura mantener la ilusión del desarrollo natural de una relación íntima en base al amor. Pareciera pues que para la historia moderna del matrimonio este hubiera sido necesario para la supervivencia.
 
  Claro que, históricamente, sin el equipo de varón y mujer para distribuirse las responsabilidades del trabajo y hogar - manutención y crianza de los hijos - la familia no hubiera sobrevivido.  
 
 
Esta situación habría motivado a la pareja a mantenerse unida a cualquier costo. A esto se agregó la influencia de la religión y la cercanía de la familia extendida que apoyaban a la pareja en los problemas que debían enfrentar.
Pero los cambios sociales han hecho que estos valores pierdan vigencia. Ahora, los seres humanos viven mucho más y de otra manera, afectándose los vínculos monogámicos. En nuestros días el movimiento de las mujeres también ha influido en la vivencia de la intimidad. El sexo no es más un deber para la mujer y ella puede decir no.
Mientras todo esto ocurre en la conciencia social, la media está muy sexualizada y la computadora y la tecnología del celular facilitan la salida perfecta para la energía sexual de la sociedad de nuestra época. Deberemos pues decidir si miramos las cosas desde la orilla o nos comprometemos con los cambios como se están presentando en nuestro tiempo.
 
CONCLUSIONES
En consonancia con sus argumentos, que son una pura ocurrencia y no un análisis serio de las raíces de la pareja monógama, sus beneficios y dificultades, Brandon concluye que:
1. Es la hora de cuestionar la bondad de la monogamia y darle un lugar en el trabajo profesional
2. El problema se está haciendo cada vez más claro por el impacto de los cambios culturales, sociales y tecnológicos.
3. El efecto de nuestra naturaleza no monógama se percibe en la frecuencia de problemas y disfunciones sexuales.
4. Los pacientes merecen conocer toda la verdad y no solo lo políticamente correcto.
5. Si médico y paciente trabajan juntos, examinando el sexo en su verdadera complejidad de asociación mente-cuerpo, se podrían derivar mayores beneficios.
6. Finalmente, afirma, que reconocer las potencialidades y limitaciones de la monogamia serviría para reforzar el vínculo médico-paciente.

 

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