¿Qué es el deseo? errores y consecuencias PDF Imprimir E-mail

En varios artículos hemos venido exponiendo sobre la cada vez más fuerte controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer. A este respecto constituye un ejemplo el estudio de los fenómenos del deseo y el “arousal sexual”, revisado con sutileza por la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010. Ahora, en esta nota final, veremos la manera como la gente en general, e incluso los especialistas, conciben la experiencia del deseo sexual.

LAS PREGUNTAS Y EL MÉDICO
Cuando pensamos en el deseo sexual las preguntas más importantes a formular sobre su patología tienen que ver con la respuesta a una de las dos preguntas siguientes:

  ¿es la falta de “arousal”, es decir, el deseo sentido fisiológicamente? o ¿ es la ausencia de un deseo sexual en el plano psicológico, la experiencia subjetiva ? ¿Cuando se afecta uno u otro es que lo catalogamos como patológico o disfuncional?  
 
Pareciera mentira pero la respuesta que podemos dar a una paciente que acude a la consulta por esta situación dependerá de qué médico sea el tratante, de la misma paciente o, por último, de la idea que tenga la pareja y sus expectativas sobre el sexo.

LAS CREENCIAS
En este último caso intervienen decisivamente las creencias desarrolladas por la sociedad en los últimos veinte años sobre la naturaleza del deseo.
Tengamos en cuenta que en los últimos tiempos han proliferado dos maneras de pensar simultáneas sobre este tema:
 
  La primera, la seguridad de las personas de que una pareja debe estar lista para el sexo en cualquier momento. Entonces, quienes no tienen esa capacidad serían de alguna manera defectuosos. Esta forma de pensamiento social es justamente la que ha promovido el gran desarrollo de la industria de los juguetes sexuales.  
 
Se nos viene a decir que todos debemos estar en condiciones de responder a los estímulos eróticos aunque si no lo estamos, en la sociedad moderna no importa tampoco. El problema se superará fácilmente comprando unos sencillos dispositivos mecánicos: los juguetes sexuales, que le devolverán la normalidad al sujeto.
 
  La segunda idea, que ha calado también profundamente en la población, tiene que ver con el uso muy extendido de material pornográfico, que nos está llevando a creer que el sexo y el coito son fenómenos iguales.  
 
Es una desnaturalización de la sexualidad, triunfo de una visión puramente mecánica del sexo. En la misma línea se encuentra la idea muy difundida, que hemos tratado varias veces, de que la mujer tiene que experimentar obligatoriamente el orgasmo, como resultado de una relación sexual.
 
RINDIENDO SEXUALMENTE
El pensamiento moderno sobre el sexo, sobre todo luego de la aparición de los fármacos erectógenos como el Viagra, está íntimamente ligado a la necesidad de la “perfomance” sexual.
 
  Idea que está asociada a la consiguiente menor atención que prestamos al placer, al deseo y los sentimientos que se expresan durante la relación, lo mismo que a la comunicación y la intimidad que vive la pareja.  
 
Son ideas muy generalizadas presentes también en el pensamiento y la práctica médica. Los profesionales de la salud no dudan en considerar que una mujer que tiene poco deseo sexual es una mujer disfuncional pese a que ella ha hecho todo por alcanzar el placer sexual siguiendo sus lecturas por Internet.
Somos testigos en nuestra práctica clínica de que las últimas generaciones se han acostumbrado a pensar que la experiencia sexual viene en forma natural.
 
¿Y LA TERAPIA?
En base a lo que venimos diciendo los terapistas deberíamos cuestionar la conducta sexual de la pareja y enseñarles lo que es normal, cuando consultan por encontrar su vida sexual poco satisfactoria.
 
  La tarea del medico consistiría erróneamente en separar la excitación del deseo, la cantidad de la calidad, y las expectativas de lo que el sexo puede proporcionar de lo que es en la realidad.  
 
Si siguiéramos esta manera de pensar entonces abandonaríamos el valor del contexto de las relaciones. Nos olvidaríamos del momento, el ambiente, la manera y las relaciones interpersonales en los problemas de bajo deseo sexual que nos consulta sobre todo una mujer.

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Como hemos venido comentando, en pleno siglo XXI, la controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer está en plena discusión. Sin duda la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010, la ha puesto en el tapete.

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Tal como hemos venido diciendo en varias notas previas, avanzando el siglo XXI se hace cada vez más fuerte la controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer. Un buen ejemplo lo constituyen los estudios tanto de los fenómenos del deseo cuanto del “arousal sexual”, puntos que ha revisado con finura la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010.
 

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