Exitación: ¿cuál es el problema? PDF Imprimir E-mail

Tal como hemos venido diciendo en varias notas previas, avanzando el siglo XXI se hace cada vez más fuerte la controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer. Un buen ejemplo lo constituyen los estudios tanto de los fenómenos del deseo cuanto del “arousal sexual”, puntos que ha revisado con finura la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010.
En este artículo continuamos el análisis de algunas de sus reflexiones, esta vez en relación con la percepción diferenciada de la excitación en varones y mujeres.

 

AFIRMACIONES
Una afirmación muy común es que el varón distingue con mayor claridad que la mujer entre estados de excitación y deseo sexual. También que si el hombre desea tener relaciones sexuales puede buscar la estimulación apropiada para conseguir la erección, respuesta que será la señal de que se encuentra excitado y en condiciones de hacer una penetración.
En estas circunstancias resulta legítimo plantear ciertas preguntas.
 
PREGUNTAS
Veamos algunas preguntas que están pendientes de respuestas definidas.
  • ¿la mujer, en particular aquella con problemas del deseo, es diferente del varón?
  • ¿tenemos una definición del deseo en la mujer que nos permita entender claramente los problemas y disfunciones de su sexualidad?
  • ¿qué pasa cuando la señal física en el varón, la erección, no ocurre por existencia de un problema de naturaleza orgánica?
Lo que sí está claro es que la mujer no tiene medios tan evidentes, como es la erección en el varón, que le permitan evaluar su propia excitación. Es en esta perspectiva que la consideración de las excepciones a esta circunstancia ayudará a entender la situación.
 
UNA EXCEPCIÓN
Por ejemplo, un hombre con neuropatía diabética podrá seguir teniendo deseo y excitación, pero el daño de los nervios de la erección no le permitirán percibirlas si no la tiene.
Entonces, si la esposa reclama por no tener relaciones sexuales, él podría decirle convencido que no tiene deseos. Explicable, porque al no poder reconocer la excitación si no aparece la señal que la confirma, la erección, no habría manera de que pueda captar su propio deseo.
 
OTRA POSIBILIDAD
No obstante, hay otra manera de enfocar la situación. Ocurre que si el terapista instruye al paciente diabético de que sí puede tener una experiencia placentera, si cambia su idea de la excitación y la erección, podrá percibir de otro modo el deseo y llegará a responder sexualmente e incluso eyacular.
El paciente tiene la posibilidad de reorientar su actividad sexual, afinando su capacidad para la excitación y el orgasmo. Tendrá que convencerse de que la excitación sexual subjetiva puede perfectamente separarse de la erección y que la ausencia de esta última no significará necesariamente que no tenga deseo.
Seguiremos desarrollando este tema tan interesante en una próxima nota final.

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Como hemos venido comentando, en pleno siglo XXI, la controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer está en plena discusión. Sin duda la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010, la ha puesto en el tapete.

Excitación ¿cuál es el problema?

 

Tal como hemos venido diciendo en varias notas previas, avanzando el siglo XXI se hace cada vez más fuerte la controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer. Un buen ejemplo lo constituyen los estudios tanto de los fenómenos del deseo cuanto del “arousal sexual”, puntos que ha revisado con finura la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010.
 

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