Matrimonio: Bajo Fuego PDF Imprimir E-mail
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Al parecer varios autores, especialmente del lado de la psicología y sociología, dan por sentado que la pareja monógama heterosexual es cosa del pasado. Lo creen basados en la repetición de estudios que dicen lo mismo una y otra vez, pero cuyos fundamentos no son nada sólidos.

Es el caso de Meg Barker y Darren Langdridge que tratan el tema de la actividad sexual no monógama consensual (NMC) en su artículo “Whatever happened to non-monogamies? Critical reflections on recent research and theory”, publicado en la revista Sexualities en Diciembre del 2010.

 

Vamos a continuación a resumir sus ideas y examinar críticamente sus razones.

AFIRMACIONES CUESTIONABLES

Desde el comienzo los autores llegan a sorprender porque van más allá de las relaciones heterosexuales no monógamas y meten en un mismo saco el donjuanismo y la satiriasis con el intercambio de parejas y la conducta homosexual.

  Dan a entender que no hay diferencias sustanciales entre las mismas y desde esa partida falsa desarrollan su análisis.  

Afirman que su trabajo revisa la investigación moderna de la práctica y la teoría de estas conductas y el contexto socio histórico en que aparecen, lo que a su vez explicaría el interés académico en las mismas.

Clasifican la literatura que estudia estos temas en dos clases, la que lo celebra y la que la lo critica y sostienen que ambas fallan porque alimentan una comprensión parcial y dicotómica de estas conductas.

La investigación para los autores se ha enfocado en las normas y límites en los que las personas manejan estas relaciones. Ellos creen que en el futuro debe ponerse atención en la diversidad de prácticas y significados, su intersección con otras identidades y comunidades y lo negativo de una comprensión en base a dicotomías.

POLIAMOROSOS

Los autores definen el fenómeno poliamoroso como aquella situación en la cual se tienen múltiples relaciones que pueden ser de naturaleza íntima o sexual. El intercambio de parejas y, agregan, las relaciones homosexuales abiertas comprendería a parejas que reciben y ofertan sexo con otros, con mutuo consentimiento, aunque no se desarrolle una intimidad emocional.

MONOGAMIA ¿es un problema?

Los autores empiezan señalando lo que se entiende por mononormatividad, término que dicen fue acuñado en el 2005 y al que definen como la creencia dominante en que la monogamia es lo normal y natural. Reconocen además que el pensamiento popular, psicológico y político presenta a la monogamia como la única forma correcta de relación humana.

  Especifican que no hay espacio para el sexo consensual no monógamo o la terapia de relación en estas situaciones. Lo primero, apuntan, viene siendo reforzado por los libros de autoayuda de mayor venta.  

Luego avanzan en sus críticas de la mononormatividad. De un lado señalan que la demostración histórica y cultural probaría que la monogamia no es natural ni normal y que los cambios en el ambiente cultural exigen nuevos modos de relación.

  Afirman que los problemas actuales que se observan en las relaciones monógamas exigen una posición más rotunda acerca de las maneras cómo los seres humanos deberían relacionarse unos con otros.  

Enseguida presentan los argumentos que sostendrían esas críticas, aunque en la práctica se limitan o presentar las ideas desarrolladas por algunos pensadores pero sin exponer los hechos o comprobaciones que los sustenten.

FORZANDO LAS COSAS

Se limitan a decir que en la literatura se rebaten los argumentos del esencialismo biológico y evolutivo sobre la monogamia natural - dada la rareza estadística de parejas entre los animales y entre las diversas culturas - y mencionan a Giddens y otros más que piensan que las trasformaciones recientes de la intimidad e identidad en la sociedad occidental han transformado mucho la forma en la que la gente comprende y experimenta las relaciones.

  Agregan el concepto de “relación pura”, basada en la elección y la igualdad, que puede terminar en el matrimonio pero lo mismo en la cohabitación o el vivir separados, con repercusiones en la igualdad de la pareja y la mayor informalidad entre adultos y niños.  

El mayor cambio sería la democratización e individualización de la sociedad occidental. De allí el reconocimiento de las relaciones entre personas del mismo sexo, dirigido hacia la igualdad de género, que comprende a los individuos que aspiran a ser iguales y libres y desarrollar sus metas con autonomía. El trabajo sigue en la misma línea de ideas, sin aportar investigación empírica que las respalde, comentando lo que llaman la sexualización de la sociedad.

SEXO SOBRE PERSONA

Esto significaría que la gente se identifica ella misma a través de su sexualidad y se convierte en “sujetos sexuales”, siendo el sexo el elemento central de la construcción y expresión de su individualidad.

  Sorprende que piensen que la concepción de uno mismo esté fundamentada en lo que somos sexualmente, aunque podrían tener razón cuando se trata de individuos afectados por la homosexualidad u otros tipos de severos desórdenes.  

En el caso de los heterosexuales, la condición sexual está implícita, se vive como parte de la personalidad y se toma conciencia de ella en determinadas condiciones, por ej. en la interacción con personas del sexo opuesto y en el ámbito de las transacciones sexuales. Pero el heterosexual reposa su identidad en valores antropológicos universales más que en la condición sexual en si misma.

Como decimos, las personas que sufren severos trastornos sexuales tienen casi siempre presente su condición aunque ellos mismos, en lo principal, como personas, se evalúan por los mismos principios que las personas sanas.

  Lo que no es creíble es que el que tiene muchas aventuras o aquellas parejas que juegan con el intercambio puedan definirse a sí mismos por ciertas prácticas sexuales marginales y de menor cuantía, frente a su condición central humana.  

Otros teóricos declaran que la monogamia es funcional a la sumisión de la mujer y al capitalismo, cuyos mecanismos serían la exclusividad, posesividad y celos, presentados bajo la lente rosa del romanticismo. La construcción social de los celos, dicen, mantendría a la mujer en dependencia financiera y emocional. Por este mecanismo se la separaría de los amigos, las redes sociales y la comunidad y sólo el activismo político las podría ayudar a enfrentar su disminuida situación.

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