| Varon y Mujer: diferencias y similitudes |
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En artículos anteriores hemos venido revisando el pensamiento de Peggy Kleinplatz acerca de la gran controversia sobre la experiencia erótica de la mujer comparada con la del hombre. En este continuaremos examinando la manera de entender los mecanismos que están detrás de la respuesta sexual en uno y otro sexo. La pregunta planteada sería ¿cuál es el desarrollo conceptual respecto al mecanismo del “arousal” y del deseo en el hombre y en la mujer? Recordemos que son ideas que se han venido precisando en los últimos veinticinco años, muy importantes para entender las relaciones entre la vivencia de la sexualidad y el género de las personas.HIPERSEXUALIDAD Un hito importante en esta historia es cuando por los años 80 se eliminaron los diagnósticos de hipersexualidad, ninfomanía femenina y satiriasis masculina, que describían justamente una sexualidad exacerbada, en uno y otro sexo.
Hoy en día sin embargo no entraña problema afirmar que varones y mujeres siendo sexualmente diferentes requerirían clasificaciones diagnósticas también diferentes.
MODELO BIOLÓGICO ESENCIALISTA
Otro fenómeno que destaca Kleinplatz es la hegemonía de los modelos esencialistas en la comprensión de la conducta
sexual,con desmedro de la atención a los factores del contexto medio ambiental.Desde los años 90, según la autora, se habría exagerado los intentos reduccionistas de carácter biológico acerca del sexo y las reales o supuestas diferencias en este punto entre hombres y mujeres.
La historia del Viagra es demostrativa justamente de un caso límite. Antes de su aparición se afirmaba que el 90% de las disfunciones eréctiles tendrían un origen psíquico y sólo un 10% una causalidad biológica. Ahora se dice que realmente sería al revés, 90% orgánicas y 10% psíquicas, concepción que sigue manteniendo un criterio dualista y descansa eminentemente en una visión biologista del sexo.
Otra cosa es que efectivamente el deseo sexual pueda de alguna manera asegurarse con el fármaco en la medida en la que el hombre se da cuenta que consumiendo el erectógeno va a poder tener relaciones sexuales. Entonces, la relación entre la excitación, reforzada por el erectógeno, se conecta con el deseo, fenómeno central, y es posible que tenga ese efecto aunque no necesariamente por el mecanismo farmacológico del medicamento. El resultado es que el varón con la excitación sexual en desarrollo a partir del consumo del erectógeno crea tener deseo y en alguna medida esto puede ser real.
LA MUJER EN EL ESCENARIO
Las cosas se complicaron cuando después de varios años de probar el efecto de estos fármacos erectógenos en mujeresfinalmente se abandonó el intento. Los investigadores afirmaron que las cosas no funcionaban como ocurría en el caso de los varones dado que la sexualidad femenina era demasiado compleja y esta particularidad de la mujer haría que el mecanismo biológico de acción del fármaco no funcionara.
El error consistió en que la tumescencia o erección peneana es una señal muy importante para el varón en una cultura basada en el coito, para asociar la excitación genital con el deseo y de allí iniciar la actividad sexual.
Se perdió de vista que la congestión del clítoris no tiene el mismo valor como señal que lleve a encender el deseo femenino, especialmente porque la congestión sanguínea del clítoris va asociada con una cabeza “fría” en el caso de la mujer.
SEXO Y CEREBRO
Una vez fracasado el Viagra se ha tratado de investigar el efecto de la testosterona (hormona masculina) a fin de provocar la excitación y por lo tanto el deseo en las mujeres, sobre la base de un mecanismo doble, genital y cerebral.
Pero tampoco las explicaciones alternativas a esta suerte de esencialismo biológico han dejado de ser sujetas a una fuerte crítica, aunque la propuesta a partir de la visión femenina nos viene diciendo algo real y es que la experiencia de la mujer también debe ser tenida en cuenta, reconociendo que la sexualidad de varones y mujeres es diferente.
POLÍTICAMENTE CORRECTO
A partir del año 2000 venimos aceptando la idea de que la sexualidad del hombre es un fenómeno espontáneo, expresado en un impulso mientras que la mujer tiene una sexualidad más bien receptiva. En otras palabras, el deseo masculino sería un proceso de carácter lineal: la excitación lo lleva al deseo y de allí a empezar una relación sexual.
Como puede observarse en el mundo académico e incluso en el conocimiento popular esta diferenciación fundamental se ha tornado lo que podría decirse “políticamente correcta”.
Sin embargo, los reduccionistas identificados con la biología nos dicen que estas respuestas son debidas a las hormonas y últimamente al cerebro. Pero, los críticos del modelo médico anterior advierten que esta manera de pensar tuvo su origen cuando la sexualidad masculina se tornó la “regla de oro” y trajo una desventaja para entender la sexualidad femenina.
Pero, ya sea que se vea desde la perspectiva del esencialismo biológico o de su opuesto, la construcción social del género, el concepto del deseo de la mujer y el hombre parecen volver a situarse tal como se veían por los años 50.
La verdad es que las similitudes entre la sexualidad de varones y mujeres son mayores que las diferencias e incluso en algunos aspectos la conducta de varón y mujer, en este mundo del relativismo ético, se han tornado iguales (frecuencia de relaciones sexuales, sexo extramarital, etc.) y podemos decir incluso que los conceptos sobre estas conductas varían a través del tiempo.
Lo que se debate usualmente son las diferencias pero no se hace lo mismo con las similitudes entre la sexualidad del hombre y la mujer.
Tomarlo en cuenta nos podrían llevar a un nuevo balance para entender mejor las relaciones entre el deseo y el sexo de las personas. Comentarios (0)
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Tal como hemos venido diciendo en varias notas previas, avanzando el siglo XXI se hace cada vez más fuerte la controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer. Un buen ejemplo lo constituyen los estudios tanto de los fenómenos del deseo cuanto del “arousal sexual”, puntos que ha revisado con finura la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010.


En artículos anteriores hemos venido revisando el pensamiento de Peggy Kleinplatz acerca de la gran controversia sobre la experiencia erótica de la mujer comparada con la del hombre. En este continuaremos examinando la manera de entender los mecanismos que están detrás de la respuesta sexual en uno y otro sexo. La pregunta planteada sería ¿cuál es el desarrollo conceptual respecto al mecanismo del “arousal” y del deseo en el hombre y en la mujer? Recordemos que son ideas que se han venido precisando en los últimos veinticinco años, muy importantes para entender las relaciones entre la vivencia de la sexualidad y el género de las personas.
sexual,con desmedro de la atención a los factores del contexto medio ambiental.

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