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El escritor profesa varias ideas sueltas sobre múltiples asuntos de la conducta sexual, insumos básicos que se pueden rastrear a través de su producción no literaria: erotismo, impulso y acto sexuales; pornografía, sexo y civilización; diversidad sexual y condón; disfunción sexual y machismo.
En seguida haremos el esfuerzo de analizar su pensamiento al respecto, aunque este se presente recortado y como “de pasada”, ausente de un discurso desarrollado ordenadamente. Lo que podemos asegurar es que el tema del amor le es esquivo.
EROTISMO
La reflexión sobre el erotismo se confunde usualmente con la del amor, basta revisar el discurso de Platón, Stendhal, Rougemont, Paz y Ortega y Gasset, como lo ha hecho bien Luna Escudero-Alie, 2003. En todo caso Vargas Llosa asume la tesis sobre el erotismo de Georges Bataille como una experiencia de violación, tal como puede leerse en su artículo, “El sexo frío”, Caretas, 1998:
“Para que esta sublimación [del sexo al erotismo] ocurra, es imprescindible, como lo explicó George Bataille, que se preserve ciertos tabúes y reglas que encausen y frenen el sexo, de modo que el amor físico pueda ser vivido - gozado- como una trasgresión”. Es decir, propone un erotismo en cierto modo restringido a quienes participan de la cultura y las complejidades del mundo desarrollado.
En esto es acompañado por Yushimoto, 2003, que coincide con MVLl en su versión de un erotismo ausente en los pueblos primitivos, escribiendo: “El erotismo sólo es patrimonio de civilizaciones con un alto grado de desarrollo. En sus estructuras, más bien tolerantes y conciliadoras, en comparación con otras - anquilosadas en la barbarie y el totalitarismo - es el erotismo el que se enraíza firmemente y se asienta con libertad, enriqueciendo la vida de los ciudadanos con su fantasía y sus rituales. Sin embargo, los riesgos de esta convivencia son altos, como lo demuestran los relatos de Suetonio o las ficciones de Sade”.
También Yushimoto conviene con la identificación del erotismo y la trasgresión de las reglas de la expresión sexual: “‘Elogio de la Madrastra’, última novela de Vargas Llosa en la década de los ochentas, parte de la siguiente convicción intelectual: que las transgresiones, exploradas principalmente por escritores ‘malditos’ como Georges Bataille, Pierre Klossowski o el Marqués de Sade, no pueden ser ignoradas del todo por los individuos de una ‘sociedad abierta’ “. Cita a MVLL que habría dicho: “el placer absoluto no es posible sin la trasgresión de ciertas normas que todo individuo que busca la realización de sus deseos enfrenta tarde o temprano”.
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Reparemos sin embargo en que la transgresión como prerrequisito puede o no ser posible, incluso podría pensarse que ha existido siempre en la conducta de los ancestros del hombre actual, dadas las múltiples motivaciones del deseo y el placer sexual mismo. El erotismo enriquecido por el lenguaje de la novela, la reflexión filosófica y las múltiples vicisitudes de la vida a través de la historia no contradice la idea central que lo define, es decir su pertenencia al ser humano en tanto tal. Entonces el erotismo es consustancial con el ser del hombre sin requerir ningún refinamiento adicional. |
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Respecto a la violación de preceptos, podemos legítimamente preguntar, ¿ Los que se aman y hacen donación de sí mismos – característica central del amor – son también trasgresores al estilo de Bataille ?¿ No dejan de lado la vigilancia de sus fueros por la confianza total en el otro?.
IMPULSO Y ACTO SEXUAL
Para empezar diremos que el escritor confunde impulso sexual con erotismo. Afirma en” testimonios recogidos por Javier Rodríguez Marcos”, 2001, que el erotismo es una “exaltación muy desembozada de la pulsión sexual, de la fantasía erótica, de los fantasmas, del derecho al placer”. Digamos que la pulsión sexual exaltada y desembozada no puede confundirse con el erotismo, pues sigue siendo nada más que un impulso, aunque de mayor intensidad. La “fantasía” y los “fantasmas”, que no explica, que según el autor conformaría el erotismo, no son esenciales para acreditar una experiencia erótica. Más sorprendente es su mención al novísimo “derecho al placer”. Aunque MVLl tampoco esclarece de qué trata ese derecho, lo que sí es seguro es que en este punto coincide con los despropósitos de la “Asociación Mundial de Sexología” y su lista de derechos sexuales.
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Tampoco, como afirma el literato, el erotismo sería “un enriquecimiento del acto sexual”, porque en tanto que el acto sexual es conducta derivada de la “pulsión”, ya está necesariamente investido de erotismo. Es decir que el “acto “en sí mismo implica en el ser humano la aparición de las vivencias eróticas. La pulsión sexual, es cierto, puede ser tenida sentido abstracto un fenómeno primariamente fisiológico más simple y la materia prima necesaria para el placer sexual. Pero desde antes de la misma, por la imaginación o la percepción de la sensorialidad, sin desplegarse aún la acción, estará presente el erotismo en la experiencia psicológica. |
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MVLL cree que puede haber una diferencia en la naturaleza entre impulso sexual y erotismo, aunque es desde luego difícil concebirlos separadamente en el ser humano. Así es como, al comentar una novela de Moravia, en “La verdad de las mentiras”, 2002, dice: “Entre los escritores modernos pocos están tan embebidos de sexo y de erotismo (ambas cosas pueden ser la misma o pueden ser muy diferentes) como el autor de ‘La romana’ (p. 230)”. En descargo del escritor, agreguemos que en los últimos años existe un gran debate a propósito de la sexualidad de la mujer acerca de los fenómenos del impulso, la excitación y el deseo sexuales, su momento, secuencia e identidad.
Podría decirse que el mismo error aparece en “La Orgía Perpetua”, 1978, cuando asume que Emma, la protagonista de la novela de Flaubert, no habría experimentado placer : “Emma quiere gozar, no se resigna a reprimir en sí esa profunda exigencia sensual que Charles no puede satisfacer porque ni sabe que existe, y quiere, además, rodear su vida de elementos superfluos y gratos, la elegancia, el refinamiento, materializar en objetos el apetito de belleza que han hecho brotar en ella su imaginación, su sensibilidad y sus lecturas ( pg. 18)”. Pero cualquiera que lea la novela comprueba que no hay referencia alguna, ni a favor ni en contra, al placer sensual en la experiencia íntima del matrimonio de Emma y Charles [el esposo], como tampoco hay despliegue de detalles de la sensorialidad que habría compartido Emma con sus dos amantes. Emma realmente fue impulsada al adulterio no por carencia de goces físicos sino por la búsqueda de un amor en que aventura y fantasía la colmaran. ¿De donde deduce el escritor que Charles no “sabe que existe” la sensorialidad sexual?
CEREMONIA
Vargas Llosa insiste en “Sin erotismo no hay gran literatura, Babellia, 2001”, que para que la relación sexual califique como erótica ésta, “se convierte en un juego, en un teatro, en una ceremonia, en unos ritos ... El amor se practica entonces como un espectáculo rodeado de formas“.
Podría aceptarse la idea del escritor si se refiera al sexo como es tratado en la literatura. Pero en el caso del ejercicio más extendido de la sexualidad ¿ qué quiere decir con teatralidad y espectáculo rodeado de formas ? Realmente los modos de vivir el erotismo pueden ir desde la mayor simplicidad a la máxima complejidad sin abandonar su naturaleza.
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El escritor pareciera entender el erotismo como aquel que se ofrece usualmente en la pantalla del cine, primando la coreografía, el “espectáculo”, en el que desaparece la intimidad y por eso el placer se presenta usualmente pre o extra matrimonial. Para decirlo de una vez, el erotismo no está sujeto a la apariencia, es propio de la humanidad del deseo, una experiencia subjetiva, pero en tanto reciprocidad en la entrega, comunicación y valoración mutua de los seres, se aproxima al florecimiento del amor. |
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Piensa MVLL, detenido en las fantasías y los fantasmas, que el sexo (suponemos se refiere al impulso sexual) y el erotismo pueden darse separados. Sin embargo basta con que un componente extra a la fisiología sexual esté presente, para que no haya duda de que el sexo alcanza la acreditación erótica.
LITERATURA
Sobre esta cuestión existen comentarios más que interesantes por Gruss, 2002; Cadena, 2005; y Montoya, 2005, y varios más. En “La Verdad de las Mentiras”, 2002, el escritor afirma que la literatura creó el erotismo:
“De una manera subrepticia, las palabras reverberan en todos los actos de la vida, aun en aquellos que parecen muy alejados del lenguaje. Este, a medida que, gracias a la literatura, evolucionó hasta niveles elevados de refinamiento y matización, elevó las posibilidades del goce humano, y, en lo relativo al amor, sublimó los deseos y dio categoría de creación artística al acto sexual. Sin la literatura, no existiría el erotismo ”, y afirma luego: “En un mundo aliterario, el amor y el goce serían indiferenciables de los que sacian a los animales, no irían más allá de la cruda satisfacción de los instintos elementales : copular y tragar “( p.390 ).
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Repite la misma idea en el artículo “La literatura y la vida”, del libro “Mario Vargas Llosa. Escritor, ensayista, ciudadano y político”, 2001, agregando: “El amor y el placer serían más pobres, carecerían de delicadeza y exquisitez, de la intensidad que alcanzan educados y azuzados por la sensibilidad y las fantasías literarias. No es exagerado decir que una pareja que ha leído a Garcilaso, a Petrarca, a Góngora y a Baudelaire ama y goza mejor que, otra, de analfabetos semiidiotizados por los culebrones de la televisión” ( p. 34 ). |
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Resulta llamativa la afirmación de que la literatura sería el origen de una experiencia tan implícita en la condición humana. En verdad no se sabe si piensa que el erotismo es producto de la literatura o si lo que está diciendo es que ésta sondea en sus sutilezas más allá del dato meramente fisiológico o científico.
En otra afirmación se confirma que MVLL no distingue lo nuclear del erotismo: si este no es el alambicado que él prefiere, sencillamente no es. En la crítica a la novela “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, en “La verdad de las mentiras”, se encuentra que “En el planeta Ford el sexo está demasiado higienizado, exento de todo riesgo, misterio y violencia como para que la gimnasia copulatoria que practican sus habitantes coincida con lo que entendemos por erotismo, es decir, el amor físico enriquecido y sutilizado por la fantasía humana” (p. 125).
Pero, en una entrevista concedida a Concha García Campoy, 1997, sobre su novela “Los cuadernos de don Rigoberto “, atempera su repetida tesis sobre el erotismo y señala el papel central de la “imaginación”:
“M.V.LL: Exactamente. El erotismo es perfectamente definible, es un enriquecimiento del amor físico con ayuda de la imaginación, ésa podría ser una de las definiciones del erotismo”. Explica luego que la distorsión de la sexualidad de don Rigoberto es debida a la imaginación, no a la perturbación del protagonista de la novela: “: ...lo que catapulta su imaginación y lo que alimenta sus deseos”. En seguida hace suyas las ideas de don Rigoberto: “El tiene una teoría: que el amor se enriquece con los tabúes y las prohibiciones. Es una teoría que yo comparto en buena parte, ...”, aquí sigue la línea de Bataille.
PORNOGRAFÍA
La diferencia que establece entre erotismo y pornografía, resulta convincente, cuando se trata de la creación literaria, al afirmar que para ser calificado de literatura el sexo en la ficción debería alcanzar un “determinado coeficiente estético”. Aunque debemos advertir que este concepto no nos dice qué es el erotismo sino cómo tiene que aparecer para calificar en la obra literaria.
Vargas Llosa recuerda, en la entrevista con García Campoy, que en el mundo actual hay una “permisividad tal que todo es aceptable y aceptado”, y declara que el sexo se ha banalizado y estereotipado, el “erotismo se ha vuelto previsible, convencional, mecánico, es decir, que se haya degradado en pornografía”, lamentándose de que este fenómeno afecte la creación literaria.
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Pero un observador tan fino de la sociedad como es el escritor peruano, no dedica media palabra a las consecuencias del fenómeno del liberacionismo sexual que reseña , nos referimos a la confusión creada entre normalidad y desviación, salud y morbilidad, con los serios efectos sanitarios para la población que todos conocemos. |
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La epidemia del VIH/SIDA no ha cambiado el discurso hedonista que viene de los años 60, el cual a lo sumo ha quedado estancado en el pregón del sexo seguro, como lo observa Connell y Hunt, 2006.Tampoco encuentra MVLL que la banalización del sexo no sólo se refleja sin duda en el erotismo, sino en algo más importante: las relaciones interpersonales mediadas por la sexualidad. El erotismo adquiere nuevo perfil con la riqueza que aporta la pareja a la unión física en tanto que seres humanos y cuya condición inexplicablemente el novelista deja de lado.
Apuntemos, a propósito, que la literatura puede crear desde luego situaciones excitantes para el lector, esos “fogonazos eróticos” que MVLL, en “Sin erotismo no hay gran literatura”, rememora de la lectura de la novela de Balzac, “Esplendor y miseria de las cortesanas” :
“ ...hay un viaje en diligencia con dos personajes, una pasajera y un joven que viaja frente a ella. Las irregularidades del terreno precipitan a unos pasajeros contra otros, y el joven siente de repente el roce de las rodillas de la pasajera. Es una descripción maravillosa. De esa novela no se me olvidará nunca el roce en esa clandestinidad nerviosa. Esos fogonazos eróticos dentro de una historia tienen para mí una importancia capital”.
Pero la conmoción que proviene desde la ficción es un epifenómeno, un subproducto, un préstamo que otorga el erotismo vivido desde la experiencia íntima, cuya plenitud se alcanza en el amor, pasando antes por la atracción obsesiva de los enamorados y el mandato biológico del deseo sexual.
CIVILIZACION
Más curiosa su idea, formulada a Jimena Villegas, 1997, con ocasión del lanzamiento de “Los cuadernos de don Rigoberto”., por la que niega la existencia del erotismo en los que llama “pueblos primitivos “. A la pregunta : “- De la lectura de su novela se desprende que, para usted, el erotismo es un elemento fundamental en la vida”, responde :
“ El erotismo es una manifestación de civilización; no existe en pueblos primitivos. Cuando una sociedad se va distanciando de su origen primitivo - en que la relación amorosa se diferencia muy poco de la cópula animal - y se va refinando y con ello rodeando de ritos, es que puede desarrollarse el erotismo”. Acudiendo a sus propios términos , adelantamos que si la “relación amorosa se diferencia muy poco de la cópula animal”, ese “muy poco” no puede ser sino algo que se superpone al instinto, es decir el erotismo.
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El placer sexual, el erotismo, seguro que tiene matices, complejidades e intensidades diferentes, pero la persona en tanto ser humano, por antropología elemental, no puede estar ajena a una experiencia común para la especie. Sobre el rol de la fantasía en la sexualidad, con lo importante que es, se ha escrito poco. Pero es evidente que como miembros de una especie, los seres humanos, no importando el grado de “civilización” que hayamos alcanzado, tenemos la implícita capacidad para vivir el erotismo. |
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Es reconocido que el hombre, a diferencia de otras especies, durante la respuesta sexual, pone en marcha un conjunto de procesos mentales del más alto nivel, como imágenes y fantasías sexuales, Sierra, Ortega y Zubeidat, 2006. Concepto que no podría sino ser confirmado, en este caso por uno de los más reconocidos antropólogos del mundo, Herdt, 2006, quien declara que reducir el erotismo a la civilización sería igual a decir que el arte estaría limitado sólo a occidente o a la civilización occidental, siendo negado para el pueblo salvaje o iletrado. Concluye Herdt diciendo que el ser humano conoce todo aquello que está en la potencialidad de la mente y espíritu humanos, incluido por supuesto el erotismo.
En “Sin erotismo no hay gran literatura”, el peruano reafirma sus ideas: “El erotismo no es de sociedades primitivas. Requiere una evolución en las formas y una adquisición de grandes espacios de libertad para el individuo. Sólo en ese contexto la relación sexual se convierte en un juego, en un teatro, en una ceremonia, en unos ritos, y adquiere una connotación artística. El amor se practica entonces como un espectáculo rodeado de formas”.
Agrega posteriormente:” que el enriquecimiento proviene de la cultura, gracias a la forma estética”. ¿A qué cultura? No se sabe, aunque podría referirse a la occidental y a las grandes culturas, pues MVLL afirma que el erotismo “no se da en sociedades primitivas”.
Por otra parte, el trabajo de importantes arqueólogos que han revisado la sexualidad en la prehistoria, “Archaelogies of Sexuality”, 2000, nos ha dejado muy valiosas enseñanzas, de las cuales sólo citaremos una, aplicada al caso que discutimos : que resulta peligroso utilizar categorías sexológicas del presente y aplicarlas sin más a los habitantes del paleolítico, como por ejemplo el criterio del poder como explicación de la relación entre los sexos, propio de la sociedad occidental de nuestro tiempo.
Pero aunque no sabemos a qué se refiere realmente Vargas Llosa con el término “sociedades primitivas”, podría ilustrarnos sobre la vivencia erótica el debate en torno a los ensayos de Herdt sobre la tribu Sambia de Papua de Nueva Guinea. El antropólogo había afirmado que el rito de la felación tendría para los púberes un significado homoerótico, establecido por la cultura. Pero Giles, 2004, cree que el acto buco-genital estaría más bien atravesado por la fantasía (es decir por el erotismo heterosexual) de que la felación no es en la imaginación del púber con un joven mayor si no con una mujer, dando buenas razones para esta interpretación.
Finalmente, en su comentario a la novela de Yasunari Kawabata, “La casa de las bellas durmientes”, de su libro “La verdad de las mentiras”, 2002, compara los delitos pasionales entre los pueblos primitivos y los civilizados:
“Curiosamente, estos progresos de la ‘civilización’ en materia sexual reintroducen en la vida en sociedad una fuente de desquiciamiento y de violencia de los que suelen estar exonerados los pueblos primitivos: entre éstos no se dan, casi, los ‘crímenes de amor’, los que sí florecen, en cambio, en las sociedades donde impera la libertad y donde retroceden los prejuicios y las servidumbres y donde la ciencia ha comenzado a derrotar la enfermedad y la ignorancia” (ps. 336-337). La afirmación sobre los delitos propios de la pasión sexual en los pueblos primitivos es más bien una especulación no sustentada en estudios, aunque podemos tener en cuenta que las infracciones pueden cobrar formas diferentes según las sociedades de que se trate.
DIVERSIDAD SEXUAL
Adelantemos que algunos grupos pretenden no distinguir entre normalidad y anormalidad sexuales y lo que llaman “diversidad” sexual, no es lo mismo que el concepto aceptado por la comunidad científica. Para los primeros, “diversidad” significa que la conducta sexual depende exclusivamente de influencias sociales y culturales y que la identidad sexual puede cambiar a voluntad. O sea que hoy día soy heterosexual, mañana homosexual, pasado transgénero, etc. y ésta parece ser la posición del escritor peruano.
La conducta sexual, normal dentro del rango estadístico, a MVLL le llama la atención como algo extraordinario. En un artículo, “El pintor en el burdel”, Caretas, 2001, menciona como si fuera algo excepcional, la atracción que tuvo Picasso por el tema sexual, pareciendo ignorar que es una experiencia común en muchos hombres. Comenta al respecto: “... , obsesionó de manera fecunda al pintor y, sobre todo en ciertas épocas extremas - la juventud y la vejez-, lo indujo a experimentar y expresarse en este dominio con notable desenfado y audacia, en dibujos, apuntes, objetos, grabados y telas que, aparte de su desigual valor artístico, ...”
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Arte y sexualidad comparten un territorio común, el de la sensibilidad, por decirlo con un solo término, y así lo comentó Picasso; pero MVLl sugiere que esta abstracción es aplicable a unos artistas pero no a otros, y así dice en el artículo mencionado: " ‘El arte y la sexualidad son la misma cosa’, le dijo Picasso a Jean Leymarie,... Aunque tal vez semejantes afirmaciones no sean válidas para todos los artistas, no hay duda que en su caso sí lo son”. |
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MVLL concibe el erotismo no como una experiencia afincada en la infraestructura neuro hormonal y la imaginación, común a cualquier persona, no importa su grado de civilización, y por eso sustenta la idea de que el erotismo es dependiente al máximo de la cultura : “El sexo que Picasso desvela en la mayor parte de estas obras, sobre todo el de los años juveniles pasados en Barcelona, es el elemental, no el sublimado por rituales y barrocas ceremonias de una cultura que disfraza, civiliza y convierte en obra de arte el instinto animal, sino el que busca la inmediata satisfacción del deseo, sin demora, sin subterfugios, sin remilgos ni distracciones. Un sexo de hambrientos y ortodoxos, no de soñadores ni exquisitos”.
Lo que ocurre es que para propósitos de representación se puede mostrar legítimamente independizada una parte de la experiencia sexual, pero en la realidad no es posible desvincular el acto sexual del erotismo. Entonces el que llama “elemental” es el que es representado directamente, sin sesgo, pero no por eso desprovisto de erotismo, que como cualquier experiencia varía en intensidad, riqueza y variabilidad. El sexo que llama “de hambrientos” puede estar perfectamente provisto de placer psicológico. El equívoco radica en que el escritor desagrega e independiza algo que está totalmente interconectado. En este sentido sí podemos entender la diversidad, variadas complejidades en el marco de un modelo de sexualidad normal, pero no en el de equiparar, ejemplo, la orientación héterosexual con la zoofilia.
EL CONDON
Un error de información lo hallamos en el artículo, “Si no cede, la Iglesia podría verse marginada”, “La Nación”, 2005, que trata sobre un pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Española respecto al preservativo. Acá el escritor mete en un solo saco asuntos bastante diferentes, que merecen tratamiento singular: el matrimonio gay, los cursos de religión y el condón.
Para empezar, parece ignorar que está comprobado que lo que él denomina “sexo seguro”, justamente no lo es. El porcentaje de embarazos y de contagio de enfermedades de transmisión sexual es alto con el uso del preservativo, ya sea por manufactura defectuosa, deslizamiento, ruptura u otros factores circunstanciales. Sobre este punto afirma: “... - donde un gobierno socialista [ se está refieriendo al Gobierno español ] con amplio apoyo de la opinión pública aprueba los matrimonios gays, reduce o anula los cursos de religión y promueve campañas que respaldan el sexo seguro – “. Nuevamente, el condón no es un medio confiable en la prevención del embarazo y mucho menos de las enfermedades de trasmisión sexual; pero MVLL parece no saberlo, pues agrega: “... y libere a los cónyuges [ el preservativo ], además del riesgo de contagio de una enfermedad, de una gestación no querida.”
DESEO Y DISFUNCION SEXUAL
Una interpretación forzada en relación con el deseo sexual puede encontrarse en el libro “Mario Vargas Llosa. Entrevistas escogidas”, 2004, en el diálogo, “En busca de la utopía”, con Carlos Batalla. Allí, a propósito de la sexualidad de Flora Tristán, en la novela “El Paraíso en la otra esquina”, MVLl, encontramos un raciocinio muy sencillo :
“Ella [ se refiere a Flora ] tenía respecto al mundo de los deseos, de los apetitos de la sensualidad, un rechazo natural. Era casi una puritana, pero por una razón: el trauma que vivió en el matrimonio, un trauma que no la abandona nunca y que hizo que tuviera frente al sexo un rechazo instintivo, a diferencia de Gauguin y de Emma Bovary” ( p. 292 ). Repite la misma afirmación dando detalles de la vida de Flora Tristán, en el libro “Diccionario del amante de...”, 2006, insistiendo en señalar que el matrimonio de la escritora “... hizo brotar en ella, asimismo, un instintivo rechazo de la maternidad y una desconfianza profunda hacia el sexo, en los que presentía otros tantos instrumentos de la servidumbre de la mujer, de su humillante sujeción al hombre”. (p.386).
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Colegir que la experiencia sexual frustrada, que no está documentada en la novela “ El Paraíso...”, provocara en Flora una conducta “puritana” y un rechazo “instintivo” del deseo sexual, no tiene consistencia. Digamos que la conducta puritana está basada en razones morales, que no es el caso, y además el rechazo instintivo a la sexualidad que supone el escritor no hubiera permitido el episodio de lesbianismo que describe. |
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Es evidentemente especulativo derivar de un problema un caso de aversión sexual, ya no “selectiva” que pudiera ser creíble si no del tipo “generalizado” . Evidentemente asistimos al uso de términos inapropiados cuando trata sobre la sexualidad, por falta de información, pero también por confusión conceptual.
Con respecto al problema de la disfunción sexual recurramos al crítico Béjar, quien en un artículo, “¿ Quién mató a Palomino Molero? La cuestion del texto”, “Anales de literatura hispanoamericana”, 1990, glosa y asume la explicación dada por el escritor del por qué del fracaso, la impotencia, en el intento de violación por parte del personaje del teniente.
Dice Béjar, apoyando la interpretación que sobre la impotencia figura en la novela, “..una ahora muy jocosa Doña Adriana le cuenta a Lituma, el ‘desenlace’ del intento de violación: al asalto del teniente, la estrategia defensiva de la mujer consistió en no oponérsele sino entregársele con un lenguaje libidinoso y grosero no acostumbrado al tradicional rol femenino. Ante tal despliegue léxico, Silva pierde su potencia y no logra violarla, abandonando todo intento de poseerla ”. Detallando más aun : “Es significativo, pues, notar que el teniente fracasa en su intento de violación cuando se enfrenta a un inesperado lenguaje de ‘polilla’ en boca de Adriana. Leamos cómo la mujer ‘parodia’ las lisuras del discurso machista con las que se hace del sexo una situación fetichista de lucha y control: Anda, pues papacito, sácate los pantalones. Quiero verte la pichulita, quiero saber de qué tamaño la tienes y empezar a contar los polvos que vas a tirarme. ’¿Llegarás a ocho?’ ( mi énfasis). Ante tales palabras dichas de manera ‘cachacienta’ y con ‘burla’, el teniente ‘tartamudea’, se queda ‘turulato’ y ‘todas las ganas que traía se le hicieron humo’ ”.
Béjar parece ignorar que la psicología popular del poblador peruano, no calza con el amedrentarse por las lisuras y el enfrentamiento provenientes de una mujer de extracción popular. Una reacción como es descrita en la novela, de Doña Adriana, no iba a sorprender al policía, ni tampoco tendría que afectar su erección y mas bien podría ser un reto erótico que a través de la violencia excitara más a éste. Para terminar, Béjar, como es usual en esta profesión, cuando de comentarios sobre obras de ficción se trata, deja volar la imaginación y traslada un supuesto fracaso sexual , por otro lado bastante común, a todos los ámbitos imaginables y se pregunta : “Ahora bien, nuestra próxima pregunta debe ser naturalmente, ¿Quién o qué mató la ‘pichulita’ del teniente?”. Lo que es seguro es que MVLl y Béjar conocen poco acerca de las disfunciones sexuales.
MACHISMO
En el libro, “ La verdad de las mentiras “, figura otro posible error de interpretación de MVLL sobre la materia, cuando no tomando en cuenta la violencia de cinco generaciones en la familia del escritor norteamericano Hemingway, atribuye su conducta al machismo. Dice que, “Otro prejuicio suyo [ de Hemingway ] se transparenta también profusamente: ese machismo que, con su pasión por matar animales y el hechizo que ejercían sobre él las prácticas violentas, ha distanciado tanto su moral y sus códigos vitales de los de nuestra época, la del feminismo y los verdes, la conservación de la Naturaleza y la lucha por la emancipación de las minorías sexuales”. Como sabemos, el escritor de “El viejo y el mar” terminó con su vida por mano propia y antecedentes similares se pueden hallar en varios miembros de su familia, mientras que el “machismo” parece ser prejuicio del peruano.
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Mayor claridad sobre este punto se advierte aún en la facilidad para echar mano al “machismo” en el artículo “El pintor en el burdel”, Caretas, 1664, 2001. en que, cosa curiosa, identifica el impulso biológico, el instinto sexual, con el machismo, y en ese propósito da cauce libre a la imaginación : |
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“ Es, por consiguiente, un sexo machista a más no poder, en el que no existe el homosexualismo masculino, y en el que, el femenino, se ejercita únicamente para gozo y contemplación del mirón. Un sexo de hombres y para hombres, primitivos y rijosos, donde el falo es rey. La mujer está allí para servir, no para gozar ella misma sino para hacer gozar, para abrir las piernas y someterse a los caprichos del varón fornicador, ante el que a menudo aparece arrodillada, practicando una felación en una postura que es como el arquetipo de este orden sexual : ...” .
Pero ¿ de dónde ha sacado el escritor que la mujer no puede vivir el placer en la posición condicionada por la anátomo fisiología, en “abrir las piernas”, que aunque elemental es muy rica sensorialmente y tiene el significado psicológico de la receptividad?.
Además de saberse ya que la mera excitación sexual proveniente de estímulos físicos puede encender el deseo y a partir de ese momento continuar todo el proceso del placer sexual. ¿Por qué sería “machista” no tratar la sexualidad de una minoría , en este caso de la homosexual? Creemos que en este punto el estereotipo nubla el discernimiento del peruano. Ahora, en relación a su queja de la posición arrodillada de la mujer en escenas de felación, ¿ cómo se imagina que sería la postura para las relaciones bucogenitales de una pareja estando parados? El de MVLl es un caso de ideologización que le hace teñir el sexo de sus propias prevenciones.
Crítica que comparte Seprum, 2001, cuando observa el simplismo de MVLl de entender el pene en una exhibición de la obra erótica de Piccasso, como expresión de machismo. Comenta el filósofo español que “Por otra parte, la celebración del falo en arte (no sólo como instrumento de reproducción también del placer), no lo ha inventado Piccasso, existe desde las más antiguas civilizaciones, ... Pero esa visión del falo como amenaza, símbolo de poder y humillación, porra o tronco, aparte de que recuerda lo peor de ciertos movimientos feministas muy pasados por agua, es, paradógicamente, una visión ultramachista, implícita e inconscientemente y lo mismo si se la celebra con demasía, como si se la rechaza con odio o asco. Porque no es ‘eso’, es algo mucho más complejo, sensible, cerebral... . Esta última frase es la más crítica de la visión dogmática y frecuentemente simplona que el escritor peruano ofrece de la sexualidad humana”, termina diciendo.
RESUMEN
Repasamos las varias ideas sueltas del escritor sobre múltiples asuntos de la conducta sexual, que se pueden rastrear a través de su producción no literaria: erotismo, impulso y acto sexuales; pornografía, sexo y civilización; diversidad sexual y condón;disfunción sexual y machismo. Anotamos lo dificil que es analizar su pensamiento, porque este es presentado recortado y fugazmente y no a través de un discurso desarrollado en términos sistemáticos.
1. Del libro sin publicar “Vargas Losa o la sexualidad menoscabada”
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