Punto G : nuevos desengaños PDF Imprimir E-mail
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Está comprobado que la sexología médica no deja nada sin investigar. Andrea Virginia Burri y colaboradores del King’s College London, han indagado sobre la posible condición genética del llamado Punto G. Para este propósito han aplicado cuestionarios auto administrados a 1840 mujeres mellizas, entre la edad de 23 a 83 años, preguntándoles acerca de su sexualidad y la presencia o ausencia de la supuesta estructura anatómica, Punto G.


ALGUNOS ERRORES


Vamos a sintetizar la introducción de su investigación, en la que se encuentran algunos errores conceptuales y anotar sus principales conclusiones.
Para empezar dicen, lo que es cierto, que es poco conocida la anatomía, fisiología y patofisiología de la función sexual femenina. En particular del fenómeno del orgasmo, cuya perturbación es el segundo problema psicosexual más frecuente en la mujer.

La experiencia del orgasmo depende de numerosas variables: edad, educación, clase social, conciencia erótica, relación con la pareja y factores hormonales, neurales y vasculares. Pese a todo lo mencionado no existe una explicación clara de cual sea el mecanismo que permite la aparición del orgasmo.

La investigación última se viene interesando en la anatomía genital para explicar la variabilidad observada en la respuesta sexual de la mujer. En dos estudios con ultrasonografía [1] de la entrada de la vagina, se ha encontrado una relación entre el grosor del espacio existente en medio de la uretra y la vagina y la presión o movimiento de la base del clítoris - con la consiguiente contracción de los músculos del periné - y el orgasmo.


PUNTO G

La idea de un área altamente sensitiva en la pared anterior de la vagina, a lo largo del curso de la uretra, punto G, fue propuesta por Ernst Grafemberg en la década del 50, pero el término fue acuñado en 1981 y a partir de entonces se hizo muy popular.
Estudios posteriores sostuvieron que la estimulación de esta zona, principalmente durante el coito en posición posterior, provocaba la emisión de un fluido que se pensó era similar a la emisión del semen en el hombre, la “eyaculación femenina”.

Una revisión de los estudios afirmaba que este fluido provenía de las glándulas de Skene, tenidas como un equivalente de la próstata masculina. Después se ha interpretado que el Punto G estaría conformado por un sistema de glándulas y canales.


Pero, más allá de la investigación científica, como dicen los autores, el Punto G tiene muy amplia aceptación popular entre las mujeres y los medios de comunicación. Hay varios estudios de tipo conductual, anatómico y bioquímico tratando de demostrar la existencia de esta supuesta estructura anátomo fisiológica. Dichas investigaciones han examinado la sensibilidad erótica de la vagina y afirman que el estímulo de una zona específica de su pared anterior lleva al orgasmo. Sin embargo, no hay conclusiones firmes pues las publicaciones han sido hechas en grupos muy pequeños y de allí que su existencia no ha sido nunca probada.
Lo que sí se conoce es que hay una gran variabilidad fisiológica en el orgasmo femenino. No se sabe en todo caso si esto depende de diferencias de localización anatómica, como podría ser el Punto G o de estilos de vida como la técnica sexual, el modo de actuar de la pareja o la experiencia erótica previa.


EL ESTUDIO


Este estudio está dirigido a valorar la contribución de la genética y también la participación o no de factores medioambientales en la frecuencia del “hallazgo” del autodeclarado Punto G en mujeres mellizas.

Los autores afirman haber mostrado anteriormente con claridad la naturaleza hereditaria del orgasmo, alcanzado tanto por el coito como por la masturbación. La idea es que si el Punto G fuera un fenómeno anatómico o fisiológico se esperaría entonces la posibilidad de identificarlo como fenómeno hereditario.

Para este efecto, tal como decimos líneas arriba, se evaluaron 1840 mujeres mellizas, excluyendo las homo o bisexuales. Mas de la mitad de las mujeres, 56%, declararon tener Punto G. En particular las caracterizadas por una personalidad con rasgos de extroversión y abiertas a nuevas experiencias. Estas mujeres en general experimentaron el orgasmo más frecuentemente con la penetración vaginal y lo mismo con varios métodos de estimulación del clítoris.


NUEVOS DESENGAÑOS

Este sería el primer estudio que investiga las bases genéticas del Punto G. Se encontró que la presencia del punto, por declaración de la mujer, es un fenómeno dependiente de factores ambientales o del azar y no tiene una base física o fisiológica. Los autores, que son geneticistas, afirman que las características fisiológicas, anatómicas y bioquímicas que muestran variabilidad son hereditarias al menos parcialmente.

Sustentan entonces que el Punto G es un fenómeno biológico raro o que finalmente no existe. La tasa de su prevalencia fue de 56% en el estudio y este porcentaje excede significativamente la tasa de orgasmo en las mujeres, que está entre 15 a 30%. De existir el Punto G sería razonable haber encontrado una tasa elevada de orgasmo durante la penetración.

La investigación clínica muestra que esta zona es estimulada durante la penetración vaginal en unas pocas posiciones sexuales y que el uso de los dedos o el avibrador es más probable que estimule el supuesto punto. Pero las mujeres que respondieron que tenían Punto G dijeron que les era más fácil alcanzar el orgasmo con diferentes modos de estimulación del clítoris comparado con diversas clases de estimulación vaginal.
Según lo encontrado el supuesto punto no es necesario ni suficiente para experimentar orgasmo vaginal, siendo cuestionable su existencia. Más aún, parece que la percepción de tener un Punto G tiene que ver con factores que no son fisiológicos.

También pareciera que las mujeres que declaran tener Punto G son excitables más fácilmente y con más alta susceptibilidad a estímulos sexuales y por eso experimentan orgasmo con más facilidad y frecuencia con la penetración e incluso tienen orgasmos múltiples.

Además estas mujeres encuentran más excitante el material sexual explícito y se sienten más cómodas hablando de sexo con su comelliza. Es decir, tienen una actitud más abierta y relajada en asuntos sexuales.
Las mujeres que creen tener un Punto G están más satisfechas de la relación con sus parejas, experimentan orgasmo con más facilidad con la penetración y se excitan más rápidamente. Todo esto puede hacer su percepción sexual poco clara y de allí creer que tienen una zona altamente erótica en su vagina.

CONCLUSIÓN

  • 1.- La existencia del llamado Punto G nunca ha sido probada científicamente.
  • 2.- Tiene una gran aceptación en los medios de comunicación social y en el imaginario popular.
  • 3.- Un estudio con técnicas genéticas, determinó que no sería una condición real anatómica o fisiológica al no poderse confirmar su condición hereditaria.

 


[ 1 ] Que resumiremos posteriormente.

 

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