Resulta por lo menos osado arriesgarse a tratar el tema de la bisexualidad como se hizo hace poco en un programa televiso, que conducen los periodistas Natalia y Carlos Cornejo, emitido el 14 de Abril 2010. [1]Pero los periodistas no se andan con remilgos y arremeten con cualquier tema por más espinoso que este sea. Osado, porque casi no se discute en el medio académico y aparece en publicaciones científicas que vienen sesgadas por una fuerte carga ideológica. Constituyendo una verdadera distorsión al asumir una visión dogmática de la sexualidad y a partir de allí dar cuenta de sus hallazgos, dejando de lado el análisis objetivo.
UN CASO DE MARGINACIÓN
Efectivamente, el estudio de la bisexualidad ha sido marginado de los estudios que se llevan a cabo en la sexología contemporánea. Dos son las razones principales que han contribuido a dejar de lado la investigación del fenómeno de la bisexualidad. La primera, la desafortunada decisión de la psiquiatría americana cuando, a comienzos de la década del 70, removió la homosexualidad, aunque parcialmente, de su manual de desórdenes mentales. Esto cercenó en gran medida la investigación y coaccionó el ejercicio terapéutico. La segunda razón tiene que ver con la escasa investigación y la falta de precisión de tres fenómenos básicos de la conducta sexual humana: los conceptos de identidad, orientación y rol sexuales. La indefinición existente alrededor de los mismos afecta sin duda el entendimiento de las desviaciones de la conducta sexual, en este caso de la bisexualidad.
OPORTUNISMO
A propósito de la indefinición puede advertirse dos posiciones, en alguna medida antagónicas, para un acercamiento a la bisexualidad. Por un lado, los que entendemos la complejidad de la conducta sexual y nos acercamos a su entendimiento con la mayor prudencia. Por el otro, quienes usan el sexo con propósitos políticos y aprovechan siempre que pueden para alcanzar la meta de un desesperado y nuevo pacto social, donde el sexo no tenga restricciones. Los primeros, tenemos en cuenta el conjunto de conocimientos aceptados para intentar entender la mejor concepción de la bisexualidad que se pueda alcanzar el día de hoy. Los segundos, a sabiendas de la fragilidad del conocimiento científico, no tienen reparo para desarrollar como ciertos los tres grandes fraudes de la sexualidad contemporánea: la ideología de género, la diversidad sexual y la afirmación de que no hay mayores diferencias entre las conductas sexuales. Sentados estos criterios básicos, pasamos a resumir los conocimientos actuales sobre el tema que nos ocupa.
HISTORIA
Aunque, como decimos líneas arriba, lo estudiado no permite hacer afirmaciones rotundas, podemos tomar la reflexión de Paula Rogriguez Rust, 2002, que hace una extensa revisión sobre el cuadro a examinar y expone una hipótesis del por qué de la vigencia de la bisexualidad. Para Rodríguez, la condición masculina y femenina estuvo explicada hasta las primeras décadas del siglo XX en el ser padre y esposo y madre y esposa. Con la independencia económica de la pareja y otros cambios en la sociedad contemporánea, hombres y mujeres, pudieron escoger libremente a su pareja y reconocerse como seres eróticos. En esa perspectiva la condición sexual se asentó en la atracción, el deseo sexual, que no podía ser otro que hacia un miembro del otro sexo, aunque a veces fuera del mismo. Desde el saque entonces la bisexualidad habría quedado descolocada, como se mantiene aún en nuestros días.
¿QUÉ ES LA BISEXUALIDAD?
La definición más simple de bisexualidad es aquella que considera se trata sencillamente de la atracción por personas del sexo opuesto pero también por las del mismo. Sin embargo, acá se repite el mismo problema que surgió cuando el término homosexual fue reemplazado por el de “hombres que tienen sexo con hombres” y el de lesbianismo por el de “mujeres que tienen sexo con mujeres” [2]. En los estudios de frecuencia del problema o de selección de casos se encuentra que si bien algunos se reconocen como bisexuales con el criterio de la atracción, otros lo hacen por sentirse internamente bisexuales y otros más simplemente, por el hecho de tener relaciones sexuales con personas de uno y otro sexo. Estas tres posibilidades no necesariamente coinciden en una misma persona. Pero, el extremo en el campo de la definición, son las ideas de Rodríguez cuando afirma, como gran novedad, que las personas bisexuales no están interesadas en el género de la pareja si no más bien en la persona en si misma. Y que los heterosexuales e incluso los homosexuales, por sentirse atraídos por la condición sexuada del otro, serían unos “fetichistas del género”. No nos dedicamos a explicar este singular concepto por razones de espacio, pero resulta legítimo preguntarse ¿Acaso las personas normales no se sienten atraídas, además de por el sexo del otro, por un conjunto de características físicas y psicológicas?
¿COMO SON LOS BISEXUALES?
Un aspecto interesante es que en el caso de los bisexuales se repite lo que ocurre entre homosexuales y lesbianas: una abundante comorbilidad. Es decir, que junto al problema de fondo, estas personas presentan numerosas afecciones, en mayor medida que la población heterosexual. La lista incluye ansiedad, depresión, promiscuidad, suicidio, consumo de drogas y alcohol, VIH/SIDA en varones bisexuales; [3] obesidad, cáncer al seno y al cuello del útero en mujeres. Hay varias condiciones que se discuten permanentemente , como por ejemplo que los bisexuales no pueden ser monógamos o que están confundidos en su identidad. Las mujeres bisexuales pareciera que comienzan como heterosexuales y luego encuentran su lugar en la bisexualidad y lo contrario ocurriría en los varones. En general, este fenómeno de la bisexualidad parece ser muchas veces transitorio y las personas se definen finalmente como heterosexuales. Para algunos, este problema de la orientación, aunque no se pueda creer contribuiría a la estabilidad de la pareja bisexual femenina. Para otros, la afectaría. Esto, por el hecho de que dos mujeres aportan por lo general una disposición a la intimidad que sobrecargaría la relación. Contribuiría al conflicto el hecho de que no se dan en este vínculo los roles de dirección y acompañamiento que suelen verse en las relaciones heterosexuales. Hay un dicho que se aplicaría a las parejas de mujeres bisexuales: el lesbianismo “muere en la cama” que registra la observación de que en las parejas bisexuales se agota pronto la vida sexual . Algunos creen que la frecuencia de bisexuales casados tendría que ver con la socialización con un patrón heterosexual que lleva a las personas necesariamente al matrimonio para posteriormente reconocer su verdadera inclinación.
¿QUÉ SE PUEDE HACER?
1.En el tratamiento se siguen los procedimientos usados en la homosexualidad y el lesbianismo. 2.Hay quienes proponen afirmar a las personas en su desviación y otros, mas bien, corregirla, el estilo de la llamada terapia reparativa.
3.En el caso de las personas casadas, cuando uno de los miembros de la pareja llega a descubrir una condición bisexual se desencadena una verdadera crisis: afecta al matrimonio, los hijos, la familia, los amigos, el trabajo y en general, el ambiente social.
4.La terapia en estos casos es parecida a la usada en los casos de infidelidad con énfasis en los problemas de las personas normales.
[1] Canal 14, FEM, Programa “ Un día a la vez”, entrevista a René Flores y Matilde Kaplansky
[2] En www.sexualidadsana.com.pe se ha tratado extensamente este tema
[3] Una gran preocupación es lo que viene llamándose el “puente del SIDA” por el cual los varones bisexuales estarían extendiendo la infección
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