El elogio de la madrastra: apología de la desviación" Parte Primera PDF Imprimir E-mail
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En los últimos años se ha propuesto que la literatura erótica puede dar lugar a una recreación del paradigma sexológico vigente, traducir una confesión personal o en todo caso reflejar la cultura sexual de la época.
Examinemos la novela "Elogio de la madrastra" de Mario Vargas Llosa(MVLl), desde la doble perspectiva del modelo sexológico vigente y del conocimiento sexual comenzado el siglo XXI. Dejemos de lado lo que hubiere de revelación personal y también las distinciones entre mera descripción sexual, erotismo y pornografía.

El libro de MVLl intenta capturar el conjunto del fenómeno sexual. A través de catorce capítulos y un epílogo desfilan sus variados componentes. En síntesis, la intensa veta sensorial – instintiva, confundida con la naturaleza misma en oposición a las elaboraciones culturales ora inmateriales ora malignas de la sexualidad.
En este su escrutar el sexo por MVLl prima sin embargo lo instintivo biológico a expensas de lo propiamente humano: modelamiento cultural y diálogo de personas mas que de cuerpos. La vertiente personal en tanto proceso psicológico cuando se manifiesta lo hace como culpa o deficiencia. Culpabilidad : la reserva del rey de Lidia por ofrecer su pareja al esclavo y exponerla ante el ministro o el desasosiego de Lucrecia por sus pensamientos pecaminosos respecto al niño. Deficiencia : el compartir los grabados eróticos entre Rogelio y Lucrecia o la presencia de un tercero durante el coito del rey y su pareja.
El artículo tiene dos partes, en esta, Parte Priemra, hacemos mención a la intención del autor, la primacía de lo biológico en su pensamiento y los comentarios de algunos críticos sobre la obra.


ALGUNOS COMENTARIOS

También hay quien ve en la novela un subvaluación de la mujer. Schlickers, 2001,en su comentario a la obra publicado en la “Revista de Crítica Literaria Latinoamericana” 2001, al referirse a “El elogio de la madrastra”, señala :
“La ‘madrastra’ se representa sólo a través del mundo pictural, su marido y el niño, por el contrario, a través de un orden que se legitima por la palabra escrita. Lucrecia, el objeto sexual deseado por todos, trata en vano de convertirse en sujeto.
Estigmatizada por la carencia del significante (el falo), se refugia en fantasías exhibicionistas. El hecho de que salude jubilosamente el miembro genital de su marido revela una tendencia de trivialización de la problemática de los sexos - pero se puede dudar que el autor peruano quiso tematizar esta problemática en general o por lo menos de esta manera”.

Otros, como Sánchez, 1994, que confunde los diversos aspectos reconocidos de la relación sexual entre el hombre y la mujer. Consideremos el siguiente párrafo del crítico :
“... : un amor que nada tiene que ver con el ágape y cariño cristianos ni con el idealista y escindido del cuerpo del platonismo, tampoco con el amor pasional del libro IV de ‘De rerum natura’ de Lucrecio o del romántico Stendhal. Se trata de un amor de tono frívolo, de sutileza lúdica ovidiana, y anacreóntica; un amor pagano y alegre (sin Tánatos), de goce en el instante y sin ‘pathos’. En lugar del desmayo místico, Lucrecia experimenta un ‘atontamiento feliz’. Lucrecia siente, por ello, que su cuerpo se separa de la conciencia, se objetiva (Sartre describe los preliminares del acto erótico en ‘El ser y la nada’ como el momento en que el propio cuerpo se experimenta fácticamente). El lenguaje sacrotaurino (San Sebastián, corneado en el centro del corazón, el asta como símbolo fálico) nos habla del contraste brutal entre ideal y animalidad; ésta se eleva, aquella se ironiza y rebaja, se convierte en pura materia” (p.316).

Por su parte Ubillus, 2004, en su trabajo sobre la influencia del erotismo místico francés sobre la literatura latinoamericana , asimila el influjo que habría tenido en Bataille el mirar unas fotografías de la tortura china, el Leng T’ché, en la percepción de la sexualidad por MVLl, escribiendo :
“Décadas después, el Leng T'ché aparece finalmente en ‘Elogio de la Madrastra’ (1989) de Mario Vargas Llosa. Aquí, el escritor peruano reproduce seis famosas pinturas occidentales, la mayoría de escenas mitológicas, que funcionan como una suerte de espejo de los actos sexuales en la trama.
De este modo, los juegos eróticos de Rigoberto y Lucrecia, el voyeurismo de Fonchito (hijo del primero, hijastro de la segunda) y la aventura de éste con su madrastra adquieren una atemporalidad mítica. La pintura que marca el clímax de la novela es ‘Camino a Mendieta 10’, pintura abstracta de Fernando de Szyszlo que el narrador interpreta como un sacrificio erótico”.
Pero no puede ocultarse que la sensorialidad y el impulso biológico están presentes extensamente en forma de estímulos y condiciones físicas específicas y no específicas que concurren a la excitación sexual. Son aquellos contactos iniciales genéricos entre los cuerpos de la madrastra y Alfonso y los estímulos propiamente sexuales del capítulo "Ojos como luciérnagas".

En la misma onda, la ligazón del sexo con otras experiencias sensoriales, no sexuales, y la referencia al origen cloacal común de las funciones reproductoras y excretoras. Para lo primero recordemos el papel del oído - "Las orejas del miércoles" - y de la olfación - "Tuberosa y Sensual" -. Para lo segundo el ritual de las abluciones, del capítulo de similar nombre.
La vigorosa descripción de la "grupa", capítulo segundo, signo sexual destacado desde la bipedestación, contribuyen a reforzar esta impresión :
“Digo y repito: grupa. No trasero, ni culo, ni nalgas ni posaderas, si no grupa. Porque cuando yo la cabalgo la sensación que me embarga es ésa: la de estar sobre una yegua musculosa y aterciopelada, puro nervio y docilidad” ( p. 27) y “... cuando acaricio a alguna esclava o mujer cualquiera para distraer la soledad de las noches en la tienda de campaña, mis manos sienten siempre una lacerante decepción : ésos son apenas traseros, nalgas, posaderas, culos. Sólo la de ella - ¡ay, amada! – grupa” ( p. 30 ) y “Porque lo cierto es que a la reina yo la quiero. Todo en mi esposa es dulce, delicado, en contraste con la esplendidez exuberante de su grupa : sus manos y sus pies, su cintura y su boca “ ( p. 29 ).
En contraste a lo anterior MVLL presenta un dibujo desleído de lo más típicamente humano, que es motivo de referencias breves y aisladas o de diseños abstractos. Sorprende la constante despersonalización del sexo, evidente en el trato de "objeto sexual" que da el rey a su esposa, incluso como razón de su no aburrimiento (p.30).
La intención, frustrada a nuestro juicio, de incorporar la genitalidad en un cuadro mayor, se advierte en los capítulos 9 ( “Semblanza de humano “ ) y 12 ( “ Sobremesa” ), de menor impacto descriptivo. Acá la imaginación maltrata la realidad psicosexual, que es tanto o mas definida que aquella otra, sensorial - genital.
Tengamos presente que el sexo antaño coto de poetas y narradores se ha convertido desde hace por lo menos cincuenta años, en objeto de la investigación científica moderna. La integración de la personalidad sexual, en parte sobre la base del largo proceso de identificación genérica, las fases de la respuesta sexual , la sexualidad de las mujer y el funcionamiento de la pareja, ahora mejor conocidos, han descubierto limitaciones y posibilidades, al alcance del creador de nuestro tiempo.

También el tratamiento en el “Elogio...” del acto sexual central, el coito, se advierte disparejo, a favor de los prolegómenos, aunque una línea tenue separe en verdad las etapas de la respuesta sexual. Las variadas señales que disparan (capítulos 1, 2 y 4) o precondicionan (capítulos 1, 3 y 10) el impulso sexual, son objeto de mayor interés por el escritor. Incluso algunas de elaboración emocional : Rogelio comentando el despertar sexual de Alfonso (p.21) y el contrapunto entre dos vertientes : una inminente y otra forjada intelectualmente (capítulo 7, “Venus con amor y música”).
A partir de allí, la secuencia del coito va quedando sólo implícita hasta casi desaparecer. Sin duda que la "meseta" y el orgasmo son igualmente ricos en sensibilidad y drama psicofísico, tanto como la excitación, de allí que no se explica su abandono como material erótico. En suma, una semblanza raída del acto sexual.

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