Relaciones sexuales: verdad e interés PDF Imprimir E-mail
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En un primer artículo nos sorprendidos por el hecho de haber descuidado la respuesta a la pregunta  ¿por qué tenemos relaciones sexuales?  Nos referimos al aporte a veces inútil de los cientistas sociales y a algunas investigaciones que daban las posibles razones que llevan a los seres humanos  a comprometerse sexualmente. Ahora veremos algunas teorías que de manera concreta se ofrecen para explicar esta conducta human tan esencial.
 

TEORIA DE LA MOTIVACION

La explicación de las razones del impulso sexual hace pensar en motivaciones más numerosas y complejas. Si exceptuamos la razón del imperativo de  “conquistar” a alguien, muchas de las explicaciones dadas asumen que de por medio está una relación romántica en curso o un compromiso de pareja de buen tiempo.
Para el caso,  las teorías sobre la estrategia sexual y el pluralismo táctico  proponen que los seres humanos tenemos un conjunto de planes  en relación con el apareamiento,  tanto en las relaciones pasajeras, cuanto en las estables y aún en aquellas con personas fuera de la pareja, extramarital.
A partir de allí es que podríamos tratar de entender el sexo casual, la infidelidad, el deseo por experimentar la variedad, así como el interés por perfeccionar las habilidades amatorias, diferentes a las que empleamos con nuestra pareja.
Así es que aún dentro del contexto de una relación prolongada en el  tiempo habría numerosas mas razones que nos llevarían a una búsqueda de relaciones sexuales, mas allá de las mencionadas líneas arriba. El sexo puede servir a numerosas necesidades o intereses.
Puede ser  un medio de premiar o recompensar a la pareja o devolver un favor que nos hizo. También  podría ser un modo de sanción cuando la pareja violó alguna norma de la relación. Pero el sexo, lo mismo, en una pareja estable puede servir para mejorar la relación, reforzar el compromiso o, cosa curiosa, incluso tratar de vivir la experiencia de una corta relación en medio de un vínculo estable.
La misma Basson el 2000 ya había descrito como la motivación sexual de la mujer podía asentarse no en un impulso físico sino en la búsqueda de intimidad emocional, compromiso, amor, afecto, tolerancia y participación.
Buss y Shackelford en 1977, citado por los autores, en su artículo “De la vigilancia a la violencia: tácticas para retener a la pareja estando casados”; mencionan el sexo como una especie de guardián de la relación cumpliendo varias funciones.
Al satisfacer a la pareja cumpliría el rol de evitar que esta buscara ese bienestar fuera de la relación, enviando  claras  señales a potenciales rivales que reducirían de ese modo su  interés en tener una aventura con  la pareja de uno, desviando  de ese modo la atención de los rivales hacia otros objetivos.
Otros autores, por ejemplo Schackelford y asociados, en la hipótesis que han denominando de la “competencia del esperma”, hacen notar que un varón con una pareja infiel intentaría tener relaciones sexuales con la finalidad  de “desplazar” el semen del rival. A la mujer, por su lado, las relaciones sexuales con su pareja  le servirían  para dejar “vacío” de semen al varón  y evitar que insemine a otra mujer. Por supuesto advierte Meston, la verdad sin necesidad, que estos mecanismos no serían conscientes.
El sexo entonces, hipotéticamente, sería considerado como un recurso “fungible”, algo que una persona tiene la capacidad de dar y que otra persona puede desear. Un recurso que puede ser intercambiado por otros recursos: dinero en la prostitución, comida como lo menciona Burley y Sigmenski, 1981, ocurriría  en una tribu del Paraguay, favores o privilegios, trabajo,etc.


SEXO Y SOCIEDAD

La función psicológica del sexo no se desenvuelve sólo entre los individuos sino en un ámbito social y cultural. Lugares en que está de por medio el prestigio, estatus y reputación de las personas.
Vincularse eróticamente con alguien de alto estatus elevaría la condición social de la persona dentro del grupo. En algunos ambientes tener numerosas parejas podría incrementar la reputación y puede generar interés erótico en la persona en cuestión. Al revés, el prestigio también puede ser dañado por el sexo con el consiguiente aislamiento de una  persona tenida por promiscua
En razón de lo anterior, consecuencias sociales, estas condiciones pueden actuar como un incentivo o un factor de aversión. De allí que alguien puede ser motivado a tener sexo por condicionamientos sociales antes que por relaciones interpersonales. En conclusión las razones que llevan a ser activo sexualmente pueden ser muchas y de gran complejidad psicológica.
En relación con las diferencias según sexo el tema ha sido estudiado limitadamente. Algunos han hallado que los hombres son movidos por razones principalmente físicas, aliviar la tensión sexual o simplemente por considerarse que es un sexo  “caliente”. Las mujeres serían impulsadas más por factores emocionales, como estar mas cerca afectivamente de la pareja.
Teorías con base evolutiva sostienen que el hombre estaría condicionado por la búsqueda de la variedad sexual, la posibilidad de una aventura y la apariencia física. Al revés, el compromiso psicológico sería el factor disparador en el caso de la mujer, amor o compromiso.


CONCLUSIONES

  • 1. Los dos artículos comentados  responden al interés científico en conocer  por qué el ser humano es motivado a tener relaciones sexuales.
  • 2. Se repasan algunos estudios que encuentran razones que oscilan entre las biológicas y psicológicas.
  • 3. Las teorías mas estructuradas delinean mejor las motivaciones y proponen explicaciones en extremo evolutivas, como aquella de la “competencia del esperma”.
  • 4. Todas ellas dejan de lado en gran medida la condición del ser humano como persona que ciñe su vida  mandamientos morales y éticos.
  • 5. En todas las hipótesis revisadas el mayor  ausente es el amor humano, el amor de la pareja.

 

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