Hipersexualidad ¿qué sabemos? PDF Imprimir E-mail
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Decir de alguien que es hipersexual, en broma o en serio, no es muy raro e incluso resulta tema de conversación entre amigos. Causa sorpresa cuando no cierta admiración pero al mismo tiempo resulta asunto descuidado por los investigadores de la medicina sexual. Esto no debería llamar la atención pues ni la psiquiatría ni la sexología clínica se ocupan usualmente de cosas que son de interés y preocupación de la gente de a pié.
Por suerte, con ocasión del proyecto de preparación de una nueva clasificación de los problemas emocionales y mentales por la Asociación Psiquiátrica Americana, se ha revisado lo que se conoce en este momento de la hipersexualidad. Esto nos permite resumir algunos de los puntos desarrollados con este propósito por Martín P. Kafka, en un artículo publicado en noviembre del 2009.

El autor concibe la hipersexualidad como el fenómeno constituido por fantasías, excitación, impulsos y conductas sexuales normales, pero cuya duración, frecuencia e intensidad provoca gran malestar y afecta la voluntad de la persona y su funcionamiento social.

¿DESDE CUÁNDO?

Las conductas sexuales excesivas, otra manera de llamar a la hipersexualidad, fueron ya descritas en el pasado por la medicina occidental, en los Estados Unidos en el siglo 18 y en Europa en el 19.
Los investigadores de esos siglos informaron de un conjunto de comportamientos sexuales socialmente desviados y pusieron ejemplos de los mismos en varones y mujeres.
Se trataba de un deseo sexual desmesurado que traía como consecuencia diversos problemas personales y sociales. Las primeras comunicaciones sobre este fenómeno han sido precursoras de lo que el siglo 20 caracterizó después como ‘Don Juan’ y satiriasis en el varón y ninfomanía en la mujer. Los investigadores europeos mencionaron especialmente a la masturbación compulsiva como la expresión sexual más común en las personas con un deseo erótico excesivo.

¿SU FRECUENCIA?

Kinsey, el famoso sexólogo americano, en su encuesta de mitad del sigilo XX, encontró que el 7 % de los varones, en el rango desde la adolescencia hasta los 30 años, tenían una actividad sexual que se acercaba al extremo de la frecuencia promedio, siendo la masturbación la práctica mas frecuente.

Otros investigadores de la hipersexualidad, citados siempre por Kafka, como Atwood y Gagnon, 1987, informaron que un 5% de varones de la escuela secundaria y 3% del ‘college’ se masturbaban diariamente.

Otros más hallaron una frecuencia masturbatoria de 12 veces al mes y en la famosa encuesta de Leuman, 1994, se encontró que de la población masculina, entre 18 y 59 años, sólo el 7.6% tenían actividad sexual en pareja 4 o más veces por semana.
Como estas investigaciones han sido hechas en la población general no han podido consignar datos del tiempo pasado por los encuestados en fantasías e impulsos sexuales irresistibles o el grado de afectación ó o no del funcionamiento social, elementos constitutivos del desorden.

¿DE QUÉ SE TRATA EXACTAMENTE?

Los investigadores suecos Langstron y Hanson, 2006, según Kafka, propusieron una definición de lo que llamaron “sexo no personal”, que fue definido como ciertos tipos específicos de conducta: frecuencia de masturbación, acceso a pornografía, número de parejas, sexo extramatrimonial y preferencia por el sexo casual, que se podía encontrar entre el 5 a 10% de una población encuestada.
Además, informaron que los varones que clasifican en este grupo estaban menos satisfechos con su vida erótica, tenían más problemas de relación, enfermedades de transmisión sexual y consultaban con mayor frecuencia por asuntos relacionados con la sexualidad.
Si las mujeres eran catalogadas como hipersexuales, pero en mucho menos proporción que los varones, estas mostraban una historia de homosexualidad y de más frecuente consulta con un psiquiatra.
Langstron y Hanson, aclaran, aunque es muy discutible esta observación, que una conducta sexual excesiva y repetida sin que cause malestar a la persona, afecte su voluntad y no tenga consecuencias adversas sobre la misma, no puede ser considerada una condición clínica o patológica. Para ellos el incremento de actividad sexual, sin fantasías intensas y otras expresiones de excitación o deseo sexual no serían manifestaciones de desorden sexual.
Mucho se discute hoy en día el origen de este problema. Se plantean varias preguntas todavía sin respuesta.
Se pregunta ¿su naturaleza es propiamente sexual, tiene un carácter adictivo u obsesivo-compulsivo, pertenece al espectro de los desórdenes del impulso o se trata de una conducta sexual excesiva que escapa al control de la persona?.

¿QUÉ ES EL DESEO SEXUAL?

Es evidente que la comprensión de esta condición requiere primero ponernos de acuerdo acerca de que se trata cuando hablamos de deseo sexual. Este ha sido concebido como fantasías, impulsos o actividades sexuales y la conciencia subjetiva de estar motivado para llevarlas adelante, en respuesta a destacadas señales internas o externas de carácter erótico.

La teoría de la evolución declara que varones y mujeres tienen diferentes estrategias para el apareamiento y que estas están determinadas culturalmente.


Los varones, comparados con las mujeres, tendrían más fantasías sexuales, frecuencia de masturbación, respuesta a estímulos visuales, actividades permisivas, impulsos sexuales internos y fácil excitación.

A raíz de estos hallazgos se piensa que la disposición de la mujer para la excitación y conducta sexuales, es conformada por un proceso previo de evaluación del escenario por parte de ella. Esta pone en marcha el proceso de deseo y excitación sexual cuando aprecia que es posible obtener un logro no necesariamente erótico.
Explicable dada su mayor responsabilidad biológica, emocional y dedicación en cuanto a su compromiso con la reproducción en sí y a la crianza de los hijos, consecuencia de su actuar sexualmente
El deseo sexual de la mujer estaría entonces más condicionado por los sucesos que la rodean y el de los varones, se asume, sería más espontáneo. En la mujer el impulso sexual es activado condicionado a las futuras relaciones de parentesco y compromiso de pareja en el largo plazo, lo que la haría menos vulnerable, a diferencia del varón, a conductas del tipo hipersexual.
De momento dejamos allí este tema para en un segundo artículo considerar el proceso de su desarrollo y causas, siempre en base al trabajo de Kafka.

 


 

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