Relaciones imposibles PDF Imprimir E-mail
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En un artículo anterior informamos de esta dramática condición, el Vaginismo, que impide a una pareja unida por el amor alcanzar una relación tan íntima como es la de tener relaciones sexuales.
Ahora tocaremos algunos asuntos no resueltos de esta disfunción sexual. Empezamos diciendo que la existencia de un espasmo de los músculos vaginales que explique la dificultad en la penetración en los casos de Vaginismo requiere, por mucho, ser examinada cuidadosamente.
El espasmo vaginal se ha tratado de comprobar mediante el uso del electromiograma (EMG). Por este medio se registra la tensión de los músculos pélvicos siguiendo la paciente las indicaciones de contraer o relajar esos músculos. También se puede insertar un electrodo en un músculo de la vagina y comprobar si se presenta o no el supuesto espasmo.

RESULTADOS


Los resultados de estos experimentos han sido dispares, en unos no se ha encontrado diferencias en los cambios musculares entre mujeres, unas sufriendo vaginismo o dispareunia, comparadas con los grupos de control conformados por personas normales.

En otros estudios ha podido detectarse un tono muscular elevado pero sin diferencias significativas entre los grupos examinados. Otra investigación encontró alta actividad electromiografía en diversos músculos del suelo pélvico en mujeres diagnosticadas de vaginismo sin relación con el coito.

En su totalidad los estudios no comprueban el mecanismo de espasmo muscular en el vaginismo y tampoco que haya diferencia entre vaginismo y dispareunia, el otro trastorno del dolor sexual. Pero no es fácil llegar a conclusiones porque el registro electromiográfico no puede especificar puntualmente que músculos son los afectados.
Además, muchas mujeres no quieren someterse al experimento. La inserción de electrodos en los músculos es también difícil por dolorosa y el hecho de tener que escoger los músculos examinar y cuales no.

EXÁMENES CONTRADICTORIOS


Tratando de identificar lo mejor posible este trastorno se ha buscado comparar si los ginecólogos y fisioterapistas del suelo pélvico pueden coincidir, en exámenes independientes, la detección diagnóstica del espasmo muscular.
Un estudio mostró que las mujeres con vaginismo tenían una alta frecuencia de espasmo muscular cuando se les comparaba con aquellas sufriendo dispareunia y mujeres normales que servían de grupo control. Pero sólo menos de un tercio de mujeres con vaginismo mostró espasmo durante el examen, además no coincidían ginecólogos y terapistas en el diagnóstico de los casos.

En resumen no hay evidencia que demuestre que ginecólogos o terapistas del suelo pélvico puedan diagnosticar confiablemente espasmo en mujeres con vaginismo. Digamos finalmente que el mismo concepto general de espasmo está en entredicho y se viene desarrollando un nuevo instrumento para evaluar el tono y la fuerza muscular de los músculos del suelo pélvico.

Siempre se ha considerado al vaginismo un desorden sexual con características propias, aunque hace poco, Engman, 2007, citado por Kafka, propone que puede ser un problema que se presenta como un continuo. Es decir un estado de dificultad para la penetración que va desde una condición patológica parcial, pasando por situaciones intermedias de impedimento, para llegar a la extrema imposibilidad, total, de realización normal del acto sexual.

¿DOLOR SEXUAL O SEXO DOLOROSO?

Esta frase no es un juego de plabras sino que encierra el centro del debate médico actual en torno al Vaginismo. Que no es otro que definir si este cuadro sigue en la clasificación psiquiátrica como una disfunción sexual o debe figurar en la nosografía médica como un desorden solamente del dolor. Es así que en los últimos años se está cuestionado si el Vaginismo puede o no considerarse un problema sexual en si mismo.

La clasificación de las disfunciones sexuales se ha basado en la medida en que estas afecten una fase del ciclo de respuesta sexual frente a estímulos eróticos: excitación, deseo, orgasmo y fin de la respuesta.

Este concepto estaba sustentado en un modelo teórico de cómo reacciona sexualmente el ser humano y habiendo sido confirmado por la experimentación científica se constituyó en un instrumento para el diagnóstico de todas las disfunciones sexuales.
Al crear, hace unos años, como es ahora mismo, una categoría diagnóstica nueva llamada “Trastornos del dolor sexual “, que incluyó el Vaginismo fue un verdadero problema. Teniendo en cuenta que la interferencia en el ciclo de respuesta sexual a que da lugar el Vaginismo (y también la Dispareunía) no estaba limitada a una sola fase del ciclo descrito.

Este modelo de respuesta sexual que viene desde Masters y Jhonson, en que se apoya el diagnóstico de la entidad que nos ocupa, está siendo fuertemente cuestionado en otros puntos y no parece probable que permanezca en este nuevo proceso de actualización de la clasificación de desórdenes mentales y emocionales.

 


 

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