Fatiga y deseo ¿por qué? PDF Imprimir E-mail
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La relación entre fatiga y sexualidad es uno de esos temas de la vida diaria, más frecuente en mujeres, que la sexología científica aborda raramente como veremos luego,
Desde los años 60 a partir de la descripción del ‘ciclo de respuesta sexual’ en el ser humano - excitación, orgasmo y resolución - la investigación y la terapia de las disfunciones sexuales se ha ceñido en exceso a este modelo.
Al poco tiempo de la puesta en vigencia este enfoque, novedoso en su momento, recibió numerosas críticas que duran hasta la fecha, dando lugar a la aparición de una interpretación más completa de la forma de respuesta sexual de la mujer.

Como consecuencia de tales observaciones se han puesto en evidencia, además, una variedad de molestias que afligen tanto al varón como a la mujer no explicadas por el modelo de respuesta sexual tradicional, tal el caso del que tratamos en esta ocasión.

Otro efecto negativo fue el descuido del estudio del deseo sexual, las relaciones de pareja, la satisfacción global de la experiencia sexual, y desde luego, la repercusión de la fatiga en el deseo sexual femenino.


A este propósito resulta de lo más interesante leer el trabajo de Blasquez, Alegre y Ruíz “Síndrome de fatiga crónica en mujeres y disfunción sexual: pasado, presente y futuro”, publicado en el Journal of Sex and Marital Therapy del mes de Octubre 2009.

ORIGENES DEL DESEO

Los autores comienzan señalando los factores que explican y dinamizan la sexualidad: personales, sociales, culturales y físicos. Entre los personales con clara incidencia en la experiencia y conducta sexuales tenemos la educación recibida en la familia, las primeras conversaciones sostenidas con los padres, la experiencia inicial, lo que se ha leído y lo que no, así como la orientación sexual de la persona.

Sumemos los mitos sexuales que dicen a la gente lo que debería esperar del sexo, norman sus necesidades y la percepción particular de lo que la persona concibe acerca del placer.

También influyen los sucesos del pasado: una educación sexual negativa, pérdidas, traumas, relaciones interpersonales, restricciones y normas culturales y morales. En el presente que vive la pareja cabe mencionar disfunciones sexuales, estimulación erótica inadecuada y un ambiente sexual y emocional insatisfactorio. De igual manera, enfermedades crónicas, conflictos familiares y mala integración social.

NO TENGO DESEO

Una de las primeras manifestaciones sexuales de la mujer que sufre fatiga crónica es el llamado Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo (TDSH).

Este se caracteriza por una falta de interés en el sexo o ausencia de fantasías sexuales, poca actividad sexual y falta de iniciativa para poner en marcha la vida erótica de la pareja.

La falta de interés inicial, resulta importante y puede ser superada cuando la persona afectada es estimulada por su pareja, consiguiendo tener relaciones sexuales satisfactorias.

En casos extremos del TDSH el desinterés es tan grande que bloquea cualquier placer en el contacto físico erótico y si se llega a tener relaciones sexuales, la mujer actuará pasivamente hasta que el varón culmine por su cuenta.
Muchas mujeres con TDSH declaran que podrían vivir perfectamente sin sexo y que si lo tienen es por consideración a su pareja, pero siempre intentan evitarlo hasta donde sea posible.

¿POR QUÉ ESTOY CANSADA?

Los autores resumen el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) como una enfermedad caracterizada por cansancio discapacitante de por lo menos 6 meses de duración, que incluye dolor en las articulaciones, disturbios del funcionamiento cerebral y alteraciones del sueño.
La vida social se perturba afectando, paradójicamente, a personas con una gran actividad social y física, siendo por lo general individuos perfeccionistas y con poco tiempo para sí mismos.

La enfermedad hará que bruscamente pasen a un estilo de vida “pasivo”, no pudiendo desarrollar las tareas y actividades sociales planeadas, porque su estado de salud de un día al otro es impredecible. Peor aún, conforme avanza la enfermedad los períodos necesarios de descanso son más frecuentes y demandan mayor tiempo.

Resulta interesante que a estas personas el priorizar sus necesidades y darse más importancia a sí mismas, les lleva muchas veces a desarrollar nuevos valores y apreciar mas la vida diaria. En resumen, tienen una mayor disposición a vivir el presente y a preocuparse menos de lo que viene.

FATIGA Y SEXUALIDAD

El SFC se presenta junto con otros problemas de salud y condiciona la disfunción sexual de la persona, precipitando la misma o exacerbando un cuadro previamente existente.
La perturbación de la respuesta sexual se debe a varios factores, ya sea el desorden del sistema nervioso autónomo , la alteración del deseo sexual, disminución de la lubricación vaginal, hipersensibilidad al tacto cuando se asocia con fibromialgia e intolerancia al ejercicio físico que obviamente perturba el mismo acto sexual.

Sin embargo no hay muchos estudios de disfunción sexual en estos pacientes. En algunos se ha encontrado al SFC vinculado a problemas sexuales y en otros no.

Cabe advertir que, como es muy frecuente en estudios sobre la conducta sexual, las limitaciones metodológicas de las investigaciones son lo usual. En este asunto justamente el número de personas estudiadas es muy pequeño, el tema de la investigación no está bien delimitado, las publicaciones que se pueden leer no describen los cuestionarios usados, etc. Entonces, con base en los estudios previos, no es posible confirmar la hipótesis de que los pacientes con SFC presenten una alta incidencia de disfunciones sexuales.
La fibromialgia es una de las condiciones médicas que acompañan con más frecuencia al SFC y sobre aquel cuadro hay más estudios acerca de su impacto en la sexualidad. Uno de estos encontró, por ejemplo, una asociación, entre la vulvodinia (dolor en la entrada de la vagina) y la fibromialgia. En otro estudio, el dolor vulvar asociado a la fibromialgia no sólo afectó la vida sexual de la paciente sino que redujo su autoestima y afectó la relación.

TRATAMIENTO DE LA SEXO FATIGADA

Sobre este punto quisiéramos hacer notar la escasa versación de los autores de la publicación que examinamos en el campo del tratamiento de las disfunciones sexuales.
Lo podemos observar en sus recomendaciones que resultan elementales y dictadas más por el sentido común que por la sexología clínica. Veamos que proponen:

  • 1.- Dar a la paciente instrumentos que le permitan afrontar los cambios ocurridos en su salud.
  • 2.- Centrar la terapia en lo que puede hacer en el presente teniendo en cuenta que no hay a la fecha un tratamiento efectivo.
  • 3.- Reconocer el efecto favorable de la relación con la pareja y la familia.
  • 4.- Tener en cuenta la terapia farmacológica y también los aspectos emocionales, cognoscitivos y sociales.


No seguimos más para no aburrir a los usuarios con las más que obvias recomendaciones de los autores, confirmando sus limitaciones en este campo especializado de la medicina sexual.

 


 

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