Niños: buena y mala disciplina PDF Imprimir E-mail
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La disciplina ha sido la piedra angular de la educación del niño desde los comienzos de la historia. Todos queremos niños disciplinados, con conductas más o menos previsibles, aceptadas socialmente, que van a facilitar el desenvolvimiento de nuestros hijos en los diferentes medios en los que les toque incursionar.
Sin embargo, como en todo orden de cosas, vemos niños que sobrepasan la expectativa en uno u otro sentido. Así, hay una gama muy amplia de conductas infantiles que nos llevan a catalogar a determinados niños como definitivamente insoportables y a otros como extremadamente dóciles, sumisos, sin atisbo de rasgo personal, aparentemente sin más deseo que congraciarse con los adultos a los que obedece en forma casi automática. Lógicamente, ninguno de los extremos es deseable y, aunque parezca poco grato a los padres, el último es el menos saludable en términos de salud mental futura del niño.

LOS PADRES

A ninguna otra autoridad le confieren la tradición, la teología y la ley un poder tan absoluto como el que reciben los padres. La ley sigue aliada con ellos contra los hijos desobedientes en tanto no se llegue a comprobar el abandono o la tortura física. La psicológica sigue siendo muy difícil de probar.
Los tribunales reconocen la crueldad mental en las relaciones conyugales, pero la obligación de los hijos de obedecer a sus padres sigue siendo tal sin tomar en cuenta si la autoridad existente es razonable o irracional.
Al niño normal criado por padres cariñosos no le hace falta rebelarse más de la cuenta. Pasa por sus períodos de resistencia - recordar que el primero se presenta alrededor de los dos años de edad - envuelto en una atmósfera de aceptación y respeto ante sus incipientes rasgos de personalidad que empiezan a manifestarse. Su desobediencia no adquiere características de problema si hay comprensión en el ambiente familiar en el cual además hay una clara conciencia de la necesidad de fijar al niño metas accesibles que le permitan ir disfrutando de pequeños éxitos en su proceso de sociabilización.

RESULTADOS


Resulta de esto un niño agradable, de actitud abierta, franco, espontáneo, que puede inclusive lucir más inteligente de lo que realmente es.
Vemos de contraparte, niños criados en forma tal que han conseguido el ideal de algunos padres en lo que podríamos llamar "obediencia completa".
Esta es expresión de una mansedumbre patológica originada en la supresión de la espontaneidad y la iniciativa. El niño perfectamente obediente es, al decir de Kanner, un niño aplastado cuyo tremendo sentimiento de culpabilidad lo paraliza.

PERFECCIONISMO, INCONSECUENCIA

¿Qué actitudes de crianza convierten a un niño normal en un ser sin ideas propias o, lo que es lo mismo, sin impulso para manifestarlas, y dañan severamente el desarrollo de su personalidad con características a veces irreversibles?

1. Las restricciones excesivas derivadas del perfeccionismo que no permite la menor desviación de normas inflexibles."No te ensucies", "no te muevas", "no corras", "no grites", "no hables cuando hablan los mayores", "no contestes cuando te reprenden", "mírame cuando te hablo", "no me mires así...", son algunas de las tantas fórmulas que más de una vez escuchamos y que ilustran por sí solas el tipo de restricción que rodea la vida diaria de muchos niños.
Generalmente a estas restricciones excesivas se suman las metas que también exceden las posibilidades reales del niño y que lo hacen sentir constantemente en falta, por no poder satisfacer las expectativas de sus padres, a la par que sirven para alimentar y cerrar este círculo vicioso de reproches constantes frente a los cuales al niño le está negada la menor explicación.

2. La inconsecuencia, una de las experiencias más desconcertantes para cualquier ser humano y en particular para el niño pequeño, se define como la vacilación entre las restricciones y la tolerancia. El niño no alcanza a comprender qué es lo que quieren que haga y qué es lo que le prohiben.
Hoy corre a sus anchas sin que nadie le diga nada; mañana el padre regresó cansado del trabajo o a la madre le duele la cabeza y lo reprenden por la misma actividad que se le toleró el día anterior. Hoy le dan una revista vieja y le enseñan a entretenerse arrancándole las páginas; mañana lo regañan por hacer lo mismo con el último número de una revista que el niño no está en posibilidad de distinguir de la primera. Hoy están todos contentos, el niño se suma a la alegría general y salta sobre los muebles sin que nadie parezca reparar en su existencia; mañana será severamente castigado por hacer lo mismo porque ya pasó la euforia familiar y se retomaron las normas.
Es prácticamente imposible que el niño sepa cuando va a ser castigado y cuando Nº por los mismos comportamientos y si a esto se suman las otras formas de conducción patológica por parte de los adultos, va a terminar por inhibirse de actuar.

ACUERDO ENTRE PADRES

3. La falta de acuerdo elemental entre los adultos de los cuales depende es también muy perjudicial, sobre todo cuando las disensiones y desacuerdos se producen y se discuten en presencia del niño. Cuando la madre dice que es hora de ir a dormir y el padre tras discutir la inutilidad de la orden decide que se quede un rato más. Cuando se le niega una moneda que es rápidamente proporcionada por la abuela.
Cuando uno de los padres insiste en que debe terminar la comida y el otro, tomando aparentemente partido por el niño, le retira el plato y lo sustituye por el postre...Generalmente la cosa no queda ahí. El padre o la madre desautorizados hacen sentir claramente al niño su hostilidad por perturbar las relaciones familiares, con el sentimiento de culpa consiguiente por parte del niño que no alcanza a comprender la falta de honestidad que estas acusaciones encierran.
Frente a estas situaciones hay para el niño dos opciones muy claras. Se repliega y acata sin protestar y"sin manifestarse" configurando poco a poco una forma muy poco saludable de comportamiento, o, lo más deseable desde el punto de vista de su salud mental futura, toma conciencia poco a poco de su situación y se rebela.

FAMILIAS AUTOCRÁTICAS

Los problemas graves de obediencia surgen en las familias autocráticas en las que se exige siempre docilidad instantánea e indiscutida. Muchas veces las órdenes no tienen importancia ni razón; se trata de doblegar al niño. Las órdenes irracionales, dice Kanner, provienen de autoridades irracionales.
El niño inteligente y con personalidad rehúsa con razón las órdenes ilógicas, irrealizables e incluso a veces perjudiciales, de un padre alcohólico, una madre neurótica o un padrastro hostil y tarde o temprano dejará de atender cualquier indicación que emane de estas personas.
Lo malo, lo que olvidamos con frecuencia, es que el niño está formando sus patrones de conducta y que al fomentar su obediencia automática o su desobediencia y actitud contestataria hacia toda forma de autoridad estamos creando actitudes permanentes que le ocasionarán graves problemas en su vida futura...

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