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Las disfunciones sexuales y las enfermedades cardiovasculares tienen algo en común: son muy frecuentes en hombres y mujeres. De ahí el interés de conocer mejor el efecto de las relaciones sexuales sobre el corazón .
¿En qué medida la actividad sexual afecta el funcionamiento cardiovascular? Es una pregunta que se hacen millones de personas en el mundo. Aunque, cosa rara, la verdad no tanto , los médicos no informan apropiadamente a sus pacientes acerca de este tema. Pero ¿cómo se relacionan unas con otras? Eso es lo que vamos a desarrollar a continuación.
RELACIONES SEXUALES
Una primera afirmación basada en numerosos estudios es que el efecto físico en las relaciones sexuales de una pareja estable es equivalente a una ligera o moderada actividad, como la que hacemos diariamente.
A esta conclusión llegan los estudios que compararon la actividad sexual y otra habitual, mediante el registro de la frecuencia cardiaca, presión arterial y el registro electrocardiográfico. Podemos decir que en la investigación realizada no se ha encontrado mayor diferencia entre ambas, cuando la relación sexual se realiza en la posición hombre superior-mujer abajo o viceversa.
Los investigadores han usado para sus conclusiones la medida del MET: la unidad de cuantificación de la energía gastada por una persona en reposo. En parejas estables durante la relación sexual se consumen unos 3 METs y en el orgasmo 4 METs. Levantando y trasladando cosas - unos 20 kilos - se consumen 4 a 5 METs.
Pasando a otro punto señalamos un riesgo pequeño de sufrir un infarto cardíaco dos horas después de tener relaciones sexuales. La ocurrencia de un infarto durante la vida diaria se calcula en una en un millón por hora en un adulto sano y en diez en alguien afectado por un problema coronario.
Se piensa que la muerte súbita durante el coito es muy rara y en tres importantes estudios, citados por Jackson, 2009, del que estamos tomado la información, se encontró que era 0.6% en Japón, 0.18% en Frankfurt y 1.7% en Berlín.
El mayor riesgo lo tendría, como es popularmente comentado, un hombre de edad con una mujer joven, y, cuando se ha bebido en exceso o se ha hecho una comida copiosa.
DISFUNCIÓN ERÉCTIL
Según el autor mencionado un40% de varones mayores de 40 años presenta disfunción eréctil y más del 50% en el caso de padecer al mismo tiempo enfermedad coronaria. Las investigaciones más recientes han revelado la importancia del endotelio vascular en la regulación del funcionamiento de los vasos sanguíneos. 
El mal funcionamiento de estas células se traduce en diversas enfermedades: arterioesclerosis, patología de las arterias coronarias, infarto cardíaco y, por supuesto, disfunción eréctil.
La disfunción eréctil, ahora se viene considerando, sería una señal precoz de un problema cardiovascular futuro, habiéndose encontrado un intervalo entre la presentación de ambos problemas de 2 a 5 años. Las arterias que conducen la sangre en el pene son de menor calibre que las del corazón y en caso de afectarse el sistema endotelial, que recubre justamente los vasos sanguíneos, el defecto se notará primero a nivel del pene. Por eso, se recomienda que los varones que consultan a un psiquiatra por disfunción eréctil sean remitidos a un chequeo cardiovascular completo, más aún si son mayores de 40 años o diabéticos.
CONSENSO MÉDICO
En el año 2006 se alcanzó un consenso sobre este problema en la Segunda Conferencia de Princeton. Se concluyó que un varón con disfunción eréctil, sin síntomas cardíacos, debería ser considerado potencialmente con problemas en el sistema cardiovascular, hasta que no se demostrara lo contrario.
Esta Conferencia se reunió para examinar las observaciones que ya venían vinculando la disfunción eréctil y los problemas cardiovasculares tratando de actualizar las recomendaciones y tratamientos disponibles.
La Conferencia analizó la seguridad y la interacción farmacológica de tres agentes erectógenos: sildenafil, tadalafilo y vardenafil, Jackson, Rosen, Kloner y cols, 2006.
Estos mismos investigadores sintetizaron los conocimientos actuales señalando que el sexo es más que la erección del pene y que, asimismo, la disfunción eréctil es más que su tratamiento sintomático con o sin agentes erectógenos.
CONCLUSIÓN
1. La disfunción eréctil y la enfermedad cardiaca comparten riesgos similares.
2. La disfunción eréctil puede ser señal de un problema cardiovascular que no se ha hecho evidente.
3. Cuando el médico diagnostica un disfunción eréctil debe recomendar un chequeo completo del sistema cardiovascular y diseñar una estrategia para la reducción de riesgos.
4. Aunque la disfunción sexual femenina no se ha relacionado con la enfermedad coronaria, la mujer también está en riesgo de presentar un problema de este tipo.
5. La actividad sexual normal no conlleva una forma de estrés cardíaco severo y el riesgo de sufrir un problema agudo de esta naturaleza es raro.
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