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Embarazo,amor,sexualidad y medicina, sería el orden de los términos para una condición, la gestación, que ha sido tratada muy poco en la literatura médica. El amor, fundamental durante este periodo de la vida de la pareja, pareciera que la medicina biológica hubiera olvidado.
A lo sumo, escuetamente, siempre se dijo que el deseo sexual disminuía, fundamentalmente en la mujer, y por ende la frecuencia de las relaciones sexuales. A lo cual se agregaban restricciones en la actividad sexual cuando el médico detectaba posibilidades de aborto o parto prematuro.
Por eso resulta interesante el recorrido integral de las ocurrencias sexuales de la pareja durante el embarazo y en alguna medida también las referencias indirectas a la relación amorosa. Aunque, como es costumbre en la literatura médica, el amor aparezca escondido detrás de expresiones como “relaciones saludables” o “bienestar de la pareja”.
Vamos a extractar a continuación parte de la información que nos ofrecen los autores, Brown y McDaniel, tratando de presentar el lenguaje médico de la manera más comprensible para el lector no especializado.
INTIMIDAD SEXUAL
El embarazo, dicen los autores, ha sido visto tradicionalmente como la mayor expresión de la relación sexual de una pareja. Sin embargo, este y el período después del parto están sujetos a cambios que pueden afectar su vida sexual y, agrego, las relaciones amorosas entre ambos.
Siempre se ha conocido que la actividad sexual, principalmente la frecuencia del coito disminuye conforme avanzan los meses de la gestación. Muchos factores explican el por qué. Son los cambios físicos en general, anatómicos, emocionales y psicológicos. También por influencia de las creencias culturales, los mitos y tabúes que señalan a la pareja que es y que no es apropiado durante el embarazo.
El embarazo y el parto se consideran una gran etapa de transición en gran parte condicionada la experiencia sexual previa alcanzada por la pareja, en esa época de la vida que es la “edad reproductiva”.
Las ideas culturales pueden generar temores que afectan la experiencia placentera que se vivió previamente al embarazo. El deseo, la frecuencia de la relación y la satisfacción son afectados según la gestación avanza, siendo menores durante el primer trimestre del embarazo. No llama la atención que el varón no sea igualmente impactado por los cambios mencionados, si tenemos en cuenta que el ciclo reproductivo tiene es mucho más complejo en la mujer.
RELACIONES SEXUALES: comienzo de la gestación
En los primeros meses del embarazo se pone a prueba el ajuste de la pareja. El mantenimiento de la intimidad y la vivencia del compromiso mutuo influirán en gran medida en el bienestar de la relación.
Es muy frecuente que la mujer tenga temor de que las relaciones sexuales puedan afectar la gestación y ocasionarle una pérdida, principalmente si ya ha vivido una experiencia semejante o si ha pasado por un período prolongado de infertilidad, antes de quedar embarazada.
En el primer trimestre del embarazo, un alto porcentaje de mujeres, por lo menos unas dos terceras partes, experimenta náuseas y vómitos. Hasta un cinco por ciento continúa manifestando estos síntomas hasta la proximidad del parto.
Por supuesto, esta condición física impacta la vida de familia, la relación sexual y la calidad de vida. Cuando las relaciones de la pareja no han sido buenas, un embarazo complicado por intensas náuseas y vómitos puede ser un anuncio para una vida sexual insatisfactoria, inclusive después del parto.
Los médicos recomiendan abstenerse durante estos meses de tener relaciones sexuales cuando la mujer sangra o existe amenaza de aborto. Podrán reasumirse superados estos problemas.
Sin embargo, no existen pruebas de que una actividad sexual normal en este período aumente sensiblemente el riesgo de una pérdida. La intimidad de la pareja aún sin relaciones sexuales puede mantenerse con la participación del esposo en el control prenatal y en las clases de preparación al parto que ella pueda recibir. El declinar de las relaciones sexuales, como hemos dicho, depende de varios factores, físicos y emocionales, y también de una sensación de falta de atractivo por parte de la mujer.
El segundo trimestre del embarazo es un período de rápido crecimiento del útero que pasa de ser un órgano situado en la pelvis a ubicarse en la totalidad del abdomen.
La consecuencia para la actividad sexual será el disconfort de las relaciones sexuales en la posición masculina superior, que puede haber sido la preferida. Aunque el deseo sexual sea fuerte en el hombre, el cambio de posición sexual puede ser percibido como la presencia de una “tercera persona” en la intimidad de ambos. La acomodación física de la pareja durante las relaciones sexuales será la femenina superior, lado a lado y la penetración posterior.
EMBARAZO Y ORGASMO
Conforme avanza la gestación el temor al coito y al orgasmo por el riesgo de las contracciones uterinas prematuras que los acompañan afectaría el placer sexual de la mujer. Recordemos que el patrón de contracción muscular propio del orgasmo es muy parecido al de las contracciones del parto, aunque no tiene el carácter progresivo y sostenido de este último.
La investigación moderna, sin embargo, no sustenta la existencia de un incremento de problemas de prematuridad en mujeres con bajo riesgo de comienzo temprano del parto y ruptura de membranas.
Algunas veces es aconsejable abstenerse de relaciones sexuales en mujeres con alto riesgo de prematuridad y que tengan una historia de dificultades a nivel del cuello uterino.
Otras condiciones riesgosas sí avalan la restricción de relaciones sexuales, como son las de placenta previa, sangrado en el segundo y tercer trimestres del embarazo y la ruptura prematura de membranas.
El hombre puede ser afectado cuando se presentan estas complicaciones - porque las relaciones sexuales resultan restringidas - y no mantener todo el apoyo que ha venido brindando, peor aún, si la relación sexual previa no ha sido saludable.
Otro temor de la pareja es el mito de que las contracciones durante el orgasmo puedan deprivar al feto del oxígeno necesario. Durante las contracciones orgásmicas, efectivamente, se ha podido registrar un enlentecimiento de la frecuencia cardiaca del feto pero no hay ninguna evidencia de que el embrión sufra por falta de oxígeno o que las contracciones pongan en peligro su salud.
FIN DEL EMBARAZO
Uno de los estudios más grandes sobre la conducta sexual al término del embarazo, Klebanoff, Nugent y Rhoads, 1984, encontró que solo 26% de mujeres eran todavía sexualmente activas en el noveno mes. Otro estudio evidenció que avanzada la gestación las mujeres experimentaban menor excitación durante las relaciones sexuales, más dolor, relaciones breves y problemas para alcanzar el orgasmo.
La disminución del interés, la actividad sexual y la satisfacción, tanto en el varón como en la mujer, durante el tercer trimestre y el término del embarazo, se explican fácilmente. Tengamos en cuenta los grandes cambios anatómicos provocados por el crecimiento del útero, el malestar físico y el disconfort general de la mujer.
El dolor durante las relaciones sexuales puede presentarse entre el 22 al 50% de las embarazadas y se incrementa conforme avanza la gestación. La pérdida de interés sexual tiene que ver con la imagen maternal cambiada, el aumento de peso corporal y la hipertrofia de la zona genital.
En este momento la mujer cambia su foco de interés, desde la intimidad sexual a la preparación para el nacimiento del hijo, y la pareja tiene temor de que el coito pueda lesionar el útero, provocar sangrado, adelantar el parto o lesionar al bebé.
EL EMBARAZO A TÉRMINO
Un alto porcentaje de mujeres piensa que el parto puede ser provocado si se tiene relaciones sexuales en este momento y esta creencia es afirmada tanto por amistades y como por profesionales de la salud.
Tales creencias pueden tener relación con la alta concentración de la hormona prostaglandina en el semen del varón. Estudios del moco cervical de embarazadas, dos a cuatro horas después de haber tenido relaciones sexuales han mostrado una concentración de prostaglandina 10 a 50 veces más alta de lo normal.
Este hallazgo más las contracciones que ocurren durante el coito pueden llevar a pensar que este puede precipitar el parto, aunque un reciente estudio ha comprobado que esto no ocurre. No hay una relación significativa entre relaciones sexuales al final del embarazo y el comienzo de la actividad del parto.
POSIBLES ALTERNATIVAS
Conforme avanza el embarazo y la actividad sexual decrece el médico podría conversar con la pareja sobre alternativas para su intimidad sexual. Estas pueden incluir compartir fantasías, estimulación mutua sin penetración, caricias de los senos, experimentación con posiciones más cómodas e incluso, si así lo plantea la pareja, sexo oro genital.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que se ha reportado varios casos de penetración de aire en el sistema venoso genital durante este tipo de estimulación que puede dar lugar a episodios de embolismo 4, aunque esta sea una rara complicación.
EL AMOR DESPUÉS DEL PARTO
Aunque el amo, como venimos diciendo, es un tema muy descuidado en la literatura médica sobre la relación de pareja, los médicos católicos no podemos dejarlo de lado. El post parto es un período de tensión en función de la nueva paternidad, la falta de descanso y los rápidos cambios fisiológicos y hormonales presentes en la mujer, relacionados con la caída en los niveles de las hormonas sexuales circulantes. Esto puede provocar - en algunos casos - cambios en la mucosa vaginal, disminución de la lubricación y, eventualmente, dolor durante las relaciones sexuales.
Sin embargo, esto no ocasiona problemas al comienzo dada la restricción de la actividad sexual durante las 4 a 6 primeras semanas que siguen al parto.
Retomar las relaciones sexuales puede ocasionar algún grado de trauma genital, sobre todo si ha habido alguna laceración perineal durante el parto no curada completamente. A favor del parto natural está la comprobación de que la cesárea afecta más el deseo sexual post parto.
La alimentación al pecho inhibe la fisiología normal de los ovarios y eleva el nivel de prolactina en sangre contribuyendo a los cambios atróficos de los genitales femeninos y disminución de la lubricación vaginal.
Son recomendables las relaciones sexuales con delicadeza y lubricantes durante la penetración así como la aplicación de estrógenos locales. Las caricias en los senos pueden llevar a un goteo lácteo fastidioso para ambos miembros de la pareja.
Reasumir la vida sexual puede presentar también problemas de tipo familiar. La mujer con deprivación de sueño y fatigada puede tener menos deseo sexual. El matrimonio tendrá que acomodarse al nuevo rol de padres aprovechando para dormir mientras su hijo duerme, de manera que las relaciones sexuales no son una alta prioridad. La madre se preocupa de que las relaciones puedan despertar al niño y ella no se de cuenta. También está tratando de mejorar su figura corporal perdiendo el peso que ganó y descuidando su papel de esposa porque su atención está puesta en el hijo.
Las parejas por lo general no están preparadas psicológicamente para las posibles complicaciones del embarazo, en especial, el nacimiento prematuro del niño o los problemas de salud que este tenga. Hay que prevenir una posible restricción en las relaciones sexuales y la consiguiente espiral de conflictos que puede ser difícil de normalizar posteriormente.
RESUMEN
1. La sexualidad durante el embarazo ha sido tratada muy poco en la literatura médica y el amor, durante este periodo de la vida de la pareja, pareciera olvidado.
2. En este como en otros temas de la sexología médica el amor aparece escondido detrás de expresiones como “relaciones saludables” o “bienestar de la pareja” .
3. La frecuencia del coito disminuye conforme avanzan los meses de la gestación, explicable por los cambios físicos en general, anatómicos, emocionales y psicológicos. También por influencia de las creencias culturales, los mitos y tabúes.
4. En el primer trimestre del embarazo, un alto porcentaje de mujeres, por lo menos unas dos terceras partes, experimenta náuseas y vómitos, impactando la experiencia familiar, la relación sexual y la calidad de vida.
5. El segundo trimestre del embarazo es un período de rápido crecimiento del útero que pasa de ser un órgano situado en la pelvis a ubicarse en la totalidad del abdomen, lo que traerá disconfort en la actividad sexual.
6. Conforme avanza la gestación el temor al coito y al orgasmo por el riesgo de las contracciones uterinas prematuras que los acompañan afectaría el placer sexual de la mujer. La investigación moderna, sin embargo, no sustenta la existencia de un incremento de problemas de prematuridad en mujeres con bajo riesgo de comienzo temprano del parto y ruptura de membranas.
7. La disminución del interés, la actividad sexual y la satisfacción, tanto en el varón como en la mujer, durante el tercer trimestre y el término del embarazo, se explican fácilmente. Un alto porcentaje de mujeres piensa que el parto puede ser provocado si se tiene relaciones sexuales en este momento y esta creencia es afirmada tanto por amistades y como por profesionales de la salud.
8. Aunque el amor es un tema que pareciera tabú en la literatura médica de la conducta sexual, los médicos católicos lo ponemos en un primer plano. Toda la época del embarazo, incluido el post parto es un tiempo de tensión y también de gozo ,en función de la nueva paternidad, la falta de descanso y los rápidos cambios fisiológicos y hormonales presentes en la mujer. El varón sigue estos avatares y participa de los temores y alegrías, expectativas y emociones, de la nueva vida que traen al mundo.
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