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La homosexualidad es un tema central en el conocimiento sexológico porque se relaciona con muchos aspectos de la conducta sexual: identidad, orientación y respuesta sexual; así como con la salud mental, control de los impulsos, desarrollo psicosexual y otros más.
Cuando la Asociación Psiquiátrica Americana removió la homosexualidad de su clasificación, afectó gravemente la investigación y la terapia de este desorden , sin embargo, poco a poco se ha retomado la investigación básica y clínica de los desórdenes de la orientación sexual, aunque la forma femenina de la homosexualidad (lesbianismo) no ha tenido la misma suerte.
Por eso la propuesta de considerar subtipos de lesbianismo, que difiere de la clasificación usual, por Lisa M. Diamond, en Psychology of Women’s Quarterly. 2005, resulta bienvenida. No impide desde luego que examinemos varios errores conceptuales que contiene este trabajo, que es lo que vamos a hacer a continuación.
¿ACEPTACIÓN?
Señala que en los últimos treinta años se ha incrementado la visibilidad y la aceptación en las sociedades occidentales de la “sexualidad del mismo sexo”. Llama la atención la utilización de este último término, en lugar de los aceptados en los medios científicos, homosexualidad y lesbianismo, para el varón y la mujer, respectivamente.
El uso de nuevos términos sin justificación da lugar a que nos equivoquemos respecto a los conocimientos alcanzados.La autora reincide en el mismo error hablando de una “minoría sexual” (esto es, no heterosexual), confundiendo aún más al lector poco familiarizado con la literatura científica sobre la homosexualidad.
De otro lado, si bien ha aumentado la “visibilidad” de la homosexualidad, esto sólo ocurre en ciertos sectores de la sociedad, el mundo de la TV, la farándula y en ciertos medios de comunicación social. También es dudoso el incremento de la “aceptación”, pues esta idea requiere algunas precisiones. Por lo general las encuestas que darían lugar a esta conclusión son hechas en base a preguntas que confunden a los encuestados. No es lo mismo la tolerancia frente al problema que considerarlo una condición saludable o bienvenida para la sociedad y uno mismo.
¿QUE INVESTIGAR?
Diamond piensa que en el mundo científico se está cuestionando la taxonomía (ordenamiento de las enfermedades) actual que separa a gays, lesbianas y bisexuales como categorías bien diferenciadas. ¿Sobre qué base? Afirma que una nueva ordenación se sustenta en la “no exclusividad” y la “plasticidad” de la sexualidad, especialmente de la mujer.
Son, desde luego, premisas equivocadas. La “no exclusividad” de una patología sexual es posible que ocurra en condiciones anormales, que exigen ser claramente identificadas. Pero este concepto no es aplicable a la población general que está bien asentada en su identidad y orientación sexuales. Un varón o una mujer heterosexuales mantienen estables, a través de la vida, su identidad y orientación sexuales.
De otro lado, la “plasticidad” sexual a la que alude, es un término usado exprofesamente de modo ambiguo. La “plasticidad” (emparentada con otra idea de igual inconsistencia, la diversidad sexual) se expresa en detalles sobre maneras o gustos de evidenciar la atracción sexual. De ninguna manera, al decir de Diamond, aceptar una variabilidad en la identidad y orientación sexuales de las personas normales.
En pocas palabras, la autora comienza cuestionando la taxonomía usada en la actualidad (gays, lesbianas y bisexuales) y la refiere enseguida a un carácter de “no exclusividad” y “plasticidad”. Pero deja de lado que tales características pueden ser aplicadas a las condiciones patológicas, no desde luego a la conducta sexual general, propia de las personas sanas.
En definitiva, queremos enfatizar que el artículo es una mezcla de conceptos que reúne en una sola categoría a las personas sexualmente sanas con otras aquejadas por problemas sexuales graves. Peor aún, los hallazgos en estas últimas los extiende sin ningún criterio a la población general, en su inmensa mayoría, heterosexual.
RESPUESTA SEXUAL
Aludiendo a la investigación psicofisiológica conocida a la fecha afirma que mujeres heterosexuales muestran excitación genital ante estímulos visuales tales como la observación de relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Anotemos que no hay alguna seguridad de que la población estudiada para sustentar esta idea esté realmente libre de problemas de orientación sexual.
A partir de esta observación concluye que la distinción entre lesbianas y bisexuales sería una cuestión de grado más que de categorías separadas.
Sin embargo, no olvidemos que la excitación sexual es sólo un aspecto, fisiológico de la respuesta sexual y no puede ser tomada como ejemplo de la vivencia erótica.
Además, los investigadores no le han dado un significado propiamente sexual, interpretándolo más bien como una reacción física que protegería los genitales de la mujer frente al riesgo de una intrusión(violación) no deseada.
Otro argumento a favor de la “flexibilización” de la orientación sexual, tal como piensa Diamond, sería la mención de algunas feministas que por razones ideológicas se habrían convertido en lesbianas. Como es fácil comprender esta información es puramente anecdótica y talvez interesada ideológicamente.
SIN FUNDAMENTO
Otro autor, Lawrence Kurdek, 2006, estudió las diferencias entre parejas heterosexuales casadas y con hijos comparadas con gay, lesbianas no “casadas” y heterosexuales casados y no casados, pero todos estos sin hijos. Las diferencias también las llama “diversidad” según los tipos de relación de pareja que compara, como si realmente tuvieran una naturaleza diferente.
Si uno sigue su modo de desarrollar el tema aparecerán nuevas contradicciones. Por ejemplo, especula que estos grupos de parejas podrían estar influenciados por predisposiciones biológicas o experiencias de socialización.
Los gay, según su estudio, se ven ellos mismos como más cooperativos y las lesbianas más dominantes. Entonces, cree Kurdek, que unos y otros tendrían una “doble dosis” de disposición o la cooperación o el dominio, y de allí estarían mejor preparados para enfrentar conflictos, dando lugar a una base que permite una relación de acuerdo a una ética de la igualdad. ¿Cómo llega a esa conclusión? No lo explica.
Al revés, si un miembro de la pareja tiene el doble de disposición, cooperación o dominación, hará menos equilibrada la relación.
Otra más de Kurdek. En un momento considera que la pareja está sujeta a influencias biológicas y sociales. Poco después, cuando toca tratar de la experiencia de ser padre o madre, se olvida de la biología y sólo acude a los atributos masculinos y femeninos que llama “auto atribuidos”.
Luego violenta el sentido común, cuando enumera los factores que dificultan la separación de las parejas. Menciona el compromiso, el peso del grupo social opuesto a la disolución, la dificultad que añaden los procedimientos a seguir para concretarla, el casi imposible cambio de la inversión hecha por la pareja durante su convivencia y el sentimiento de haber hecho un voto de honor para una vida en común y la atención de los hijos.
Después de enumerar los puntos que favorecen la solidez de una relación heterosexual, sorpresivamente afirma que las parejas homosexuales al no disponer de esos vínculos de unión estarían más satisfechas con su relación. ¿Por qué? No presenta ninguna razón.
CONCLUSIÓN
Sostiene que las diferencias y similitudes en los tres grupos estudiados: mujeres con identificación lesbiana estable; otras con identidad inconsistente y otro grupo más con identificación no lesbiana, no fueron coherentes a través de la investigación realizada.
La prevalencia de plasticidad y no exclusividad en la sexualidad femenina no debe ser pretexto para que se abandone los intentos para describir y explicar el perfil de la atracción por el mismo sexo en la mujer. Más aún, los estudios del proceso de desarrollo de la identidad a largo plazo pueden revelar novedosos patrones en mujeres que son atraídas por su mismo sexo.
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