|
El 2004 en Spectator. Co. Uk, un artículo de Leo Mckinstry trata del extremo al que la sociedad ha llegado respecto a la homonegatividad, término de novísima invención, junto al de diversidad sexual (aprovechando el predicamento de la diversidad) y otros por el estilo.
Si bien esta situación ilustra lo que viene pasando en un país desarrollado, puede también hacerse extensiva a otros lugares del mundo como el Perú. A continuación resumimos con algunas adiciones las agudas observaciones de Mckinstry que incluso resultan hasta cómicas.
DATOS INUSITADOS
Empieza mostrándose atónito ante la noticia de que en una localidad de Inglaterra el 50% de las adopciones aprobadas corresponderían a lesbianas, gay y bisexuales. Además, las autoridades de la misma localidad de la cual procedía la noticia habían decidido tomar rigurosas medidas contra la “homofobia”, incluyendo retirar de la lista de las personas autorizadas a cuidar minusválidos a todos aquellos que se declararan opuestos a que las lesbianas pudieran ser consideradas adoptantes.
La verdad sin embargo era otra. Sólo 16% de los padres adoptivos eran gay y tampoco eran ciertas las medidas de represalia contra los potenciales cuidadores de personas con minusvalías.
Aunque para muchos tradicionalistas a ultranza incluso este 16% les parecería grotesco, la pregunta es: ¿por qué la información, proveniente de un boletín municipal, trataba de triplicar las cifras? Para el autor este caso sería demostrativo de la medida en que el sector público de su país se identifica con la línea dura de los derechos de los gay.
ESTRATEGIA
Sería inaceptable por supuesto regresar al pasado oscuro donde los gay eran realmente victimizados, sujetos de chantaje, despido del trabajo y aún corrían el riesgo de acabar en la cárcel. Cualquiera que crea en la libertad tiene que estar de acuerdo con el final de esa época.
Pero las nuevas formas de intimidación del activismo gay de nuestros días van más allá de todo lo visto. Ahora no sólo pretenden tolerancia e igualdad sino que el propio Estado apoye su estilo de vida y se dedique a satisfacer sus “necesidades”. Al mismo tiempo, los que por ventura no están de acuerdo con tales planteamientos son acusados de “homofóbicos” y amenazados sino se callan. 1
CAMBIANDO PRIORIDADES
P arece que para las municipalidades y muchos otros servicios públicos llevar adelante los derechos de los gay sería ahora mas importante, políticamente, que el problema de la basura en las ciudades o, peor aún, la educación de la niñez.
El esfuerzo para combatir reales o supuestas discriminaciones se ha tornado un hecho fundamental en la agenda de la modernización. No sólo se trata del interés de las ONGs sino de una verdadera industria con presupuesto público organizada para llevar adelante tales propósitos.
Vivimos un proceso de descolocación de las instituciones tradicionales como la policía, las fuerzas armadas y la iglesia, con una gran avalancha de oferta de planes y empleo para los organizadores de las campañas progay.
AHORA ¿QUÉ ESPERAR?
McKinstry observa que, de la misma manera que la obsesión por el multiculturalismo trata de esquematizar a las personas por su raza, la agenda gay lo hace por su orientación sexual.
Al final, los sentimientos más complejos y privados estarán sujetos a la intervención de los servicios públicos y serán solventados por el dinero de los impuestos de los contribuyentes.
Una situación como la descrita lleva sin duda a la fragmentación social, favorece la intolerancia y crea un ambiente de rechazo hacia aquellos a los que se pretende proteger.
El comercio forjado alrededor de la discriminación gay, en paralelo a aquella que pretende que los seres humanos sean verdaderos clones “iguales” física y psicológicamente en todo, tiene especial interés en exagerar los problemas. Mientras más “prejuicios” y “desigualdades” descubra se incrementarán sus fondos y su poder.
Si no aparecen nuevos temas de opresión, estos tienen que ser necesariamente inventados, porque los nuevos burócratas necesitan ejercer su profesión y asegurar el presupuesto para el año que viene.
Las exageraciones en que ha incurrido la industria de los derechos gay ha caído victima de sus propios prejuicios: el cuestionamiento del matrimonio y la héterosexualidad. En una palabra, la héterofobia.
|