¿Deseo versus Deseo? PDF Imprimir E-mail
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Pese a esto, pocas veces se ha abordado la investigación empírica de las relaciones sexuales consentidas pero no deseadas. Lo hacen Bay-Cheng y Eliseo- Arras, en un número del Journal of Sex Research, 2008, publicando un trabajo del cual extraemos información que completamos con opiniones personales. Estos autores llevaron a cabo un estudio sobre experiencias respecto al sexo no deseado, en 22 mujeres que cursaban estudios de pregrado, encontrando una dinámica que fluctúa entre la influencia de las llamadas, y muy cuestionadas, normas tradicionales de género y el pensamiento neoliberal.

¿QUIERO O NO QUIERO?


Por lo general las relaciones de pareja son entendidas como una dicotomía, mutuo acuerdo o falta del mismo, pero que supone siempre una decisión a la vez consensuada y deseada. Sin embargo, muchos estudios ponen en cuestión la confluencia del consentimiento y la deseabilidad. Decir “si” al acercamiento sexual no es necesariamente una señal inequívoca de deseo o interés pese a que el sexo haya sido consentido.

Varios autores sugieren que casi la mitad de las parejas activas sexualmente que cursan el pregrado han aceptado tener relaciones sin realmente desearlo. Además estos hallazgos revelan diferencias según el sexo de que se trate. En mujeres de “college”, 50% informaron haber practicado sexo no deseado en las dos semanas previas a la fecha en que se recogieron los datos y solo 26% en el caso de los varones encuestados.

Consideran entonces que dada la alta incidencia de este fenómeno, sobre todo en mujeres, sería interesante conocer cual es su dinámica interna y de que modo puede ser entendido no sólo como un hecho de la psicología individual sino también en el contexto cultural en el que están inmersas las personas. Se ha escogido valorar tanto las normas de género cuanto los efectos del neoliberalismo en la conducta sexual.

SOCIEDAD PATRIARCAL ¿hasta cuándo?


Se piensa que el sexo consentido pero no deseado es un fenómeno ambiguo y complejo. La deseabilidad sería un constructo continuo, es decir con grados de mayor a menor, y multidimensional.

Una persona podría desear una relación sexual por varias razones (ejemplo: excitación sexual o lograr la aprobación de su pareja) y simultáneamente no desearlo por otros consideraciones (temor a una enfermedad transmitida sexualmente o la desaprobación de los padres si llegaran a enterarse).

Algunas veces la aceptación de la relación sin el correspondiente deseo puede atribuirse a las normas de género culturales, entre las que puede mencionarse el deseo de mantener la relación, percibir que el varón esta tan excitado que no podrá parar, presión por parte de la pareja, autoprotección contra la violencia que ocurriría si se niega, etc.


La visión conocida como heteronormativa alude a la consideración de la mujer como un objeto visual, que sería fuente de placer para el varón; la mujer, en esa misma omnipresente concepción, carecería de intereses y de motivaciones sexuales y, al contrario, el varón es concebido como permanentemente listo para el sexo.

LA MUJER ¿siempre víctima?

Las normas convencionales que señalan a la mujer como pasiva y dispuesta a dar placer operan al mismo tiempo con otras ideas que van en dirección opuesta. Nos referimos a aquellas influencias culturales que determinan que la mujer sea por propia decisión abiertamente sexual.

Son el centro de lo que se ha llamado “cultura de la provocación” por la cual la mujer es alentada a actuar realizándose ella misma como un ser sexual, condición reservada anteriormente a las estrellas de la pornografía.

Esta sexualización es entendida como parte de una mujer que es fuerte sexualmente. En esta perspectiva no funciona la ideología feminista, porque la mujer en la ideología feminista es de alguna manera un ser débil e incapaz, al no poder ejercer completo control sobre las circunstancias de su vida.

Entonces, si la mujer es victima, no es por causa de sus motivaciones o las circunstancias que le tocó vivir si no por su propia debilidad (irresponsabilidad, inmadurez y poco juicio), que puede ser superado por sí misma.

Pero el discurso neoliberal hace que se vean a si mismas como personas que piensan, son dueñas de sus acciones y libres de elegir lo que les parezca. Esta nueva imagen lleva implícitas las ideas de una persona capaz de auto determinación, la libre elección y la responsabilidad personal, que son fundamentales para la mujer moderna.

Un estudio ha examinado la influencia del pensamiento neoliberal en las actitudes sexuales de feministas, no feministas y de las llamadas “igualitaristas” (mujeres que defienden los valores feministas pero escapan de la identidad feminista). Los resultados fueron que las igualitaristas actuarían a través de una posición neoliberal, centradas en sí mismas, con una sexualidad soportada en su derecho al poder sexual y la libertad.

Otro trabajo parece mostrar como es que el discurso neoliberal erosiona los recursos de la mujer para mantener su seguridad y los reemplaza por una ideología de la autodeterminación y la responsabilidad que la llevaría a sentirse culpable al percibirse vulnerable sexualmente.

SEXO NO PROTEGIDO

Llama la atención, sobre lo que venimos diciendo, el estudio en varones homosexuales que practican sexo no protegido (conocido como “barebacking”). Al examinar en ellos los efectos del mensaje de responsabilidad personal, libre elección e individualismo, pudiéramos pensar en el origen de un “actor sexual neoliberal”, propuesto como una explicación más dada para entender el “barebacking”.

Razón por la cual este actor sexual afirmaría su derecho a la autodeterminación al decidir tener sexo no protegido (aunque el preservativo tampoco protege totalmente) y que son otros los responsables de comportarse defendiendo sus propios intereses.

Esta sería talvez una evidencia de la influencia del neoliberalismo a nivel individual y permite pensar que este mecanismo también tendría un efecto negativo sobre la idea de la normatividad de género en mujeres.

Se ha criticado que esta interpretación, aunque muy atrayente en el caso claramente patológico del “barebacking, no sería aplicable en las mujeres de nuestro tiempo y que además, se especula, estaría siendo usada parar mantener el sistema de explotación que las feministas gustan llamar “sexista”. Otro efecto negativo de esta hipótesis sería aislar también a las mujeres jóvenes del pensamiento y accionar feministas, que suponen luchar contra las normas sociales abusivas que sostiene la teoría del género.
Comentarios (3)Add Comment
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escrito por mercedes, March 07, 2009
Que la mujer tenga o no deso no afectan para nada las relaciones sexuales. En la realidad basta que acepte y por supuesto que participe aunque no lo desee.
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escrito por pedro, March 07, 2009
La mujer puede tener relaciones sexuales sin deseo pero ¿y el hombre?Una diferencia que para nada la tiene en cuenta la ideología feminista.
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escrito por anibal, March 07, 2009
Todo lo que sea combatir a las ideas feministas sobre la mujer debe ser bien recibido. La mujer moderna no quiere ser considrada una víctima y aprecia mucho valer por lo que hace.

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