Aprovecho para comentar un artículo publicado el mes pasado en la revista “Ethics and Medics” por Adam Hildebrand and Jo Massarelli respecto al tema. Estos autores dicen que realmente no existe una definición ética o médica establecida de “calidad de vida”, por lo que en general discuten la que es mas común para todo el mundo: “estimar el valor de la vida humana basándose en criterios externos”, así por ejemplo critican a la cultura de hoy que considera que la gente muy enferma o incurable es menos valiosa que los demás porque no tiene una “calidad de vida” buena (seria mas correcto de repente decir “porque nosotros-el público-cree que ellos no tienen una “calidad de vida” buena). Los autores consideran esto un error, antes el uso del termino de “calidad de vida” se refería mas a la calidad del medio en que una persona vivía, o la calidad del agua o la comida que comía entre otras cosas, pero consideran que no se puede aplicar el termino “calidad de vida” al valor de la vida del ser humano que es intrínsecamente valiosa de acuerdo con nuestra fe.
En forma concreta por ejemplo hoy en día en todas partes se usa el termino “calidad de vida” para juzgar si una persona enferma debe vivir o morir, para saber si un enfermo debe recibir o no un tratamiento adecuado, o sin ir muy lejos hasta para decidir si un ser humano debe nacer o no;
por ejemplo en un artículo reciente comentábamos como si hoy en día se descubre en una mujer embarazada un hijo que tiene Síndrome de Down (retardo mental) se ofrece a la mama eliminar el hijo por el aborto ya que el pobre niño “no tendrá una buena calidad de vida si nace” o la mama tendrá “una pobre calidad de vida si vive o cuida un hijo así”. Yo creo que todos conocemos casos de niños por ejemplo con Down o con autismo que son simplemente brillantes en música, pintura u otras cualidades no necesariamente relacionadas con la inteligencia; y juzgar nosotros que ese niño preferiría no haber nacido porque esta experimentando una “pobre calidad de vida”, es demasiado. Aun si el niño no tuviese ninguna cualidad y fuese una “carga para la sociedad” (otra frase que se usa mucho), este y otros niños ya se concibieron, nacieron y Dios los ama y tiene un plan particular para cada uno de ellos que no es precisamente la infelicidad en este mundo ni para ellos ni sus padres. Como dice el salmo 138: …” Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra, tus ojos veían mis acciones, se escribían todas en tu libro; calculados estaban mis días antes que llegase el primero”… Siguiendo con el ejemplo anterior basta que un ser humano sea creado a imagen y semejanza de Dios y redimido por Jesucristo que murió en la cruz; para que todos tengamos una dignidad humana tremenda y sagrada cuyo valor no se altera por ningún motivo socio-económico, político o religioso; y debe ser respetada.
Si arbitrariamente empezamos a definir quien tiene o no tiene una buena “calidad de vida”, empezamos también a juzgar quien vale mas o menos; es así que toda la historia de la humanidad esta plagada de atentados contra la dignidad del ser humano fruto de ese pensamiento; así por ejemplo los espartanos mataban a los niños que nacían deformados, los nazis eliminaron enfermos mentales, judíos y gitanos porque los consideraban menos valiosos, en China se abortan niñas cuando se quiere lograr tener un varón (ya que solo se permite un hijo por familia), por poner algunos ejemplos.
Es por eso que coincido con los autores de este artículo cuando concluyen que no se debería usar este termino porque induce al error, sin embargo mi opinión personal es que estando el termino tan difundido seria muy difícil prescindir de el, de repente un comienzo es que nuestra gente cristiana y no cristiana reflexione mas profundamente acerca de los que “calidad de vida” realmente significa y no se deje tan fácilmente llevar por estas ideas que son totalmente contrarias a la correcta visión de lo que es un ser humano, la dignidad que tiene y que permanecerá con el desde el inicio hasta el fin de sus días.
(*) El Dr. Luis E. Raez es Profesor Asistente de Medicina, Epidemiología y Salud Pública en la División de Hematología Clínica y Oncología Médica, Departamento de Medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami.
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