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DESEO SEXUAL: concepto
Un criterio para considerar el deseo sexual es imaginarlo como una dimensión continua. Si pensamos en el deseo sexual como una condición lineal, en la cual en un extremo encontramos personas con un deseo muy alto y en el otro, personas con uno muy bajo, entonces podemos concebir un grupo mayoritario con un nivel de deseo normal promedio, esto es, ni muy alto ni muy bajo.
Pese a reconocer que no existen muchos criterios de normalidad del deseo sexual en relación con la edad o el sexo y tampoco con su frecuencia y grado que permitan caracterizar un deseo sexual deficiente.
De los pocos estudios dedicados a investigar el tema destaca el de Nicole Prause y Cynthia A. Graham, de la Indiana University, publicado en los Archives of Sexual Behavior, accesible online el 8 marzo del 2007, de donde extraemos algunas ideas.
Al examinar lo que constituye una intensidad normal del deseo sexual ya estamos afirmando que existiría un nivel que puede decirse es exactamente “normal”.
Cuando vemos una persona que se queja de falta de deseo sexual, de acuerdo a la clasificación de desórdenes emocionales, pensamos que se trata de un Trastorno de Deseo Sexual Hipoactivo, de uno de Aversión Sexual o que requiere primero evaluar cual es la condición médica del paciente.
Una disminución del deseo sexual puede ser síntoma de un problema psicológico (como una depresión) o fisiológico como en el caso del mal funcionamiento de la glándula tiroides.
La pregunta que nos hacemos es si la condición de ausencia o deficiencia de deseo sexual debemos verla necesariamente como algo patológico. A la fecha no tenemos evidencia de que el funcionamiento mental o la conducta de estas personas señalen la existencia de un problema.
DESÓRDENES DEL DESEO: asexualidad
En el campo de la psiquiatría los profesionales de la salud mental nos guiamos por la clasificación de desórdenes mentales y emocionales, conocida como DSM (por sus siglas en inglés). La primera DSM fue publicada en 1952 y en su tercera edición, DSM III de 1980, incluyó por primera vez los trastornos sexuales que, entre otros, consideraban un llamado trastorno del deseo sexual: el Deseo Sexual Inhibido.
La última DSM, la IV-TR, 2000, le cambió de nombre y desde entonces se conoce como Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo.
Este cuadro es definido como una deficiencia o ausencia de fantasías sexuales y deseo para la actividad sexual, situación que ocasiona en el sujeto malestar (distres) intenso o dificultades interpersonales.
Las personas identificadas como “asexuales” han sido definidas de diversas maneras. Como individuos con falta de interés o deseo de actividad sexual; que no experimentan atracción sexual; no han sentido nunca atracción sexual por alguien; no tienen interés sexual, y de varias maneras más.
En un estudio sobre personas asexuales, por ejemplo, se escogió a los participantes que reconocían no preferir actividades homosexuales ni héterosexuales, en un cuestionario sobre preferencia en actividades sexuales.
Antes ya se había considerado en este rubro a una clase de transexuales, personas con serios problemas de identidad, como teniendo una falta de atracción o actividad sexual. También han sido descritas como asexuales mujeres lesbianas que han mantenido vinculaciones románticas pero no relaciones sexuales físicas.
Pese a la falta de precisión del concepto de asexualidad algunos investigadores suelen caracterizarla como una condición negativa. De tal modo que no aceptarían como algo normal la “asexualidad” de los ancianos, jóvenes lesbianas, personas con discapacidad física o severas enfermedades mentales.
En suma los investigadores han usado el término “asexual”, por lo general peyorativamente, para referirse a individuos con ausencia o disminución del deseo o atracción sexual; bajas o ausentes conductas sexuales; parejas que mantienen sólo relaciones románticas; o, finalmente, una combinación tanto de falta de deseo cuanto de actividad sexual.
Prause y Graham, señalan que se ha hecho muy poca investigación de la asexualidad. En base a un estudio epidemiológico en el Reino Unido, 1994, se ha sugerido que 1% de los adultos serían asexuales. Comparando a los asexuales con los que presentan interés o actividad sexual, los primeros destacaron por ser principalmente mujeres, de más edad, solteros, muy religiosos, con bajo nivel educativo y económico, mala salud, comienzo tardío de su actividad sexual, lo mismo que de la primera menstruación, pocas parejas sexuales, etc.
Prause y Graham hicieron un estudio por Internet en 1146 personas, de los cuales 41 se identificaron como asexuales. Estos tenían menos deseo sexual, menor conciencia de deseo y menos excitación sexual, pero no diferían del grupo normal en su puntaje de inhibición sexual o el deseo de actividad autoerótica. Entonces, el bajo deseo sexual resultaría un rasgo básico que predice la identidad asexual.
En la discusión de su trabajo los autores consideran que después de comprender mejor el constructo (la teórica que se usa para explicar un fenómeno psicológico) asexual, sería útil examinar los correlatos psicológicos y fisiológicos de la asexualidad. Estos abarcarían las respuestas psicofisiológicas sexuales frente a estímulos eróticos y la evidencia neurológica de la intensidad diferencial de experiencias afectivas; el perfil de anormalidades hormonales y conductas no motivadas sexualmente; la menstruación, fatiga física post parto o debida a una enfermedad; así como la desregulación del neurotransmisor dopamina en mujeres y hombres.
En resumen la asexualidad es una categoría clínica de aparición reciente. De por si este cuadro complica el panorama de los problemas del deseo sexual, ya que el mismo concepto de este está en pleno procso de esclarecimiento. Tengamos en cuenta que los trastornos del deseo son las disfunciones psicosexuales más complejas y difíciles de tratar.
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