 Robert Spitzer, el gonfalonero de la exclusión de la homosexualidad en la Clasificación de la Asociación Psiquiátrica Americana en la década de los años 70, publicó el 2003 un estudio en el cual presentaba los éxitos alcanzados por la llamada “terapia reparativa”, procedimiento dirigido a cambiar la orientación sexual en personas atraída por su mismo sexo.
Las consecuencias de este notorio cambio de posición se expresó en las críticas más duras de las organizaciones de homosexuales y de los psiquiatras e intelectuales “progresistas”.
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Las consecuencias de este notorio cambio de posición se expresó en las críticas más duras de las organizaciones de homosexuales y de los psiquiatras e intelectuales “progresistas”.
Resumiendo lo ocurrido Spitzer declaró que en su vida le había tocado enfrentar dos ortodoxias: en la década de los 70, la que consideraba cerradamente a la homosexualidad como una desviación sexual y, en la de los 90, la que sostenía que era, también tozudamente, una conducta normal.
El artículo mencionado apareció en los Archives of Sexual Behavior de Octubre del 2003 y fue acompañado de varios más que lo analizaban críticamente.
Fue en esa ocasión que el psiquiatra americano-canadiense Kenneth J. Zucker, editor de la revista en ese entonces, escribió un editorial titulado “La Política y la Ciencia de la ‘Terapia Reparativa’ “ en el que describía lo acontecido en el enfoque de la homosexualidad y su tratamiento en los últimos treinta años.
Creemos que vale la pena releerlo por lo que a continuación vamos a presentar sus interesantes, ideas matizadas con algunos pocos comentarios personales que quedan a ser descifrados acudiendo al original
LA HISTORIA
Se han cumplido treinta años, desde que en 1973 la Asociación Psiquiátrica Americana removió la homosexualidad de la segunda edición de su nomenclatura de desórdenes mentales de 1968 por no considerar que esta reunía los requisitos para figurar como un desorden mental.
La historia de esta trascendental medida ha sido muy bien descrita por una serie de autores, desde Bayer en 1981 hasta Nakajima, 2003.
Pero la narración de los hechos dice cosas diferentes según quien los describe. Unos enfatizan que el cambio se debió al chantaje del lobby gay y la debilidad y los intereses políticos de los psiquiatras que encabezaron la decisión. Otros, a la inversa, arguyen que fue una decisión fundamentada en la investigación y que corregía un error histórico de la psiquiatría.
Cabe notar que antes de este cambio en el diagnóstico de la homosexualidad - que pasó de ser considerada una desviación a ser tenida como una conducta normal - se podía encontrar muchos enfoques terapéuticos dirigidos a modificar la orientación sexual de personas atraídas por su mismo sexo.
La nomenclatura americana vigente en 1980 mantuvo el diagnóstico de Homosexualidad Ego-Distónica, el que fue descartado posteriormente en la revisión de 1987. Sin embargo, un lector acucioso puede notar que se mantiene, indirectamente, a la homosexualidad como una condición patológica en el rubro de “Trastornos de la Identidad Sexual”, tanto en el acápite de la patología en la infancia como en el “Trastorno sexual no especificado”.
Desde que ocurrieron los cambios mencionados los estudios sobre el tratamiento para cambiar la orientación sexual desviada comenzaron a desaparecer y fueron gradualmente reemplazados por enfoques dirigidos a “afirmar” la condición de las personas con estos problemas a fin de ayudarlas a que se adaptaran a la misma.
Paralelamente fueron registrándose un conjunto de necesidades psicológicas, médicas y sociales que podrían encontrarse en homosexuales y lesbianas que acudían a los consultorios.
Es bien conocido que no todos los profesionales de la salud mental estuvieron de acuerdo con la decisión de eliminar el diagnóstico de homosexualidad de la clasificación americana. Sin embargo, pareciera que en la actualidad una minoría de clínicos considera que la homosexualidad es en sí misma patológica, aunque cabe advertir que no existen encuestas confiables sobre la situación real.
Dejando el problema diagnóstico de lado, es evidente que, al igual que los héterosexuales, los homosexuales y las lesbianas consultan por una amplia variedad de razones y existe por lo menos una revista científica, el “Journal of Gay and Lesbian Psychoterapy” dedicada específicamente a la terapia de las personas con desórdenes de la orientación sexual.
TERAPIAS : REPARATIVA y AFIRMATIVA
En el comienzo de los años 90 apareció también un movimiento de clínicos disidentes de considerar la homosexualidad como una condición no patológica. Argumentaban que había algunos pacientes con orientación sexual homosexual que, por diferentes razones deseaban cambiar y que también por varias razones, su intención no solamente debería ser respetada sino que había que darles oportunidad de tratarse.
Este movimiento fue presidido por el médico psicoanalista Socárides quien como es bien conocido estuvo siempre en desacuerdo con la decisión de la Asociación Psiquiátrica Americana y por el psicólogo Nicolosi que ha sostenido la misma posición en numerosas publicaciones. Ambos han descrito una técnica para tratar la homosexualidad conocida como “Terapia Reparativa” que aplican a centenares de pacientes con este tipo de patología.
En la misma línea se fundó en 1992 la Asociación Nacional para la Investigación y Terapia de la Homosexualidad (NARTH) que tiene un Boletín, una página web y realiza conferencias anuales en las que se discute la etiología, diagnóstico y tratamiento de la homosexualidad.
Desde luego que el concepto de “cambio” es en sí mismo complejo. Esta cuestión ha sido abordada desde hace veinte años fundamentalmente desde dos ámbitos teóricos e ideológicos lo más alejados que uno pueda imaginar. De un lado, está el movimiento de terapia reparativa que es calificado política e ideológicamente conservador y “de derecha”. Del otro, el movimiento del construccionismo social, tenido política e ideológicamente como liberal y “de izquierda”.
Sin embargo, cosa curiosa, ambos afirman que el fenómeno de la orientación sexual es más fluido que fijo, más cambiante que rígido. Esto nos hace pensar que cobra realidad la idea de que la ciencia y la política pueden tener extrañas coincidencias.
No sorprende que el debate entre NARTH y sus críticos haya sido extremadamente acalorado. Los argumentos a favor o en contra de la terapia reparativa han ido mucho más allá de discutir la evidencia empírica acerca de su efectividad y eficacia o la falta de las mismas y más bien se han centrado en gran medida en asuntos de ética y política sexuales.
La polémica ha dado lugar a declaraciones formales de organizaciones profesionales que han criticado la “terapia reparativa”, como los de la Asociación Psiquiátrica Americana, desde 1999 y de la Asociación Psicológica Americana a partir de 1998.
A este respecto resulta desconcertante, desde una perspectiva empírica más circunscrita, la poca información que se puede encontrar acerca de los resultados de este tratamiento.
Las declaraciones aludidas llaman la atención sobre complejos asuntos éticos en relación con el tratamiento incluyendo aquellos que tienen que ver con la autonomía individual y los acuerdos a los que podráin llegar terapista y paciente.
Es necesario decir, que la falta de verificación empírica es bastante frecuente no sólo en este tratamiento sino en muchos otros de carácter psicológico, lo mismo que farmacológicos, aplicados en definidos trastornos mentales y en problemas de la “vida diaria”
Entonces, la falta de datos firmes en el caso de la “terapia reparativa” no debe sorprendernos, ya que pese a la cantidad de trabajos publicados sobre la otra terapia - la dirigida a facilitar la adaptación del homosexual a su condición - tampoco tiene sustento en evidencias científicas.
CONCLUSIÓN
Tanto la terapia reparativa como la de ayudar al homosexual a adaptarse y aceptar su condición parecen estar en sus comienzos y la afirmación acerca de beneficios y peligros de una u otra deberá ser tomada con precaución.
En ausencia de información comprobada se hace entonces difícil comprender como es que organizaciones profesionales - las asociaciones de psiquiatras y psicólogos americanos - pueden hacer declaraciones tan rotundas que más parecen influidas por un fuerte fervor retórico que asentadas científicamente.
Para nosotros es un consuelo que afirmaciones de este tipo en el Perú sólo provengan de medios de comunicación despistados e intelectuales progres. |
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