VIOLENCIA DE GÉNERO: ¿Cuál es la realidad? PDF Imprimir E-mail
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La violencia familiar ha sido el campo predilecto desde el cual el feminismo por décadas ha tergiversado la realidad. Felizmente se ha hecho la luz y ahora sabemos la verdad de la llamada, “violencia de género”.

Esta idea, la mujer exclusivamente maltratada y el varón siempre agresor, ha sido un mensaje claramente propagandístico no para defender a la mujer sino para que ciertos grupos hagan carreras universitarias o accedan indirectamente a posiciones sociales de poder.

Pero , en la línea de Rodriguez Barragán, creemos que “Luchar contra la violencia hacia las mujeres nos parece necesario para impedir los malos tratos, el acoso sexual, el proxenetismo y la prostitución presentes en nuestro ámbito. También nos parece necesario para evitar, por ejemplo, la mutilación genital, la imposición familiar del cónyuge o los castigos inhumanos como la lapidación, en el ámbito musulmán. Hay que luchar contra la situación de la mujer en China donde las niñas, no los niños, se entregan en adopción a parejas de otros países y tantas otras situaciones absolutamente rechazables”.
A continuación resumimos como es la realidad de la violencia en la vida de las parejas, esposos o enamorados.

ANTECEDENTES
Como lo han mostrado Dutton y Nicholls, 2005, puede decirse que la violencia familiar es reconocida como serio problema social desde los primeros años de la década de los 70. La investigación y el activismo de género pusieron en el tapete el problema, al alimón, determinando que esta situación era en la práctica más frecuente de lo que se creía.

El error, talvez premeditado, fue enfocarse en los casos extremos de violencia contra la mujer, llevada a cabo por sujetos perturbados, dando origen a medidas de salud pública, como la instalación de las casas de acogida y el tratamiento obligatorio para los agresores. Nada de eso estaba mal pero no reflejaba la realidad de este problema psicosocial.

Para peor, la investigación basada en muestras provenientes de los juzgados y de los centros de atención de mujeres maltratadas dio lugar inevitablemente a una selección de la población estudiada, contraria a la metodología científica, y que ha llevado a equívocos por años, incluso hasta el presente. La selección de la muestra, es decir estudiar sólo la población femenina y más todavía a las mujeres que habían sufrido maltratos, a lo que se sumó la ideología feminista radical hegemónica por esa época, hicieron que se diera por cierto que el varón era el exclusivo agresor.
Sin embargo, la investigación posterior ha mostrado una realidad diferente, esto es, tasas equivalentes de violencia protagonizada tanto por hombres cuanto por mujeres. Estos nuevos hallazgos fueron recibidos con marcado escepticismo e incluso rechazo por la comunidad de activistas de género.
El mismo prejuicio y error muestral podemos verificarlos en el estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), “Salud femenina y violencia doméstica contra las mujeres”, 2005, que no es como debería ser una investigación sobre la pareja, sino en una muestra seleccionada y cuyo mismo título adelanta lo que se supone debería probarse.

La OMS, como es fácil demostrar, muta muchas veces de organismo técnico a político, como en este caso, en que adopta la ideología feminista, no declarada explícitamente, que trata de pasar por ciencia.

Para terminar, los mismos autores del estudio reconocen la importancia de haber podido contar con una muestra de la población masculina, pero dan razones increíbles para explicar porque no lo hicieron: ¡ proteger la seguridad de las mujeres encuestadas y los gastos que ocasionaría!. Lo mismo se puede decir de las Conclusiones del XXXVIII Foro “Salud y Desarrollo”. Violencia de Género, 2007, de la Academia Peruana de la Salud, que desde su título, “violencia de género” y no “violencia doméstica” o “violencia familiar”, traduce su visión sesgada del problema.

IDEOLOGIA FEMINISTA
La teoría feminista asumió la ideología de que la violencia del hombre hacia la mujer era consecuencia directa de la sociedad patriarcal y por tanto exclusivamente masculina. Posición dogmática que se mantiene hasta nuestros días. Esta visión, sobre la sociedad patriarcal, es un verdadero “paradigma”, que da lugar a un conjunto de creencias desde las que se percibe al mundo, compartidas por un grupo y que les sirve de defensa frente a la información que contradiga las bases del paradigma.
El feminismo, Dutton, 1994, citado por Dutton y Nicholls, percibe las relaciones sociales bajo la óptica del género en una sociedad patriarcal. En esta visión neo marxista, el hombre (el burgués) trata de obtener, a través de la fuerza, ventajas sobre la mujer (la proletaria).De modo que la violencia familiar sería un maltrato físico del hombre para mantener su poder frente a la mujer y en caso que la violencia procediera de ésta aducen que tendría sólo un carácter defensivo con fines de autoprotección.

UNA METAFORA
La violencia entre la pareja es mucho más compleja y ocurre muchas veces indistintamente entre los integrantes, es decir participando los dos por igual, y en otras un solo miembro es el agresor, muchas veces la mujer.

La “mujer víctima” ha resultado siendo, según ha sido ya señalado, una composición literaria, metáfora que busca no tanto defender a la mujer sino que ciertas organizaciones feministas traten de alcanzar situaciones de poder.

La estrategia en este caso no está interesada en el valor académico de sus afirmaciones sino más bien en si éstas son o no útiles a sus propósitos; tampoco muestra interés en fundamentar sus argumentos porque sus objetivos son de naturaleza propagandística.
Explicaciones de la violencia en la pareja heterosexual (de paso señalaremos que entre parejas lesbianas es mayor) han dado lugar a varias hipótesis, diferentes a las del dominio hombre-mujer, que van desde problemas para integrarse en la intimidad hasta disturbios psicológicos en uno o ambos integrantes. Por otro lado, para el varón, no resulta una reacción natural hacer públicas las agresiones que pueda sufrir por parte de su pareja que además tiende a subestimar. Tampoco el varón está sujeto a una norma de la fuerza social como aquella que dice “a la mujer ni con el pétalo de una rosa”.

ESTUDIOS CIENTIFICOS
Las investigaciones científicas de los últimos años nos han dado a conocer consistentemente la verdadera situación de la llamada violencia familiar. Realidad que ha sido nuevamente ratificada en un último estudio de Whitaker y cols, 2007, titulado “Differences in Frequency of Violence and Reported Injury Between Relatioships With Reciprocal and Nonreciprocal Intimate Partner Violence”, publicado recientemente en la prestigiosa revista americana de salud pública, American Journal of Public Health

El resumen del trabajo mencionado dice entre otras cosas lo siguiente:
“La investigación buscó examinar la prevalencia de la violencia en las relaciones íntimas de pareja, ya tenga ésta carácter recíproco (es decir, cometida por ambos miembros de la pareja) o no recíproco (cuando proviene de uno solo de ellos) […].
Se analizan los datos del Estudio Nacional de Salud Adolescente, 2001, en jóvenes norteamericanos de 18 a 28 años de edad. Esta encuesta contiene información específica acerca de las lesiones y la violencia en la pareja y fue realizada en 11,370 jóvenes en 18,761 relaciones heterosexuales. Hemos encontrado que casi el 24% de todas las relaciones examinadas habían tenido algo de violencia y que la mitad (49.7%) fueron con violencia de carácter recíproco (proveniente de cualquiera de los integrantes de la pareja).
En relaciones violentas de carácter no recíproco (violencia a partir de un integrante) las mujeres fueron las agresoras en más del 70% de los casos. […].

Considerando las lesiones, los hombres tuvieron mayor preeminencia para causar lesiones que las mujeres […], y la violencia de pareja de carácter recíproco estuvo asociada con mayor número de lesiones de lo que fue si esta tenía la forma de violencia no recíproca, sin considerar el género del agresor […].”

RESUMEN
La violencia familiar aparece como un serio problema social a comienzos de la década de los 70, pero desde el principio fue distorsionada por la ideología feminista, que fiel a su sesgo doctrinario, afirmó que esta era exclusivamente perpetrada por el varón.
Las investigaciones de los últimos veinte años dicen lo contrario: en la violencia de pareja participan los dos integrantes con tasas muy similares y, cosa sorprendente, algunas veces es mayor la violencia en que la mujer es protagonista principal. Las agresiones sufridas por los hombres no cobran notoriedad por una serie de razones de naturaleza cultural y la propia reacción del varón agredido.

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