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INSOMNIO: lo que usted debe saber PDF Imprimir E-mail
El insomnio es uno de los problemas más frecuentes, tanto en la población general cuanto en aquellos que padecen otros problemas de salud, desde un cuadro depresivo hasta enfermedades que causan dolor.

Por eso resulta útil que todos estemos al tanto de qué es lo que se conoce en este momento sobre las causas, la evaluación y el tratamiento de los trastornos del sueño. Para lo que recurrimos a comentar el artículo de Daniel J. Buysse, “Chronic Insomnia”, aparecido en el número de Junio del presente año de la revista American Journal of Psychiatry.

¿QUÉ ES EL INSOMNIO?
El autor empieza señalando que el insomnio puede ser un síntoma, es decir una molestia aislada, y entonces es entendido como una dificultad para conciliar, mantener o gozar de una buena calidad de sueño.
Menciona la clasificación americana de desórdenes mentales que incluye el insomnio entre los criterios para diagnosticar varios desórdenes mentales y el insomnio como un trastorno, concebido entoncescomo la dificultad para dormir que está acompañada por malestar y afectación de las actividades de la persona.
La clasificación americana también considera un insomnio que llama Primario que sería el que dura menos de un mes y que no es debido a otro problema médico. El insomnio Secundario, por su lado, sería aquel que causa severo malestar o afecta la actividad y está directamente relacionado a otros trastornos emocionales o físicos.

Otra clasificación consideraría dos tipos de insomnio: para conciliar y para mantener el sueño; y, otra más, toma en cuenta la duración: un insomnio agudo, otro de corta duración y, finalmente, uno más, de carácter crónico.

¿COMO SE DIAGNOSTICA EL INSOMNIO?
Como todos los psiquiatras Buysse también cree que la historia clínica (tomar datos ordenados de la biografía, la situación actual y las características de un problema médico) es el instrumento fundamental para el diagnostico del insomnio.
Recomienda describir los síntomas actuales, no sólo el tipo de problema que se presenta al acostarse sino también las costumbres y los modos de vida del individuo. Se deberá indagar por la hora de acostarse y la de levantarse, las variaciones del dormir día a día y las situaciones emocionales, los pensamientos y las condiciones físicas próximas a ir a la cama.

También los síntomas de trastornos específicos del sueño que pueden permitir diagnosticar cuadros como el ápnea del sueño o el síndrome de las “piernas inquietas”.

Se deberá tomar en cuenta las consecuencias del insomnio durante el día, sobre todo, cómo afecta el estado de ánimo, el sentirse fatigado o tener dificultades para pensar y concentrarse. Es importar conocer asimismo el uso de medicamentos que afectan la transmisión nerviosa como altas dosis de cafeína, alcohol y fármacos antidepresivos.

Se ha hecho de uso corriente en el diagnóstico del insomnio aplicar un registro diario de por lo menos dos semanas en el que se consignan las características del dormir del paciente: horas de sueño, hábitos del dormir, etc.
Los estudios de laboratorio muy difundidos desde hace pocos años no serían de mucha utilidad salvo situaciones específicas como en el caso de padecimientos del sistema endocrino. Lo mismo se puede decir del extendido estudio conocido como polisomnografía, que sí es muy útil cuando se sospecha trastornos específicos del sueño.

TRATAMIENTO
En la actualidad el tratamiento del insomnio es de dos tipos: psicológico- conductual y farmacológico, aunque lo más común es que se usen los dos en forma combinada.
Este artículo no pretende extenderse en profundidad sobre el tratamiento del insomnio, sólo quisiera nombrar, como lo hace el mismo autor, las técnicas cas psicológico conductuales específicas.

Estas incluyen: la terapia de restricción del sueño y la de control de estímulos; el uso de técnicas de relajación y la aplicación de múltiples técnicas conductuales.

Todas ellas consideran informar al paciente sobre el sueño, su necesidad y regulación fisiológica; establecer un horario de sueño más regular, sobre todo respecto a la hora de levantarse en las mañanas; limitar el tiempo entre el acostarse y la hora de dormir; reforzar la cama y el dormitorio como un estímulo para el sueño y no para estar despierto.
El tratamiento farmacológico se basa casi específicamente en fármacos de la familia de los benzodiacepínicos, siendo muy importante su tiempo de vida media, es decir, cuanto dura el fármaco dentro del organismo. Está comprobado que estos remedios reducen el tiempo en conciliar el sueño y también aumentan el número de horas del mismo.

El autor recuerda que el alcohol y los antihistamínicos son los medios que más usan las personas sin prescripción médica. Si bien el alcohol puede promover inicialmente el sueño, favorece su interrupción en el resto de la noche. Sobre los antihistamínicos, hay muy poca evidencia que permita recomendarlos.

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