
15. En este contexto, de acuerdo al último Censo del año 2002, hay un aumento en la precocidad de la maternidad adolescente, especialmente de jóvenes solteras. A la vez, datos disponibles también constatan que hay diferencia en el país en la edad de iniciación sexual, como también en la edad del acceso y uso de anticonceptivos. Esta iniciación es más temprana en niñas de menor nivel socioeconómico, cuya falta de oportunidades sociales muchas veces les hace ver la maternidad como finalidad y como algo deseado. Estos antecedentes permiten plantear la necesidad de enfatizar políticas que resuelvan las brechas socioeconómicas y educacionales. Desde el punto de vista de salud eso supone enfatizar uno de los objetivos sanitarios propuesto para la década (Ministerio de Salud, 2002):
“Retraso de la edad de inicio de la actividad sexual”.
16. Las Normas presentadas por el Ministerio de Salud pretenden ser instrumento de apoyo para el logro de los Objetivos Sanitarios en esta materia. Sin embargo, según demuestra la experiencia de otros países, los objetivos de impacto que proponen las Normas no son posibles de alcanzar exclusivamente mediante las estrategias propuestas por ellas. Para que las políticas sanitarias sean efectivas, en particular en los adolescentes, se requiere de un abordaje integrado que permita cerrar las brechas socio-económicas y educacionales del país y promover la integración social. A la vez, se hace necesario un fuerte trabajo en el ámbito psico-social, que avance hacia un enfoque preventivo y especialmente promocional para los adolescentes.
17. Asimismo, los estudios subrayan por doquier la importancia de apoyar, educar y proteger el desarrollo adolescente. Principalmente la familia, y también la escuela, comunidades y organizaciones que rodean al adolescente, pueden ayudarle a lograr las tareas propias de su desarrollo, pero también pueden ser una barrera para su logro. Los adolescentes necesitan entornos que les ofrezcan información, orientación y apoyo emocional, como también reglas, estructuras, expectativas claras y elevadas y límites coherentes bien definidos. Así, los planes, políticas y programas de salud dirigidos a fortalecer el desarrollo y la salud integral del adolescente deben hacer partícipe a la familia y a los adultos cercanos como algo fundamental para un desarrollo armónico, en el que se integren valores como respeto, solidaridad, generosidad, afectividad, humildad, espiritualidad y honradez. En cambio, en las Normas se propone privilegiar el derecho a la intimidad y al ejercicio de la autonomía individual por parte de los adolescentes, lo que en la práctica significa que ellos se vean privados del derecho a recibir el apoyo y la orientación de sus padres en un momento importante y delicado de su desarrollo afectivo.
(*) Autor: Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile,Fecha: 10/01/2007