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ACOGER Y PROMOVER LA VIDA(*) Parte Segunda PDF Imprimir E-mail
Una aproximación ética antropológica

10. Un documento que de suyo es “normativo”, resulta ambivalente al pretender simultáneamente mantener una postura moralmente neutra, cuando en toda decisión técnica subyace un punto de vista valórico.
Las Normas adhieren claramente a la así llamada “perspectiva de género” y a la corriente “principalista” de la bioética, que enfatizan una autonomía individual que pasa incluso por sobre el derecho a la vida y a la dignidad de otros seres humanos, lo que contradice sus pretensiones de neutralidad.

11. El texto, a la vez, revela inconsistencia. Pese a repetir su expresa intención de no interferir en la decisión de las personas acerca de su forma de encarar el tema de la regulación de la fertilidad, critica a “algunas religiones [que] sostienen que no es posible separar el fin unitivo del fin reproductivo del acto sexual” (p. 25). Esta es una alusión clara a la doctrina de la Iglesia Católica.

12. Además, el texto está redactado de tal modo que no permite el necesario desarrollo y profundización que exigen temas como éste. Una lectura más detenida revela, en efecto, serias insuficiencias teóricas. Éstas se manifiestan, principalmente, en la omisión o poca consideración que hay acerca de conceptos fundamentales como amor, libertad y responsabilidad (personal y social), familia. Y esto se debe en gran medida a que tampoco trata con claridad el concepto de persona. Así se diluye toda su argumentación frente a los derechos y la dignidad humana, entregando una imagen reductiva de la persona, que aparece como un ser hedonista, materialista e individualista.

13. En las Normas aparecen un relativismo ético y una visión antropológica que ponen en riesgo el respeto por la vida y la dignidad de las personas, al menos de los más desvalidos y sin voz frente a los organismos de poder. Entre ellos están no sólo las posibles víctimas de la violencia sexual y de la pobreza, sino también las personas aún no-nacidas (los embriones), de cuya dignidad personal no se habla ni una sola vez en el documento.

(*) Autor: Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile,Fecha: 10/01/2007
 
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