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De la misma manera como hay consenso en lo que atañe a la magnitud y la velocidad que caracterizan al desarrollo evolutivo que comprende la infancia y la adolescencia, también lo hay en que es en estas épocas de la vida cuando se adquiere gradualmente la maduración de todas las funciones que van a desembocar -en la vida adulta- en una sexualidad sana, que podrá o no ser ejercida de manera libre y responsable.
El interés del niño por el sexo nace muy temprano, aún antes de que pueda manifestarlo con palabras. Así, es frecuente que los padres observen que desde que el pequeño tiene capacidad motora para hacerlo, empieza a explorar su propio cuerpo.
Más adelante, cuando nace la adquisición del lenguaje verbal, el niño empezará a tratar de hallar los nombres de las diferentes partes corporales: ojos, nariz, manos, boca, pene, vulva, etc. Es conocido el error en que se incurre frecuentemente al mostrar incomodidad y no dar a los niños los nombres correctos cuando se refieren a los genitales externos.
Según Conn, cuatro factores principales influyen en la actitud del niño hacia el sexo. El primero tiene que ver con la contribución hecha por el lenguaje. Los niños se muestran sensibles y a la par interesados por determinadas palabras desde muy pequeños. Han visto que alguien ha sido reprendido por usar esas palabras; han observado la incomodidad de los mayores al oír estas palabras y el intercambio de miradas y el tono coloquial de los niños más grandes cuando ellos los han sorprendido hablando estas palabras. El niño, en forma intuitiva y, como defecto de crianza, entiende que hay partes que "no se nombran”; cosas de las que "no se habla"; etc.
Un segundo factor está representado por la edad. La idea que el niño puede tener del sexo, las relaciones sexuales, etc. está limitada por su desarrollo intelectual. Por eso la información necesaria para satisfacer su curiosidad tiene que ser adecuada a su capacidad de comprensión y su interés.
El niño de dos años distingue el sexo en cierto grado por el estilo del peinado, el vestido, la voz, los accesorios (carteras, joyas, etc.). Un poco después se interesará por la forma de orinar. La niña comprobará que no puede hacerlo de pie como su hermano y descubrirá que ella no dispone de lo necesario para esto. Paralelamente los varones asumirán con orgullo su pertenencia. Surge así una etapa muy interesante para el desarrollo psicosexual. Las niñas pasan por la época conocida como de "envidia del pene" y los varones por la "ansiedad de castración". El niño piensa que es evidente que a las niñas les falta una pieza muy importante del cuerpo y elucubran una serie de ideas: está por salirles; alguien se la cortó o, a lo mejor, se portaron mal y en castigo se les cayó. Parte de los juegos característicos de esta edad tienen que ver con estas ideas y la curiosidad de los niños por averiguar si alguien del sexo opuesto escapa a la generalidad.
Alrededor de los cuatro años el niño adquiere la primera noción de identidad que lo acompañará toda su vida: la identidad sexual. Esta que podríamos definir como la íntima convicción de pertenecer a un sexo determinado, se traduce de inmediato en una forma de comportamiento culturalmente asignado para cada sexo y que se conoce como "rol genérico" o "papel sexual". Las niñas a esta edad son exquisitamente femeninas y los varones, todo lo masculinos que la crianza y las costumbres hogareñas lo permitan. Los niños, cualquiera sea su sexo, afirman querer casarse con el padre del sexo opuesto al cual ven como el modelo de atracción.
Pueden jugar juntos -niños y niñas- pero siempre será fácil observar cómo no abandonan los roles asumidos que la cultura refuerza estemos o no de acuerdo.
Entre los cuatro y los seis años el interés se dirige a conocer el origen de la vida. Al mismo tiempo que el niño se preocupa por conocer quién puso el sol en el cielo; por qué está el mar siempre lleno de agua; por qué caminan los autos, etc., un día preguntará dónde estaba él (ella) antes de nacer o, nos hará la pregunta clásica ) de dónde vine yo ?. Obtenida esta respuesta, nuevamente entrará, en ejercicio de la generalización, a preguntarse si todas las señoras gordas tienen un hijito adentro...
De los seis a los ocho el niño cuya curiosidad ha sido gradualmente satisfecha, empezará a mostrar preocupación por conocer detalles del nacimiento. Preguntas relacionadas con "la salida" del niño del cuerpo de la madre que deberán ser resueltas de acuerdo como hemos dicho a la capacidad para entender y los conocimientos del niño, en el lenguaje más sencillo y sin necesidad de caer en relatos traumáticos de dolores y patologías. A esta edad, el niño entra al mismo tiempo en el fascinante mundo de la socialización externa; tiene amigos y amigas pues ya se mueve en el ambiente escolar.
Todo aquello que quede sin resolver en casa será fácil de ventilar y aclarar conversando con sus pares en edad y condición. De hecho, las conversaciones a los ocho años tienen como tema preferido el sexo y, el niño con mayores conocimientos al respecto goza de prestigio dentro del grupo que lo escucha atentamente...
Entre los ocho y los diez, la mayoría de niños completa información acerca de la menstruación, detalles del embarazo, la lactancia, las conductas homosexuales; y, después de los diez y hasta los doce, más o menos, centrarán su interés en todo lo concerniente al enamoramiento, las relaciones sexuales, riesgos de embarazo y sus posibilidades al respecto.
El tercer factor es la socialización. El interés por el sexo es estimulado por el contacto y la discusión con otros niños. Como hemos ya mencionado, cuando el mundo del niño se amplía y sale del hogar, lleva sus inquietudes y curiosidades al grupo para intercambiar opiniones, asegurar sus conocimientos y, si posible, mejorar su prestigio social en calidad de joven consultor e informante.
El cuarto factor que tiene que ver con la actitud del niño hacia el sexo es el "sensual". Los niños muchas veces se dan cuenta de sensaciones genitales que les causan placer; si estas sensaciones se repiten con cierta frecuencia su atención se dirigirá cada vez más hacia sus órganos sexuales. En algunos niños se observan erecciones frecuentes desde los primeros meses de vida. Por lo general se relacionan con la micción pero no es raro que sean resultado de la manipulación por parte del niño. Hay niñas muy pequeñas que se masturban, sin que esta conducta tenga la connotación que tiene en el adulto. No es raro que la primera vez hayan experimentado una sensación de placer y alivio de tensiones que hace que cada vez que estén tensas se masturben.
A partir de los diez años el niño se interesa más por los niños de su mismo sexo y se forman amistades y grupos. Las fantasías sexuales, extraordinarias en niños de menos de nueve años, se hacen cada vez más frecuentes y van acompañadas de sentimientos de culpa y temor a sus posibles malas consecuencias.
La pubertad es el período entre el comienzo del brote de crecimiento, acompañado por la aparición de caracteres sexuales secundarios y la aceleración de la maduración sexual que es anunciada por la menarquia o primera menstruación en las niñas. Comienza después de los diez años, pero los cambios hormonales característicos han empezado a llevarse a cabo varios años antes.
La adolescencia abarca el período entre el comienzo de la pubertad y el logro de la madurez sexual. El comienzo de la adolescencia es más marcado en las niñas que en los niños, a partir de la menstruación. En los varones una de sus características está dada por las emisiones nocturnas, aunque esto es influido por una serie de factores externos.
La adolescencia se caracteriza por un crecimiento físico acelerado que cambia las proporciones corporales; profundos cambios en la actividad hormonal; rápido crecimiento y maduración de los órganos sexuales y una ampliación y profundización de los intereses intelectuales y emocionales.
El desarrollo de los caracteres sexuales secundarios crea problemas de estética particularmente en las niñas: es frecuente que caminen encorvadas en el vano intento de ocultar el crecimiento de los senos. Hay otras que, como producto de una orientación más adecuada, asumen mejor la nueva situación y se entusiasman por el uso del brassiere y demás modas femeninas.
En los varones, al influjo de las secreciones hormonales, se desarrollan los testículos; aumenta la vascularización del pene y el escroto: hay pigmentación primero, luego engrosamiento, punteado y arrugamiento de la piel del escroto y aumento de tamaño de la próstata. Más adelante, el pene aumenta de tamaño; aparece el vello púbico y axilar; también aumenta de tamaño la laringe ocasionando la profundización de la voz. Esto se acompaña de aumento de secreción de las glándulas sebáceas y acné facial.
En las niñas, el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios comprende el aumento de tamaño de los pezones y areolas, generalmente con pigmentación de los mismos. Hay cambios en los senos, la vulva, la vagina, el útero y las trompas. Asimismo, crece el vello púbico y axilar; hay acné y aumento de tamaño de los labios mayores.
El comienzo de la menstruación varía entre los nueve y los quince años. Al parecer intervienen aquí factores genéticos pues se ha comprobado que la menarquia se produce antes en unas familias y más tarde en otras. También juegan algún papel en ésto el estado nutricional y el ambiente favorable.
Recomendaciones
Los niños son muchas veces llevados a consulta médica porque juegan y tratan de experimentar con el sexo, generalmente con niñas de su misma edad. La motivación de esta conducta reside en la curiosidad y, el mejor tratamiento consiste en dar a los niños la información sexual más comprensible y adecuada a su edad y capacidad de entender.
Algunos niños son tímidos y no tienen amigos con quienes conversar de estos temas; tampoco encuentran cómo manifestar en el ambiente familiar sus inquietudes. Como resultado, suelen tener ideas muy extrañas acerca de los órganos sexuales de las niñas, las relaciones sexuales, etc.
Otros niños encuentran dificultades para asumir su papel sexual o rol genérico. Siendo varones, se comportan como niñas y se aíslan. Siendo niñas, se comportan como varones y, si bien esto las hace momentáneamente populares, dista de ser garantía de una vida adulta equilibrada y feliz. Todos ellos necesitan ayuda especializada para poder determinar qué está pasando en las vidas de estos niños y tomar las medidas que en forma oportuna podrán revertir la situación.
La preferencia de compañía con miembros del propio sexo durante la primera parte de la adolescencia es normal y debe conversarse con el adolescente. Debe ayudársele a comprender que se producirá un cambio gradual de admiración hacia miembros del sexo opuesto así como advertírsele acerca de la inconstancia e intensidad del amor físico.
El deseo sexual en la adolescencia puede ser muy intenso y causar profunda perturbación en los jóvenes y deberían tener la oportunidad de conversar acerca de ésto libremente. Una actitud de comprensión, afecto, naturalidad e interés ayudaría notablemente al joven en esta época de incertidumbre.
No es suficiente hablar con el adolescente acerca de algunas nociones sobre el sexo y el amor. Necesita vivir en un ambiente de comprensión mutua, compañerismo y afecto. Así, por el ejemplo de sus padres aprenderá más de relaciones humanas y responsabilidades que por cualquier cantidad de instrucción formal. Si ve en sus padres una relación satisfactoria, es probable que obtenga una vida sexual satisfactoria para sí.
Debe estimularse la interrelación de jóvenes de ambos sexos, dándoles oportunidad de aprendizaje social que les resultará muy valiosa para su desenvolvimiento.
La noción de que la relación sexual sin amor es incompleta para el ser humano hará reflexionar a los adolescentes antes de emprender acciones no premeditadas, recordando que si de verdad quieren ser considerados como adultos, no pueden actuar como los niños, sin planificar sus acciones. Si se inculca respeto por las personas, estaremos evitando la utilización de un ser humano para deleite personal de otro. La relación sexual puede y debe ser una experiencia emocionalmente intensa y no debería ser llevada a cabo en forma casual...
El adolescente tendrá que aprender que es necesario a veces postergar placeres inmediatos y disciplinarse para obtener algo más duradero y profundo en una época posterior.
Hay que cuidar, como en la infancia, la forma cómo se presenta la sexualidad al adolescente. Cuando el sexo se asocia con lo malo y prohibido, se generan reacciones de vergüenza, culpabilidad y angustia que pueden hacer incompatible el concepto de felicidad en el amor, la vida de pareja y los hijos. Pueden dar lugar inclusive a problemas de personalidad que hagan muy difícil la adaptación dentro del matrimonio.
Esto es particularmente importante en el caso de las niñas las cuales disponen de muy poca información práctica y útil acerca de aspectos tan importantes como son los relacionados con conductas de riesgo, límites en su relación con personas del sexo opuesto, condiciones para la procreación, conductas homosexuales, etc., que sí se suelen dar a los varones, lo que explicaría en parte la incidencia creciente de embarazo en adolescentes.
En resumen
El desarrollo psicosexual, como parte del desarrollo general del ser humano, requiere vigilancia y conocimiento de sus diferentes etapas evolutivas. Como la mayoría de las áreas funcionales de las personas la sexualidad puede y debe deparar grandes satisfacciones al ser humano. Sin embargo, es bueno recordar que también puede ser una fuente de infelicidad y conflictos para la propia persona y para quienes se relacionen con ella si no se le presta la debida atención en los momentos más oportunos: la infancia y la adolescencia. |