HOMBRES QUE TIENEN SEXO CON HOMBRES
El término “hombres que tienen sexo con hombres “, HSH, emergió según Martin Foreman para describir en general las relaciones sexuales entre individuos del mismo sexo, en este caso hombres, y evitar la estigmatización de las personas homosexuales al asociarlas con el VIH/SIDA. Pero así obviaron factores fundamentales para entender la expansión de la infección, es decir las circunstancias en que ocurre el contagio, las preferencias sexuales y la importancia de la identificación con que se reconocen los mismos protagonistas.
HSH data según parece de mitad de los 90 y Young (2005) observa que se ha extendido, desde su aplicación en los trabajos en torno al HIV a su uso corriente cuando se trata de las” minorías sexuales".
Existe la propuesta de sustituir la palabra “men” por “male”, desechada pronto por considerarse ofensiva. La alternativa sería entonces usar otras frases como “hombres y jóvenes que tienen sexo con hombres y jóvenes”, pero dada su extensión no ha tenido fortuna, aunque otra más corta podría ser “ sexo entre hombres”..
Young, explica las razones que concurrieron a generalizar su uso: por un lado necesidades de carácter epidemiológico y, del otro, argumentos provenientes de la doctrina del construccionismo social. El enfoque epidemiológico habría tenido la intención explícita de evitar los complejos significados sociales y culturales de la sexualidad y atenerse mejor a una visión estrictamente biomédica .En otras palabras preferir la conducta y no la identidad como el factor de riesgo para la infección.
El construccionismo radical, afirmando que las "sexualidades" son producto de las condiciones sociales y su rechazo a las categorías, se opuso como era previsible al término "identidad sexual" y tampoco reconoció la normal relación entre identidad, conducta y deseo sexuales..
Pese a lo dicho, todavía algunos autores insisten en afirmar que el termino HSH constituye una terminología muy clara para describir la identidad, personalidad y actividad sexual de los hombres que tiene relaciones sexuales con personas de su mismo sexo. No obstante que incluye en un todo homogéneo a homosexuales, gay, bisexuales, travestis , transgéneros ( término este último que no figura en la clasificación de los desórdenes sexuales ) y además ,como afirman, “otros HSH”.
OBSERVACIONES
Para empezar, muchas personas que se supone incluidas en el concepto expresado en HSH no serían, como lo ha señalado también Foreman, “hombres”, si no mas bien adolescentes que tienen relaciones sexuales con otros adolescentes o con personas mayores, peor todavía si incluimos a los prepúberes. Tampoco son hombres, por ser biológicamente mujeres, el poco estudiado grupo de los transexuales mujer-varón.
Luego sorprende con la descripción de las caricias íntimas con su futura esposa el día antes de casarse, cuando él y la novia esperaban en el cuarto de un hotel. MVLl tenía 40 años y era ya un famoso escritor. Su imprudencia sólo se puede explicar por el deseo de impactar al lector, ya que no agrega nada al relato, o acaso un intento de respuesta a la visión inicial que tuvo de la sexualidad: primacía de la fisiología y descuido de la persona.
Encontramos párrafos inusitados, por tratarse de personajes que se amaron realmente: “… mientras bailábamos mis labios se hundían con morosidad en su cuello, mi lengua entraba a su boca y sorbía su saliva, la estrechaba con fuerza para sentir sus pechos, su vientre y sus muslos, y luego, en la mesa, al amparo de las sombras, le acaricié las piernas y los senos” (p.239 ) y “Medio ciego de felicidad y de deseo, acaricié el cuerpo de la tía Julia con manos inexpertas y ávidas, primero sobre la ropa, luego desabotoné su blusa color ladrillo, ya arrugada, estaba besándole los senos, cuando unos nudillos inoportunos estremecieron la puerta” ( p. 363 ).
Como era de esperarse omite la comorbilidad presente en las personas que padecen los desórdenes incluidos en HSH y en cambio presta atención a lo que ya es una rutina : la identificación gay y la publicitada “homofobia internalizada”, aunque ésta es un constructo impreciso y cuestionable. A propósito señalemos que en las culturas mejicana, griega y turca se ha observado que sólo los que asumen el rol “pasivo” son considerados homosexuales y es posible pensar que la conducta con la que el sujeto no se identifica, HSH, no será tenida en cuenta por los grupos en riesgo.
En cuanto a roles durante las relaciones sexuales entre personas con conductas parafílicas o no-parafílicas ha sido posible identificar tres formas :”arriba”, “abajo” y “variable”, pero estas distinciones, pese a su sugerente interés en relación a la transmisión del VIH, no son valoradas por los programas preventivos. Aunque los hallazgos no son aún firmes, los primeros, serían activos y penetradores tanto en sexo anal como oral ; los segundos, pasivos y penetrados ( ¿ más seropositivos ?); y ,los últimos , no tendrían una preferencia y práctica definidas.
Las razones epidemiológicas y sobre todo la doctrina del construccionismo social , como explicación para la aparición de la sigla HSH, habitual en autores no médicos, excluye las diferencias entre los conceptos de identidad, orientación y conducta sexuales . Mas aún, no atiende ni remotamente a la psicopatología , ampliamente documentada, presente en las diferentes formas de desviación sexual, como hicimos notar en un anterior artículo de Gestión Médica a propósito del HIV , la homosexualidad y los programas de prevención.
De tal manera que es posible afirmar que los programas dirigidos al VIH/SIDA no están suficientemente sustentados en la teoría ni en la clínica sexológica y este descuido contribuye sin duda a la expansión de la infección en el mundo. El argumento de la estigmatización de la identidad homosexual ,con sustento más dogmático que científico, sirve muy bien al propósito involuntario sin duda de no atender los desórdenes emocionales presentes en homosexuales , como lo ejemplifica el fallido estudio de Ritchers, en Culture, Health & Sexuality, 2003, Vol. 5, Nº 1.
Un enfoque meramente conductual reflejado en la abreviatura que comentamos no promueve un entendimiento integral de la sexualidad, mas aún encierra riesgos en tanto debilita la identidad sexual definida por la misma minoría sexual, aparta la vista de la dimensión social de la sexualidad y enturbia elementos de la propia conducta , importantes para la salud pública. Por ejemplo, hombres homosexuales y bisexuales se conducen eróticamente de diferente modo y entonces la sigla no los describe adecuadamente.
El máximo reduccionismo según Ayala se ve cuando la prevención del VIH y el condón vienen a ser lo mismo y el sexo anal y el condón resultan significados intercambiables.
En el caso de las mujeres el uso de MSM ( WSW en inglés ) para referirse a mujeres que tienen sexo con mujeres se ha dicho no sería neutral respecto a su condición sexual, si no mas bien una negación de la identidad de un sector, aunque pequeño, de la población , despojándolo de una red social y las relaciones que le brindan soporte. Se pierden información, valores y normas culturales que deberían tenerse en cuenta en los programas. Para acrecentar la eficacia de la prevención y tratamiento del desmesurado problema del VIH/SIDA en nuestro país, el MINSA , la Universidad Peruana, los colegios profesionales y las ONGs especializadas, deberían abordar con seriedad la enrevesada conducta sexual asociada la enfermedad.
Sería aconsejable desde luego alejarse lo más posible , aunque pueda parecer utópico, del tipo de reuniones tendenciosas como la llevada a cabo por la OPS dirigida a la Promoción de la Salud Sexual, en Antigua, Guatemala, Mayo 2000 o la Consulta Técnica sobre Salud Sexual de la OMS, Ginebra, 2002.