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Adiccion Sexual: Un mal de nuestro tiempo PDF Imprimir E-mail
La conducta sexual que ha dado en llamarse “fuera de control”, viene concitando cada vez mayor atención. Aunque en una revisión de las publicaciones médicas especializadas no se hallan muchos estudios sobre el tema. Nos gustaría destacar por eso los de Bancroft y Vukadinovic, 2004, y Bird, 2006 (1) , de los cuales extractamos algunos puntos principales.

I DEFINICION
Bird, afirma que a partir de la década de los 80 ha cobrado fuerza el interés de lo que ahora se conoce como “adicción sexual”, tanto en lo que se refiere a desarrollos teóricos como en la investigación con base empírica.

Últimamente se vienen usando dos términos para referirse a este problema : conducta sexual compulsiva y adicción sexual - que es más popular - aunque ambos carecen de fundamento científico.

Earth y Kinder, 1987, citado por Bancroft, propusieron que el “desorden de control de los impulsos” era un término descriptivo y nada más, aunque de todos modos estaba más cerca de los criterios que usa la clasificación americana de desórdenes mentales ( DSM ). Anteriormente se han usado las denominaciones de ninfomanía, para la mujer; satiriasis, para el hombre; e hipersexualidad, para la adicción sexual de hombres o mujeres.

Pero, pese a la mayor conciencia del problema que existe en nuestros días y la fácil accesibilidad a material sexual en los medios de comunicación, existe la sensación de un insuficiente conocimiento del problema.

II INVESTIGACIONES
Entre los hallazgos de la investigación, según Bird, cabe destacar el hecho que en mujeres el sexo que comienza por internet es llevado a su práctica en la vida real más frecuentemente si lo comparamos con los varones. Otro estudio entre gay y lesbianas, encontró que los primeros tenían puntajes más altos de adicción y obsesiones románticas.

También se sabe que los adictos eran más deprimidos que el grupo control y pareciera haber un vínculo con el desorden de hiperactividad y déficit de atención.
Lo mismo, es posible, que los adictos se comprometan más en actividades sexuales de alto riesgo y tengan menos tiempo en relaciones de pareja estable .
Resulta curiosos que las publicaciones científicas se hallan mostrado más interesadas en precisar la definición de este desorden y menos preocupación en indagar por las causas del mismo.
Además pocos estudios están orientados a determinar el valor de los problemas psiquiátricos asociados a la adicción sexual. Un estudio de Quadland, 1985, en treinta homosexuales varones, encontró diferencias con el grupo control en cuanto a número de parejas y duración de la relación, pero no en desórdenes de la personalidad o del ánimo. A diferencia, Black y cols., 1997, en treintaisiete sujetos adictos, hallaron alta prevalencia de desórdenes psiquiátricos del tipo de abuso de sustancias, ansiedad y problemas del ánimo.

III CLINICA
Se piensa que la popularización del internet ha abierto la puerta para adictos potenciales, dado su fácil acceso y anonimato. Algunos han sugerido que este moderno medio de comunicación facilitaría la adicción en personas que no habían mostrado la disposición y también podría agravarla en aquellos que la practicaban ocasionalmente.

Un punto clave es discernir si esta conducta puede ser concebida en el extremo del rango de la normalidad o si es más bien cualitativamente diferente, de modo que constituye un problema psiquiátrico real.

En la consulta se ha comprobado que la conducta adictiva se mantiene pese a tener conciencia de sus consecuencias negativas y por eso la ocultan frente a sus parejas. Las esposas tienen la sensación de que algo va mal, pero no pueden identificar lo que está pasando hasta que se dedican a observar con cuidado y llegan a descubrir la situación, ya que es muy raro que el adicto cuente lo que le ocurre hasta no ser puesto en evidencia.

IV CAUSAS
Bancroft aborda el problema en la perspectiva de su teoría , conocida con el nombre de “modelo de control dual de la respuesta sexual”. Esta teoría señala que en situaciones amenazantes, cuando el organismo necesita orientar sus esfuerzos en asuntos no sexuales, la inhibición de la respuesta sexual cumple el papel de reducir la posibilidad de distraerse en asuntos no prioritarios. Entonces, el incremento del deseo, en casos de depresión, traduciría un bajo nivel de inhibición sexual por parte del individuo.

Propone un modelo teórico recurriendo a la concepción de la adicción dada por Goodman, 1997. Este consideró dos rasgos básicos en la conducta adictiva : 1) repetidas fallas en controlar la conducta sexual y 2), el mantenimiento de dicha conducta pese a sus efectos adversos.

También Goodman menciona tres componentes principales de la adicción : deterioro de la regulación del afecto; deficiencia en la inhibición de la conducta; y un sistema de recompensa que funciona anómalamente. Todos estos son mecanismos que están detrás de la conducta sexual adictiva.
Las más importantes revisiones de la literatura sobre las explicaciones teóricas de este problema se deben a Goodman, 1997, y Bancroft, 2004. Este último propone un nuevo modelo teórico, buscando probar algunas hipótesis preliminares a través del estudio de un pequeño grupo de autodenominados adictos.
Se asume que la reducción de la ansiedad o la mejoría del estado de ánimo podrían ser factores importantes en muchos casos de adicción sexual. Entonces deberíamos contrastar esta comprobación con la noción aceptada que muchas personas experimentan disminución en el interés y respuesta sexuales en estados de ánimo disminuidos.

Se ha encontrado, por lo menos parcialmente, que la relación entre el estado de ánimo negativo y la sexualidad, es en algunos individuos de carácter paradógico. Es decir se observa, al revés, un incremento del interés sexual en presencia de una disminución del ánimo, como lo han referido varios autores.
En dos estudios de Bancroft y cols. en héterosexuales y homosexuales se encontró una disminución del interés sexual, cuando las personas estaban ansiosas o deprimidas. No obstante algunos pocos experimentaban sorprendentemente un aumento en el deseo sexual, especialmente cuando sufrían de ansiedad.

Las relaciones entre el interés sexual y el ánimo deprimido ha dado lugar a diferentes interpretaciones. Si en esta condición, la depresión, se incrementa el interés sexual, la pregunta sería si esto podría deberse a un factor propiamente sexual o expresar más bien la necesidad de mantener una relación interpersonal o lograr una suerte de reaseguración a través de la otra persona. En cambio, una disminución del ánimo y de la sexualidad puede ser debida a una verdadera disminución del deseo o, en otro caso, a la necesidad de evitar el contacto interpersonal por experimentar baja autoestima. Desde otro ángulo, la ansiedad y el asociado aumento del interés sexual podría servir para aliviar la misma a través del orgasmo o, también, la preocupación propia de la ansiedad excluiría la sexualidad de la mente del paciente.

En el artículo de Bancroft, que mencionamos a pie de página, se encontró una asociación significativa entre estados negativos del ánimo y conductas de descontrol sexual. Más específicamente, la ansiedad se halló vinculada a la masturbación y la depresión a las relaciones sexuales. La posible relación entre la adicción sexual y el desorden obsesivo compulsivo no sería posible en el marco de la DSM, clasificación americana, porque la compulsividad está acompañada típicamente por un ánimo negativo y falta de excitación sexual.

V TRATAMIENTO
Respecto a la terapia se ha propuesto lograr que en la intimidad, la pareja se distribuya el poder más igualitariamente y reducir la ansiedad en las relaciones interpersonales. Así mismo capacitar al individuo en el manejo de la conducta sexual y en su habilidad en la toma de decisiones.
Por lo general la esposa de un adicto trata por su cuenta de solucionar el problema. Pretende estar más atenta a la conducta de su pareja; busca mejorar la actividad sexual; pone más interés en verse atractiva, etc. y recién acude a la consulta cuando se da cuenta que todo lo anterior no ha funcionado. Hay que resaltar que se ha observado que las amenazas de dejar a la pareja no previenen la recaída y pueden incluso ser negativas porque el infractor ocultará la información.

Es bien conocido que este desorden de control de la conducta sexual puede mejorar con fármacos antidepresivos. Lo que no sabemos si esto es el resultado de una mejoría en el ánimo o un efecto sobre la desinhibición sexual o se debe a ambos factores al mismo tiempo.

CONCLUSION
Finalmente, es necesario coincidir con Bancroft , en que los conceptos de adicción e impulsividad pueden tener un valor para la explicación de esta conducta en algunos casos, pero no son suficientes para un uso más general. Bancroft y cols. recomiendan que hasta que no comprendamos mejor las variedades de esta conducta impulsiva, sería mejor usar el término más descriptivo “fuera de control”, para una conducta sexual que, por una variedad de razones, no puede ser regulada.

(1)Bancroft, J. and Vukadinovic, Z. (2004) J Sex Research, 41 : 3, 225.
Bird, M.H. (2006) J Mar Fam Ther, 32 : 3, 297

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