Desórdenes sexuales en la tercera edad PDF Imprimir E-mail
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Es de aceptación general que la información en materia de sexualidad ha tenido un incremento significativo en los últimos treinta años, aunque desde luego, carencias significativas siguen estando presentes. Estos vacíos son sin duda más ostensibles en campos subdesarrollados de la investigación sexológica, como es el caso del funcionamiento sexual en la tercera edad.

En el presente artículo nos proponemos ponderar la información disponible sobre la sexualidad en el adulto mayor, las alteraciones en su funcionamiento y las orientaciones terapéuticas vigentes, a la luz del conocimiento sexológico último.

Cuestiones preliminares

Como paso previo a la descripción de las particularidades de la sexualidad en la vejez, convendría precisar algunos conceptos.

El sexo constituye una condición esencial de la vida del hombre que se cumple en los ámbitos procreativo, social y placentero. La infraestructura psicofísica del sexo está integrada íntimamente con la personalidad y su ejercicio. El sexo está subordinado a las funciones mentales superiores dentro de un marco socio cultural determinado , en forma de leyes , principios morales y éticos, creencias religiosas, costumbres y objetivos sociales. La sexualidad del adulto mayor deberá ser entendida, entonces, con referencia a una determinada concepción del sexo y en la perspectiva de las peculiares condiciones bio-psicosociales de la tercera edad.

En el campo anátomo-fisiológico, la disminución global de la capacidad física y la de los órganos y sistemas, afecta sin duda la respuesta sexual, a lo que se agrega las diferencias por contar o no con pareja estable y la condición de varón o mujer. Adicionalmente, tener en cuenta la disminución de la capacidad sensorial, el retardo en la transmisión nerviosa, la reducción de la suplencia vascular, las características de la pared vaginal o de la musculatura que intervienen en la excitación sexual.

La respuesta sexual, específicamente, adquiere un nuevo perfil: el deseo sexual disminuye - posiblemente en relación con la reducción en la producción de testosterona - la excitación sexual y la erección son más lentas, la eyaculación se retarda, el chorro eyaculatorio tiene menos fuerza y las contracciones musculares durante el orgasmo se reducen.

Los mecanismos fisiológicos que explican la respuesta sexual en la vejez están siendo develados paulatinamente. La erección resulta perturbada por la disminución de la velocidad de conducción nerviosa a nivel de las fibras que trasmiten los impulsos eferentes, el menoscabo natural de la función autonómica y la disminución de las sensaciones de presión ligera y vibratoria. Agreguemos la disminución del flujo arterial, la oclusión de las arterias peneanas y la disminución de la resistencia ofrecida por la túnica albugínea.

Diversos aspectos psicosociales tienen asímismo un rol en la conducta sexual del adulto mayor. Como el sexo ha sido tradicionalmente relacionado con la belleza y salud físicas, el anciano como ser sexuado no es socialmente bienvenido, con mayor notoriedad tal vez en el caso del sexo femenino. Influído por este condicionamiento social el individuo puede inhibirse y reprimir su deseo y actividad sexuales. Contribuyen del mismo modo la jubilación, la pérdida de posiciones de mando y la merma de prestigio personal. La pérdida de la pareja o la presencia de enfermedades que limitan las relaciones sexuales activas, puede llevar a largos períodos de abstinencia.

Factores etiológicos

Tres son los principales factores que permiten compendiar, según diversos autores, las variadas causas que explican las dificultades sexuales en la vejez. Concretamente, las características de la actividad sexual en la juventud, las condiciones psicofísicas en el presente y la posibilidad de contar con pareja. El primero, el patrón sexual previo, es un indicador de la potencialidad sexual natural de la persona y de las vicisitudes de su conformación psicosexual durante el desarrollo. Las condiciones orgánicas y las enfermedades que limitan la actividad , tienen que ver con lo segundo. Los resultados de algunas encuestas informan que los ancianos casados triplican la actividad sexual de los solteros de la misma edad, dando cuenta del tercer factor.

Alrededor de los 50 años, varón y mujer están sujetos a una serie de modificaciones normales a nivel del sistema sexual. El conocimiento e interpretación correcta de estos cambios, evitará dudas y temores sin fundamento, previendo la aparición o agravamiento de problemas menores. El varón aceptará por ejemplo reaccionar más lentamente. Si cuando joven la erección le tomaba pocos segundos, después de los setenta ésta puede demorar minutos. En la mujer el orgasmo puede ser menos intenso al acortarse a la mitad las contracciones musculares que lo acompañan.

No obstante que la condición sexual de la mujer en los cincuenta años ha sido menos estudiada, las repercusiones de la menopausia en la imagen de sí misma, la disminución de los estrógenos y las menores oportunidades frente a una población masculina en descenso, marcan la sexualidad de la mujer en esta época de la vida.

Diversas enfermedades, físicas o psíquicas, repercuten negativamente en el funcionamiento sexual en la tercera edad. Entre las primeras : desórdenes cardiovasculares, ósteoarticulares, neurológicos, endocrinos, secuelas de cirugía pélvica e insuficiencia vascular (de los grandes vasos abdominales o de las arterias del pene). Respecto a las segundas : la depresión y su tratamiento, los variados sindromes orgánico-cerebrales, las reacciones situacionales, entre las principales. Los psicofármacos de todo tipo, particularmente antidepresivos, antiparkinsonianos y antipsicóticos, provocan la mayor incidencia de problemas sexuales. Pero en cambio, los ansiolíticos son los que menos deterioran el funcionamiento sexual, como sí lo hacen otras sustancias, en particular el grupo de hipotensores.

Los problemas en el deseo sexual durante la vejez merecen un comentario aparte. Lo Piccolo cita un número de causas que explicarían la disminución del deseo sexual entre parejas de ancianos. Las enfermedades crónicas, medicamentos de muy diverso tipo, el modo rutinario de llevar a cabo las relaciones sexuales después de 30 o 40 años de matrimonio.

Tratamiento

Para tratar los problemas sexuales presentes en el anciano lo recomendable es un enfoque médico sexológico , que siga además las grandes pautas de la terapia sexual. Varios autores coinciden en seleccionar grandes áreas en el enfoque terapéutico de las disfunciones sexuales en la tercera edad: medicamentosa, quirúrgica y terapia especializada propiamente dicha.

La medicación antihipertensiva tiene efectos colaterales significativos. Los B-bloqueadores están entre aquellos que interfieren más frecuentemente la eyaculación. Lo mismo ocurre con los diuréticos tiazídicos, cuya suspensión permite el retorno de la erección.

Entre los fármacos prescritos en el tratamiento de la impotencia mencionaremos a la bromocriptina, usada en casos de hiperprolactinemia; la yohimbina, en pleno proceso de revaloración; y la papaverina o la prostaglandina E1 en forma de inyección intracavernosa.

Una elección quirúrgica puede ser la prótesis peneana, que ha experimentado un interesante desarrollo, contándose con años de observaciones. El empleo de prótesis se hará en casos específicos, reconociendo que sus repercusiones sobre la conducta sexual, en un sentido más amplio no han sido todavía suficientemente valoradas. Sólo en el caso de la impotencia crónica refractaria al tratamiento o si se comprobara un sustento claramente fisiológico que explique con exclusividad la disfunción, la prótesis sería una prescripción acertada.

En los últimos años es posible recurrir a un dispositivo de vacío por succión o a la revascularización arterial, así como a la corrección quirúrgica de defectos en el sistema venoso peneano cuando constituye factor etiológico. Desde la perspectiva del especialista sexólogo la terapia sexual es la elección en los casos más complejos. Están a disposición las técnicas conductuales y los aportes ya clásicos de Masters y Jhonson, Kaplan y Bancroft.

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