Varón Femenino PDF Imprimir E-mail
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El artículo sobre el “varón heterosexual femenino” (VHF)* del psicólogo Darryl B. Hill, conocido investigador de la identidad sexual, es de lo más interesante.

No sólo por tocar uno de los tantos tópicos que la psiquiatría oficial deja de lado sino porque muestra una distorsión de la percepción de la sexualidad al no tomar en cuenta los aportes de la psiquiatría clínica y biológica.

Desde luego puede concitar nuestra atención por su relación directa con el gran tema de los Trastornos de la Identidad Sexual, en debate en la perspectiva de la DSM-V. Desde luego puede concitar nuestra atención por su relación directa con el gran tema de los Trastornos de la Identidad Sexual, en debate en la perspectiva de la DSM-V.

A continuación vamos a resumir algunas de las especulaciones e investigaciones desarrolladas en torno al VHF que presenta el artículo con base en las ideas sobre sexo y género, principalmente desde la perspectiva de la psicología social, la teoría del guión sexual y los estudios últimos de mujer y varón.

CONCEPTO
Las hipótesis sugieren que estos hombres tendrían dificultad para atraer una pareja y mantener una corta relación sexual pero sí podrían llegar a establecer relaciones estables sólidas.

Este varón trastocaría completamente un guión sexual héteropatriarcal rígido, liberando supuestamenteal hombre a fin de poder explorar su sexualidad apartándose de la dialéctica dominio-sumisión.

Trae a colación la auto proclamación de Hunter, en 1993, como “afeminado” feliz, al ubicarse fuera de la masculinidad y comenta los problemas de ser heterosexual sin seguir el guión tradicional masculino.
Se pregunta ¿quiénes serían estas personas? Los investigadores de los desórdenes de la identidad sexual los han llamado “muchachos femeninos”, “hombres afeminados”, “hombres no tradicionales”, “hombres nuevos”, “niños afeminados” y, popularmente, reciben el apelativo de “metrosexuales”.

Pero el término VHF los describiría mejor de acuerdo a la psicología social y a los estudios de género, estudios en los cuales estos varones alcanzan altos puntajes en la escala de feminidad.

De los varios guiones del repertorio heterosexual la teoría feminista ha escogido el correspondiente al rol de género como base en la formación de los guiones heterosexuales normativos.

Caracteriza la heterosexualidad como la expresión de dominio y poder y los guiones sexuales héteronormativos que precederían al deseo sexual concebido en términos de atracción por la diferencia, con el género como su pilar fundamental y la heterosexualidad simplemente como el poder erotizado.
Desde otras posiciones el guión heterosexual ha sido caracterizado como la valoración del sexo por sí mismo, el sexualizar un amplio conjunto de situaciones, el sexo como una vía para el orgasmo, la incapacidad para relacionar sexo con intimidad física y emocional y el interés en la búsqueda de variedad en las experiencias sexuales.
Así es que los hombres heterosexuales han sido considerados digitados por el “síndrome desconectado de la lujuria” por la cual separan el deseo sexual de la relación interpersonal. Herek, el estudioso de la homofobia, arguye que la masculinidad heterosexual se define por lo que no es: no femenina, no homosexual.

En conclusión, el guión héteronormativo dependería de dos aspectos complementarios: el varón activo y dominante y la mujer pasiva y sumisa. En el estilo héteropatriarcal entonces, la pareja erotiza las diferencias del poder, aunque haya evidencia de que las mujeres pueden usar un amplio rango de estrategias para escapar de la pasividad.

Por otro lado muchos hombres tienen sexo con mujeres que tienen más poder que ellos o erotizan esta diferencia (masoquistas); asumen condiciones femeninas (trasvestistas); aceptan a las mujeres activas (seducción) o se resisten frente al poder mediante la infidelidad.
Claro que los grandes cambios ocurridos en los últimos cuarenta años en los roles sexuales han modificado el guión héteronormativo. Y de allí que los varones desearían guiones sexuales más igualitarios, que sus parejas tomen iniciativas o aún asuman un rol dominante.

PROBLEMAS
Uno de los problemas para un hombre femenino al tratar de establecer una relación heterosexual sería que la mujer, en base al estereotipo, pueda percibirlo como homosexual y no como una pareja en potencia., recordando que las investigaciones de género de los años 80 determinaron que un varón femenino sería considerado homosexual.

Es recién finalizado el siglo XX que la disconformidad genérica se distinguiría de la homosexualidad y la tarea fue descubrir los criterios que las personas usaban para distinguir el género de un individuo.

Así, de un varón percibido con rasgos femeninos (emotivo, delicado, comprensivo, atento) el 40% de las personas pensaba que era homosexual. Lo mismo ocurría con la apariencia física con rasgos femeninos.
Es decir, aún actualmente, un varón “no tradicional” sería visto con una sexualidad “confusa” y menos atractivo y al ser percibido como homosexual no sería pareja potencial para mujeres heterosexuales, aunque pudieran pesar
algunas actitudes anti homosexuales de las mujeres. Otro problema puede ser la atracción que la mujer pueda sentir por el varón afeminado si esta presume que aquel no asumirá el rol dominante en el guión heterosexual.

Los primeros estudios encontraron que estos varones gustaban menos a las mujeres aunque también se encontró que podrían preferir varones andróginos para relaciones platónicas y románticas. Se ha postulado que las personas buscan parejas que complementen su género y por eso el varón es usualmente más masculino que la mujer y los varones femeninos preferirían mujeres más femeninas y ellos mismos podrían ser atractivos para mujeres femeninas o andróginas. Si la mujer pretendiera una relación sexual pasajera preferiría una pareja con un guión sexual más típicamente héteronormativo, pero el VHF sería ideal para relaciones más estables. Pudiera ser necesariamente percibido negativamente por el hecho de ser diferente al infringir, según los autores, los estereotipos del rol genérico.

Especulan sin embargo que con el cambio de los tiempos una investigación llevada a cabo en estudiantes de pre grado en Estados Unidos y Suecia encontró que varones de apariencia femenina y andrógina eran sexualmente más atractivos.

La debilidad de todos estos estudios radicaría en que se examinan sólo algunos rasgos femeninos, no perfiles más completos de los varones, por ejemplo, ingresos económicos y ocupación, lo que podría dar resultados diferentes.

Se pregunta ¿qué despertaría el deseo entre una mujer y un VHF? Sino se advierte una actitud dominante, ocasión en que la mujer vería a la pareja como alguien que no puede responder a sus necesidades sexuales. Así mismo ¿qué hay de la posibilidad de que los VHF presenten más disfunciones sexuales?. La masculinidad ha sido relacionada positivamente con la autoestima y si ésta es baja como parece ser en este tipo de varones, estos podrían presentar más problemas.
Como compensación, la calidad de la relación podría ser mejor al valorarse ciertas características femeninas (consideración, delicadeza, simpatía) más que las masculinas (independencia, lógica, asertividad).

Se interroga también si sería razonable comprender este tipo de varón como una suerte de heterosexualidad “queer” (se les ha denominado “straight queers”) por retar las bases de la categoría masculina.

Se menciona a este propósito la subversión de la heteronormatividad por parte de algunas mujeres y las posibilidades del compromiso con una relación en la que la no agresividad se adscribiera al acto heterosexual y la proliferación de nuevas y retadoras sexualidades (poliamorosas). Sin embargo esta posible nueva conducta desestabilizaría sólo una dimensión de la heteronormatividad al revertir el estereotipo heterosexual sin tocar el guión fundamental: la erotización de la diferencia.

CONCLUSION
Concluye el autor que el VHF enfrenta resistencias por quienes suscriben el guión sexual tradicional, en razón a que el sexo está fuertemente vinculado al género y sus variaciones percibidas negativamente.
En el pasado se ha afirmado que estos hombres serían menos deseables para citas amorosas, situación que podría estar cambiando al compás de las nuevas percepciones de los varones por parte de las mujeres.

El autor especula diciendo que si los problemas de erotización de las diferencias de género y poder son superados, estas personas podrían establecer, desde la feminidad, excelentes relaciones de pareja, por sus mejores estrategias para resolver conflictos y la calidad misma de la relación.

Journal of Men’s Studies, 14, 2, 2006

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