Erotismo Vargasllosiano PDF Imprimir E-mail
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Como hemos señalado en otra parte Mario Vargas LLosa profesa varias ideas sueltas sobre múltiples asuntos de la conducta sexual, insumos básicos que se pueden rastrear a través de su producción no literaria : erotismo, impulso y acto sexual; pornografía, sexo y civilización; diversidad sexual y condón; disfunción sexual y machismo. En esta nota examinamos la visión que del erotismo ha presentado el escritor en estos últimos años y lo hacemos antes de conocer su texto "La desaparición del erotismo", que formará parte de su próximo ensayo, "La civilización del espectáculo".

EROTISMO

La reflexión sobre el erotismo se confunde usualmente con la del amor, basta revisar el discurso de Platón, Stendhal, Rougemont, Paz y Ortega y Gasset, como lo ha hecho bien Luna Escudero-Alie, 2003. En todo caso Vargas Llosa asume la tesis sobre el erotismo de Georges Bataille como una experiencia de violación, tal como puede leerse en su artículo, “El sexo frío”, Caretas, 1998:

“Para que esta sublimación [del sexo al erotismo] ocurra, es imprescindible, como lo explicó George Bataille, que se preserve ciertos tabúes y reglas que encausen y frenen el sexo, de modo que el amor físico pueda ser vivido - gozado- como una trasgresión”. Es decir, propone un erotismo en cierto modo restringido a quienes participan de la cultura y las complejidades del mundo desarrollado.
 
  En esto es acompañado por Yushimoto, 2003, que coincide con MVLl en su versión de un erotismo ausente en los pueblos primitivos, escribiendo: “El erotismo sólo es patrimonio de civilizaciones con un alto grado de desarrollo. En sus estructuras, más bien tolerantes y conciliadoras, en comparación con otras - anquilosadas en la barbarie y el totalitarismo - es el erotismo el que se enraíza firmemente y se asienta con libertad, enriqueciendo la vida de los ciudadanos con su fantasía y sus rituales. Sin embargo, los riesgos de esta convivencia son altos, como lo demuestran los relatos de Suetonio o las ficciones de Sade”.  
 
También Yushimoto conviene con la identificación del erotismo y la trasgresión de las reglas de la expresión sexual: “‘Elogio de la Madrastra’, última novela de Vargas Llosa en la década de los ochentas, parte de la siguiente convicción intelectual: que las transgresiones, exploradas principalmente por escritores ‘malditos’ como Georges Bataille, Pierre Klossowski o el Marqués de Sade, no pueden ser ignoradas del todo por los individuos de una ‘sociedad abierta’ “.
 
Está claro que Yushimoto no ha escuchado hablar de autores como Sandnabba, 1999, Wilsom, 2005 o Lindemann, 2011, que exploran desde la sociología el complejo mundo del sadomasoquismo.
 
Cita a MVLL que habría dicho: “el placer absoluto no es posible sin la trasgresión de ciertas normas que todo individuo que busca la realización de sus deseos enfrenta tarde o temprano”.
 
  Reparemos sin embargo en que la trasgresión como prerrequisito puede o no ser posible, incluso podría pensarse que ha existido siempre en la conducta de los ancestros del hombre actual, dadas las múltiples motivaciones del deseo y el placer sexual mismo. El erotismo enriquecido por el lenguaje de la novela, la reflexión filosófica y las múltiples vicisitudes de la vida a través de la historia no contradice la idea central que lo define, es decir su pertenencia al ser humano en tanto tal. Entonces el erotismo es consustancial con el ser del hombre sin requerir ningún refinamiento adicional.  
 
Respecto a la violación de preceptos, podemos legítimamente preguntar, ¿ Los que se aman y hacen donación de sí mismos – característica central del amor – son también trasgresores al estilo de Batalle ? ¿No dejan de lado la vigilancia de sus fueros por la confianza total en el otro?
 
IMPULSO Y ACTO SEXUAL
Para empezar diremos que el escritor confunde impulso sexual con erotismo. Afirma en” testimonios recogidos por Javier Rodríguez Marcos”, 2001, que el erotismo es una “exaltación muy desembozada de la pulsión sexual, de la fantasía erótica, de los fantasmas, del derecho al placer”. Digamos que la pulsión sexual exaltada y desembozada no puede confundirse con el erotismo, pues sigue siendo nada más que un impulso, aunque de mayor intensidad. La “fantasía” y los “fantasmas”, que no explica, que según el autor conformaría el erotismo, no son esenciales para acreditar una experiencia erótica.
 
  Más sorprendente es su mención al novísimo “derecho al placer”.Aunque MVLL tampoco esclarece de qué trata ese derecho, lo que sí es seguro es que en este punto coincide con los despropósitos de la “Asociación Mundial de Sexología” y su lista de derechos sexuales.  
 
Tampoco, como afirma el literato, el erotismo sería “un enriquecimiento del acto sexual”, porque en tanto que el acto sexual es conducta derivada de la “pulsión”, ya está necesariamente investido de erotismo. Es decir que el “acto “en sí mismo implica en el ser humano la aparición de las vivencias eróticas. La pulsión sexual, es cierto, puede ser tenida en un sentido abstracto como un fenómeno primariamente fisiológico más simple y la materia prima necesaria para el placer sexual. Pero desde antes de la misma, por la imaginación o la percepción de la sensorialidad, sin desplegarse aún la acción, estará presente el erotismo en la experiencia psicológica.
MVLL cree que puede haber una diferencia en la naturaleza entre impulso sexual y erotismo, aunque es desde luego difícil concebirlos separadamente en el ser humano. Así es como, al comentar una novela de Moravia, en “La verdad de las mentiras”, 2002, dice: “Entre los escritores modernos pocos están tan embebidos de sexo y de erotismo (ambas cosas pueden ser la misma o pueden ser muy diferentes) como el autor de ‘La romana’ (p. 230)”.
 
  En descargo del escritor, agreguemos que en los últimos años existe un gran debate a propósito de la sexualidad de la mujer acerca de los fenómenos del impulso, la excitación y el deseo sexuales, su momento, secuencia e identidad.  
 
Podría decirse que el mismo error aparece en “La Orgía Perpetua”, 1978, cuando asume que Emma, la protagonista de la novela de Flaubert, no habría experimentado placer : “Emma quiere gozar, no se resigna a reprimir en sí esa profunda exigencia sensual que Charles no puede satisfacer porque ni sabe que existe, y quiere, además, rodear su vida de elementos superfluos y gratos, la elegancia, el refinamiento, materializar en objetos el apetito de belleza que han hecho brotar en ella su imaginación, su sensibilidad y sus lecturas ( pg. 18)”.
Pero cualquiera que lea la novela comprueba que no hay referencia alguna, ni a favor ni en contra, al placer sensual en la experiencia íntima del matrimonio de Emma y Charles [el esposo], como tampoco hay despliegue de detalles de la sensorialidad que habría compartido Emma con sus dos amantes. Emma realmente fue impulsada al adulterio no por carencia de goces físicos sino por la búsqueda de un amor en que aventura y fantasía la colmaran. ¿De donde deduce el escritor que Charles no “sabe que existe” la sensorialidad sexual?
 
CEREMONIA
Vargas Llosa insiste en “Sin erotismo no hay gran literatura, Babellia, 2001”, que para que la relación sexual califique como erótica ésta, “se convierte en un juego, en un teatro, en una ceremonia, en unos ritos ... El amor se practica entonces como un espectáculo rodeado de formas“. Podría aceptarse la idea del escritor si se refiriera al sexo como es tratado en la literatura.
 
  Pero en el caso del ejercicio más extendido de la sexualidad ¿ qué quiere decir con teatralidad y espectáculo rodeado de formas ? Realmente los modos de vivir el erotismo pueden ir desde la mayor simplicidad a la máxima complejidad sin abandonar su naturaleza.  
 
El escritor pareciera entender el erotismo como aquel que se ofrece usualmente en la pantalla del cine, primando la coreografía, el “espectáculo”, en el que desaparece la intimidad y por eso el placer se presenta usualmente pre o extra matrimonial. Para decirlo de una vez, el erotismo no está sujeto a la apariencia, es propio de la humanidad del deseo, una experiencia subjetiva, pero en tanto reciprocidad en la entrega, comunicación y valoración mutua de los seres, se aproxima al florecimiento del amor.
Piensa MVLL, detenido en las fantasías y los fantasmas, que el sexo (suponemos se refiere al impulso sexual) y el erotismo pueden darse separados. Sin embargo basta con que un componente extra a la fisiología sexual esté presente, para que no haya duda de que el sexo alcanza la acreditación erótica.
 
LITERATURA
Sobre esta cuestión existen comentarios más que interesantes por Gruss, 2002; Cadena, 2005; y Montoya, 2005, y varios más. En “La Verdad de las Mentiras”, 2002, el escritor afirma que la literatura creó el erotismo: “De una manera subrepticia, las palabras reverberan en todos los actos de la vida, aun en aquellos que parecen muy alejados del lenguaje. Este, a medida que, gracias a la literatura, evolucionó hasta niveles elevados de refinamiento y matización, elevó las posibilidades del goce humano, y, en lo relativo al amor, sublimó los deseos y dio categoría de creación artística al acto sexual. Sin la literatura, no existiría el erotismo”, y afirma luego: “En un mundo aliterario, el amor y el goce serían indiferenciables de los que sacian a los animales, no irían más allá de la cruda satisfacción de los instintos elementales: copular y tragar “(p.390).
 
Repite la misma idea en el artículo “La literatura y la vida”, del libro “Mario Vargas Llosa. Escritor, ensayista, ciudadano y político”, 2001, agregando: “El amor y el placer serían más pobres, carecerían de delicadeza y exquisitez, de la intensidad que alcanzan educados y azuzados por la sensibilidad y las fantasías literarias. No es exagerado decir que una pareja que ha leído a Garcilaso, a Petrarca, a Góngora y a Baudelaire ama y goza mejor que, otra, de analfabetos semi idiotizados por los culebrones de la televisión” ( p. 34 ).
 
  Resulta llamativa la afirmación de que la literatura sería el origen de una experiencia tan implícita en la condición humana. En verdad no se sabe si piensa que el erotismo es producto de la literatura o si lo que está diciendo es que ésta sondea, sin exclusividad por cierto, en sus sutilezas más allá del dato meramente fisiológico o científico.  
 
En otra afirmación se confirma que MVLL no distingue lo nuclear del erotismo: si este no es el alambicado que él prefiere, sencillamente no es. En la crítica a la novela “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, en “La verdad de las mentiras”, se encuentra que “En el planeta Ford el sexo está demasiado higienizado, exento de todo riesgo, misterio y violencia como para que la gimnasia copulatoria que practican sus habitantes coincida con lo que entendemos por erotismo, es decir, el amor físico enriquecido y sutilizado por la fantasía humana” (p. 125).
 
Pero, en una entrevista concedida a Concha García Campoy, 1997, sobre su novela “Los cuadernos de don Rigoberto “, atempera su repetida tesis sobre el erotismo y señala el papel central de la “imaginación”: “MVLL: Exactamente. El erotismo es perfectamente definible, es un enriquecimiento del amor físico con ayuda de la imaginación, ésa podría ser una de las definiciones del erotismo”. Explica luego que la distorsión de la sexualidad de don Rigoberto es debida a la imaginación, no a la perturbación del protagonista de la novela: “: ...lo que catapulta su imaginación y lo que alimenta sus deseos”. En seguida hace suyas las ideas de don Rigoberto: “El tiene una teoría: que el amor se enriquece con los tabúes y las prohibiciones. Es una teoría que yo comparto en buena parte, ...”, aquí sigue la línea de Bataille.
 
PORNOGRAFÍA
La diferencia que establece entre erotismo y pornografía, resulta convincente, cuando se trata de la creación literaria, al afirmar que para ser calificado de literatura el sexo en la ficción debería alcanzar un “determinado coeficiente estético”. Aunque debemos advertir que este concepto no nos dice qué es el erotismo sino cómo tiene que aparecer para calificar en la obra literaria.
 
Vargas Llosa recuerda, en la entrevista con García Campoy, que en el mundo actual hay una “permisividad tal que todo es aceptable y aceptado”, y declara que el sexo se ha banalizado y estereotipado, el “erotismo se ha vuelto previsible, convencional, mecánico, es decir, que se haya degradado en pornografía”, lamentándose de que este fenómeno afecte la creación literaria.
 
  Pero un observador tan fino de la sociedad como es el escritor peruano, no dedica media palabra a las consecuencias del fenómeno del liberacionismo sexual que reseña , nos referimos a la confusión creada entre normalidad y desviación, salud y morbilidad, con los serios efectos sanitarios para la población que todos conocemos.  
 
La epidemia del VIH/SIDA no ha cambiado el discurso hedonista que viene de los años 60, el cual a lo sumo ha quedado estancado en el pregón del sexo seguro, como lo observa Connell y Hunt, 2006.Tampoco encuentra MVLL que la banalización del sexo no sólo se refleja sin duda en el erotismo, sino en algo más importante: las relaciones interpersonales mediadas por la sexualidad. El erotismo adquiere nuevo perfil con la riqueza que aporta la pareja a la unión física en tanto que seres humanos y cuya condición inexplicablemente el novelista deja de lado.
 
Apuntemos, a propósito, que la literatura puede crear desde luego situaciones excitantes para el lector, esos “fogonazos eróticos” que MVLL, en “Sin erotismo no hay gran literatura”, rememora de la lectura de la novela de Balzac, “Esplendor y miseria de las cortesanas”:
“ ...hay un viaje en diligencia con dos personajes, una pasajera y un joven que viaja frente a ella. Las irregularidades del terreno precipitan a unos pasajeros contra otros, y el joven siente de repente el roce de las rodillas de la pasajera. Es una descripción maravillosa. De esa novela no se me olvidará nunca el roce en esa clandestinidad nerviosa. Esos fogonazos eróticos dentro de una historia tienen para mí una importancia capital”.
 
  Pero no dice que la conmoción que proviene desde la ficción es un epifenómeno, un subproducto, un préstamo que otorga el erotismo vivido desde la experiencia íntima, cuya plenitud se alcanza en el amor, pasando antes por la atracción obsesiva de los enamorados y el mandato biológico del deseo sexual.  
 
Pero lo que llama la atención es que el afamado escritor no aborde el análisis de la pornografía como se viene haciendo desde hace ya unos años, para él parecen no existir Feona Attwood, “No Money Shot? Commerce, Pornography and New Sex Taste Cultures, 2007; ni a Steve Garlick, “A Nex Sexual Revolution ? Critical Theory, Pornography and the Internet, 2011; tampoco a Simon Hardy, “The Pornography of Reality”, 2012. Muy extraño.
 
CIVILIZACION
Más curiosa su idea, expuesta a Jimena Villegas, 1997, con ocasión del lanzamiento de “Los cuadernos de don Rigoberto”., por la que niega la existencia del erotismo en los que llama “pueblos primitivos “. A la pregunta :
“- De la lectura de su novela se desprende que, para usted, el erotismo es un elemento fundamental en la vida”, responde,
“ El erotismo es una manifestación de civilización; no existe en pueblos primitivos. Cuando una sociedad se va distanciando de su origen primitivo - en que la relación amorosa se diferencia muy poco de la cópula animal - y se va refinando y con ello rodeando de ritos, es que puede desarrollarse el erotismo”. Acudiendo a sus propios términos , adelantamos que si la “relación amorosa se diferencia muy poco de la cópula animal”, ese “muy poco” no puede ser sino algo que se superpone al instinto, es decir el erotismo.
 
  El placer sexual, el erotismo, seguro que tiene matices, complejidades e intensidades diferentes, pero la persona en tanto ser humano, por antropología elemental, no puede estar ajena a una experiencia común para la especie. Sobre el rol de la fantasía en la sexualidad pese a lo importante que es se ha escrito poco. Pero resulta evidente que como miembros de una especie, los seres humanos, no importando el grado de “civilización” que hayamos alcanzado, tenemos la implícita capacidad para vivir el erotismo.  
 
Es reconocido que el hombre, a diferencia de otras especies, durante la respuesta sexual, pone en marcha un conjunto de procesos mentales del más alto nivel, como imágenes y fantasías sexuales, puntualizados por Sierra, Ortega y Zubeidat. Concepto que no podría sino ser confirmado, en este caso por uno de los más reconocidos antropólogos del mundo, Herdt, quien declara que reducir el erotismo a la civilización sería igual a decir que el arte estaría limitado sólo a occidente o a la civilización occidental, siendo negado para el pueblo salvaje o iletrado. Concluye Herdt diciendo que el ser humano conoce todo aquello que está en la potencialidad de la mente y espíritu humanos, incluido por supuesto el erotismo.
 
  En “Sin erotismo no hay gran literatura”, el peruano reafirma sus ideas: “El erotismo no es de sociedades primitivas. Requiere una evolución en las formas y una adquisición de grandes espacios de libertad para el individuo. Sólo en ese contexto la relación sexual se convierte en un juego, en un teatro, en una ceremonia, en unos ritos, y adquiere una connotación artística. El amor se practica entonces como un espectáculo rodeado de formas”. Agrega posteriormente:” que el enriquecimiento proviene de la cultura, gracias a la forma estética”. ¿A qué cultura? No se sabe, aunque podría referirse a la occidental y a las grandes culturas, pues MVLl afirma que el erotismo “no se da en sociedades primitivas”.  
 
Por otra parte, el trabajo de importantes arqueólogos que han revisado la sexualidad en la prehistoria en artículos publicados en “Archaelogies of Sexuality”, nos ha dejado muy valiosas enseñanzas, de las cuales sólo citaremos una, aplicada al caso que discutimos : que resulta peligroso utilizar categorías sexológicas del presente y aplicarlas sin más a los habitantes del paleolítico, como por ejemplo el criterio del poder como explicación de la relación entre los sexos, propio de la sociedad occidental de nuestro tiempo.
 
Pero aunque no sabemos a qué se refiere realmente Vargas Llosa con el término “sociedades primitivas”, podría ilustrarnos sobre la vivencia erótica el debate en torno a los ensayos de Herdt sobre la tribu Sambia de Papua de Nueva Guinea. El antropólogo había afirmado que el rito de la felación tendría para los púberes un significado homoerótico, establecido por la cultura. Pero Giles sostiene que el acto buco-genital estaría más bien atravesado por la fantasía (es decir por el erotismo heterosexual) del que la felación no es en la imaginación del púber un acto con un joven mayor si no con una mujer, dando buenas razones para esta interpretación.
 
Finalmente, en su comentario a la novela de Yasunari Kawabata, “La casa de las bellas durmientes”, de su libro “La verdad de las mentiras”, 2002, compara los delitos pasionales entre los pueblos primitivos y los civilizados:
“Curiosamente, estos progresos de la ‘civilización’ en materia sexual reintroducen en la vida en sociedad una fuente de desquiciamiento y de violencia de los que suelen estar exonerados los pueblos primitivos: entre éstos no se dan, casi, los ‘crímenes de amor’, los que sí florecen, en cambio, en las sociedades donde impera la libertad y donde retroceden los prejuicios y las servidumbres y donde la ciencia ha comenzado a derrotar la enfermedad y la ignorancia” (ps. 336-337). La afirmación sobre los delitos propios de la pasión sexual en los pueblos primitivos es más bien una especulación no sustentada en estudios, aunque podemos tener en cuenta que las infracciones pueden cobrar formas diferentes según las sociedades de que se trate.
 
DIVERSIDAD SEXUAL
Adelantemos que algunos grupos pretenden no distinguir entre normalidad y anormalidad sexuales y lo que llaman “diversidad” sexual, no es lo mismo que el concepto aceptado por la comunidad científica. Para los primeros, “diversidad” significa que la conducta sexual depende exclusivamente de influencias sociales y culturales y que la identidad sexual puede cambiar a voluntad. O sea que hoy día soy heterosexual, mañana homosexual, pasado transgénero, etc. y ésta parece ser la posición del escritor peruano.
 
  La conducta sexual, normal dentro del rango estadístico, a MVLL le llama la atención como algo extraordinario. En un artículo, “El pintor en el burdel”, Caretas, 2001, menciona como si fuera algo excepcional, la atracción que tuvo Picasso por el tema sexual, pareciendo ignorar que es una experiencia común en muchos hombres. Comenta al respecto: “... , obsesionó de manera fecunda al pintor y, sobre todo en ciertas épocas extremas - la juventud y la vejez-, lo indujo a experimentar y expresarse en este dominio con notable desenfado y audacia, en dibujos, apuntes, objetos, grabados y telas que, aparte de su desigual valor artístico, ...”  
 
Arte y sexualidad comparten un territorio común, el de la sensibilidad, por decirlo con un solo término, y así lo comentó Picasso; pero MVLL sugiere que esta abstracción es aplicable a unos artistas pero no a otros, y así dice en el artículo mencionado: " ‘El arte y la sexualidad son la misma cosa’, le dijo Picasso a Jean Leymarie,... Aunque tal vez semejantes afirmaciones no sean válidas para todos los artistas, no hay duda que en su caso sí lo son”.
 
MVLl concibe el erotismo no como una experiencia afincada en la infraestructura neuro hormonal y la imaginación, común a cualquier persona, no importa su grado de civilización, y por eso sustenta la idea de que el erotismo es dependiente al máximo de la cultura : “El sexo que Picasso desvela en la mayor parte de estas obras, sobre todo el de los años juveniles pasados en Barcelona, es el elemental, no el sublimado por rituales y barrocas ceremonias de una cultura que disfraza, civiliza y convierte en obra de arte el instinto animal, sino el que busca la inmediata satisfacción del deseo, sin demora, sin subterfugios, sin remilgos ni distracciones. Un sexo de hambrientos y ortodoxos, no de soñadores ni exquisitos”.
 
Lo que ocurre es que para propósitos de representación se puede mostrar legítimamente independizada una parte de la experiencia sexual, pero en la realidad no es posible desvincular el acto sexual del erotismo. Entonces el que llama “elemental” es el que es representado directamente, sin sesgo, pero no por eso desprovisto de erotismo, que como cualquier experiencia varía en intensidad, riqueza y variabilidad. El sexo que llama “de hambrientos” puede estar perfectamente provisto de placer psicológico. El equívoco radica en que el escritor desagrega e independiza algo que está totalmente interconectado. En este sentido sí podemos entender la diversidad, variadas complejidades en el marco de un modelo de sexualidad normal, pero no en el de equiparar, ejemplo, la orientación héterosexual con la zoofilia.
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Como hemos venido comentando, en pleno siglo XXI, la controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer está en plena discusión. Sin duda la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010, la ha puesto en el tapete.
 
En su perspectiva, lo qué se entiende por el deseo sexual y cuales pueden ser sus problemas da lugar a diferentes interpretaciones e incluso contradicciones. La confusión se pueden notar cuando comparamos el fenómeno deseo en el hombre y la mujer. Así, resulta sorprendente si tratamos de comprender qué entendemos cuando decimos que una mujer tiene bajo deseo sexual o un hombre experimenta más bien un alto deseo.
 

Excitación ¿cuál es el problema?

 

Tal como hemos venido diciendo en varias notas previas, avanzando el siglo XXI se hace cada vez más fuerte la controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer. Un buen ejemplo lo constituyen los estudios tanto de los fenómenos del deseo cuanto del “arousal sexual”, puntos que ha revisado con finura la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010.
En este artículo continuamos el análisis de algunas de sus reflexiones, esta vez en relación con la percepción diferenciada de la excitación en varones y mujeres.

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